EL TAMBOR DE TACUARÍ (09/03/1811)

Después de dejar fundados a fines de noviembre de 1810, como centros urbanos en la provincia de Corrientes a las localidades de Curuzú Cuatiá y Mandisoví, el general MANUEL BELGRANO llegó allí al mando de un reducido ejército que debía marchar hasta la gobernación intendencia del Paraguay para afirmar la autoridad de la Junta de Gobierno formada el 25 de Mayo en Buenos Aires.

Es tradición oral, recogida por FRANCISCO ATENODORO BENÍTEZ, que al arribar a Yaguareté-Corá, el general Belgrano, acompañado por algunos de sus oficiales, se dirigió al oratorio allí existente, donde rezó de rodillas ante la imagen de San Francisco de Asís, patrono del poblado. Al salir de la capilla para visitar la escuela local de primeras letras, según relata Benítez, fue rodeado por varios paisanos que le solicitaron incorporarse al ejército, estando entre ellos PEDRO RÍOS, un niño de doce años, que le pidió insistentemente ingresar en las filas para ponerse al servicio de la Revolución.

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PEDRO RÍOS había nacido en 1798, en Yaguareté-Corá, una pequeña población de la provincia de Corrientes, que transcurrido el tiempo recibiría su nombre actual de Concepción. BELGRANO dudó en un principio si debía aceptar la solicitud del niño, por no considerar prudente someterlo a los azares de la lucha, pero su padre, don ANTONIO RÍOS, antiguo maestro rural, le manifestó: “No sólo doy mi consentimiento, sino que también le ruego que lo acepte porque yo, con mis 65 años, ya soy un hombre anciano y la entrega de mi hijo es la única ofrenda que puedo hacer a la Patria”. Por su parte, el comandante CELESTINO VIDAL, un cegatón que veía a poca distancia y sentía gravada su dolencia por los fuertes soles de noviembre, le pidió al general que aceptara al niño para que le sirviese de guía.

Así quedó incorporado PEDRO RÍOS al ejército de BELGRANO. Llegada al Paraguay esta fuerza, debió enfrentar la resistencia ofrecida por el gobernador BERNARDO DE VELAZCO, lo que llevó a Pedro a estar en el medio de cruentos combates y marchó luego hacia  Paraguarí. VIDAL, que había recuperado ya su vista, marchaba al frente de una columna y el lazarillo que lo acompañaba, cuando al titular, se le permitió ocupar plaza de soldado, se convirtió, a impulso del entusiasmo que agitaba a las tropas en esos momentos, en heraldo de la avanzada, batiendo el parche de su tambor

Y fue el poeta RAFAEL OBLIGADO, quien con sus estrofas: “ Bate el parche un pequeñuelo/ que da saltos de arlequín/, que se ríe a carcajadas/ si revienta algún fusil/ porque es niño como todos/ el Tambor de Tacuarí.”, le abre  las puertas de la leyenda a aquel muchachito de doce años, convertido hoy en símbolo del heroísmo infantil.

El 9 de marzo de 1811 se produjo la dura jornada conocida como el “Combate de Tacuarí”, en el que BELGRANO, con apenas 250 hombres, debió enfrentar a 2000 españoles. Durante la lucha, que se prolongó por siete horas, el niño-soldado se destacó por su arrojo, alentando a la menguada tropa, haciendo redoblar con los palillos el parche de su tambor, pero a poco de iniciado el combate, dos balas de fusil, perforaron su pecho y recién entonces, calló su tambor, cayendo muerto sobre el campo de combate.

Y es nuevamente RAFAEL OBLIGADO quien lo incorpora definitivamente a la Galería de nuestros Muertos por la Patria: “Es horrible aquel encuentro,/ cien luchando contra mil,/ un pujante remolino/ de humo y llamas truena allí,/ ya no ríe el pequeñuelo,/ suelta un temo varonil,/ echa su alma sobre el parche/ y en redobles lo hace hervir,/ que es muñeca la muñeca/ del Tambor de Tacuarí”. Más tarde, unas escuetas líneas de BARTOLOM{E MITRE en su “Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina” le darán un pequeño lugar en nuestra Historia.

En 1912, el Consejo Nacional de Educación dispuso que en todas las escuelas de su jurisdicción el 9 de marzo de cada año, se recordase al “Tambor de Tacuarí” para destacar su abnegación y valor. Aquel organismo ya no existe, pero su decisión bien merece ser renovaba por el Consejo Federal de educación, porque la memoria de PEDRO RÍOS debe ser eterna, para que sirva de ejemplo y modelo a futuros ciudadanos.

Leyenda o verdad?
En verdad no se sabe a ciencia cierta si lo expuesto es una ficción creada por un pueblo que necesitaba crear sus héroes, mitos y leyendas o si los hechos relatados sucedieron. Sorprende si, que su muerte en acción no haya sido consignada en ningún parte, aunque como contrapartida a estas dudas, se yergue firme y decidida a despejar cualquier duda, las declaraciones del después general CELESTINO VIDAL, quien al evocar a su niño lazarillo dirá: «Lo recuerdo y me estremezco. Me parece estar viéndolo impasible avanzar a mi lado».

Los historiadores contemporáneos prefieren omitir el hecho al ocuparse de la batalla de Tacuarí, por la falta de pruebas documentales. Pero la leyenda prendió con facilidad y profundamente y poetas y artistas se inspiraron en aquel jovencito para perpetuarlo en poemas, esculturas, cuadros, y hasta en una película cinematográfica argentina, estrenada en 1948.

Para realizar esta nota se ha utilizado material contenido en un artículo firmado por el Profesor Enrique Mario Mayoqui, reproducido en un viejo cuaderno escolar.

1 Comentario

  1. Anónimo

    Buena historia

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