LA ESPECULACION QUE TRAJO EL DESASTRE DE 1890

La descontrolada emisión de Cédulas y una exorbitante especulación  con bienes inmuebles, tierras y propiedades urbanas que tuvieron lugar entre 1886 y 1890 fueron, sino el principal, uno de los más poderosos detonantes de la debacle que llegó al país en 1890 y que causó la caída del Presidente MIGUEL JUÁREZ CELMAN (ver Pánico de 1890).

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Las Cédulas eran papeles emitidos por el Banco Hipotecario de la Provincia de Buenos Aires y el Banco Hipotecario Nacional, que redituaban interés fijo pagadero en pesos papel y que se colocaban en el mercado interno y el exterior. Se emitieron también Cédulas pagaderas en oro, pero representaban sólo una pequeña parte del total.

Los Bancos estaban autorizados para prestar dinero a través de estas Cédulas, hasta la mitad del valor de la tierra ofrecida como fianza. La cédula representaba una promesa del Banco de pagar los intereses y el capital establecidos en el papel, de manera que el Banco era el deudor general de los poseedores de cédulas y, a su vez, acreedor de las personas que daban en prenda su propiedad. El prestatario tenía obligación de pagar al Banco el capital y los intereses establecidos, ya en dinero nacional, ya en cédulas. Las cédulas podían asegurarse con cualquier tipo de bienes raíces y se podían obtener préstamos sobre propiedades de la ciudad o sobre campos.

Es fácil ver entonces, hasta qué punto este tipo de título se prestaba al abuso, incitaba a la especulación y promovía la inflación. Una vez que estuvo en circulación un gran número de Cédulas, las ventajas de un papel sujeto a la inflación fueron muy grandes para las clases destinatarias de los préstamos que en la Argentina estaban representadas por los intereses rurales, los que eran todopoderosos en los círculos políticos. Los préstamos permitieron a sus beneficiarlos adquirir más tierras para ofrecer como fianza de más deudas. Las nuevas adquisiciones de tierras hicieron subir los precios de éstas y a medida que el valor de las tierras aumentaba, incrementaba automáticamente la capacidad de los propietarios para adquirir nuevas deudas.

Probablemente nunca se inventó un instrumento de especulación más eficaz que estas Cédulas. Al acercarse el vencimiento de los préstamos, los beneficiarios tenían las más poderosas razones para hacer bajar el precio de las Cédulas, a fin de poder adquirirlas a bajo precio y satisfacer con ellas los pagos al Banco. Estas Cédulas también fluyeron al exterior. Sin embargo, antes de 1875 no aparecieron en el mercado Inglés. Es muy probable que nunca sea posible calcular con exactitud la cantidad de dinero Invertido por el público británico en esos bonos; pero existen muchas pruebas para suponer que en 1890 se invirtió más dinero en Cédulas que en servicios urbanos o públicos o en empresas industriales o bancarias.

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