EL SALTO DE LA MAROMA

Se llamaba maroma al travesaño que une los extremos superiores de los dos postes de a veces más de 3 metros, que marcan la entrada al corral.

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Los hombres de nuestro campo utilizaban esa estructura para efectuar lo que se llamaba “el salto de la maroma”, una prueba, que era de gran riesgo para los participantes. Consistía en colgarse de la maroma con las manos aferrando el travesaño. Cuando las puertas del corral se abrían, dando paso al tropel de potros salvajes, enloquecido que pugnaba por salir en libertad, el hombre se dejaba caer, tratando de hacerlo en el momento preciso para hacerlo bien enhorquetado sobre el lomo de uno de esos animales. Y aquí no acababa la prueba, porque el potro, sorprendido por esa rápida monta, pronto reaccionaba e iniciaba un descontrolado bellaqueo, que obligaba al jinete a poner en juego toda su destreza  para dominarlo en su carrera a campo traviesa (ver Juegos para criollos de a caballo).

 

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