LA ESTANCIA JESUÍTICA SANTA CATALINA (1622)

La Estancia Jesuítica Santa Catalina es un conjunto edilicio integrado por la iglesia, los claustros, las galerías, los patios, los talleres, el tajamar, las huertas y los ranchos de sus primitivos pobladores que constituye una de las más valiosas obras de la arquitectura colonial conservadas en Argentina. Aún hoy pueden verse el pequeño Cementerio que se hallaba junto a la Iglesia, la casa principal con t4res patios, algunas dependencias de la maestranza, la ranchería y restos del sistema hidráulico que se empleaba para surtirse agua y de los hornos para fabricar ladrillos.

Santa Catalina. Su arquitectura tiene influencias del Barroco centroeuropeo y la nave con planta de cruz latina posee una gran cúpula. (Grupo Edisur)

Su edificio central es una monumental Iglesia (imagen), donde se destaca una imponente fachada de dos torres y el remate curvilíneo de su cuerpo central, una potente estructura ligeramente ondulada de columnas y frontones curvos, cuya construcción muestra una clara influencia del barroco centroeuropeo, en auge en aquella época en la Colonia.

Es la Estancia más grande de la Orden Jesuítica y las tierras donde fue erigida estaban en “Calabalumba la vieja”, en cercanías de Jesús María, en la actual provincia de Córdoba. En 1584 le fueron otorgadas en merced a MIGUEL DE ARDILES, el segundo de JERÓNIMO LUIS DE CABRERA cuando éste fundara dicha provincia el 6 de julio de 1573. Pasado un tiempo, en 1622, cuando la propiedad sólo eran unos pocos y ruinosos ranchos y algunas cabezas de ganado, LUIS FRESSON, su último propietario se la vendió a la Compañía de Jesús y rápidamente se inició la construcción de las obras para adaptarla a su nuevo destino.

No se conocen fechas ciertas sobre la construcción de la iglesia y de las diversas instalaciones que conformaron esta Estancia, aunque se presume que tales tareas demandaron la participación de numerosos alarifes y quizás 100 años de grandes esfuerzos y trabajos, por la fecha que figura grabada en una piedra empotrada en la entrada de la casa principal (1726)

En 1767 cuando fueron expulsados de América los jesuitas, la Estancia era un establecimiento floreciente y en plena producción. Se la entregaron a la Junta de Temporalidades  (1) para que siguiera administrándola y en octubre de 1774 fue vendida a FRANNCISCO ANTONIO DÍAZ, funcionario del Cabildo de Córdoba, cuyos descendientes aún conservan la propiedad, manteniéndola tal como era en el siglo XVIII. En 1941 la estancia fue declarada Monumento Histórico Nacional.

(1). Para la administración de los bienes jesuitas se formaron organismos administrativos que recibieron el nombre de “Junta de Temporalidades”. Cada Ciudad tenía la suya y formaban parte de ella las autoridades de la misma.

 

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