EL EJÉRCITO INVISIBLE DE LAMADRID (1812)

Luego de la batalla de Tucumán (24/09/1812), el General MANUEL BELGRANO le ordenó a DÍAZ VÉLEZ que persiguiera y hostigara la retaguardia del ejército realista que se retiraba hacia Salta, luego de ser vencido. En esas fuerzas, iba un joven militar que años más tarde lograría gran fama como valeroso líder unitario. Era GREGORIO ARÁOZ DE LAMADRID (ver

Y en uno de los entreveros que entonces se produjeron, se puso en evidencia la personalidad de este hombre, cuya capacidad para resolver situaciones imprevistas, su sangre fría y su valor en los combates, quedaron demostrados allí y en innumerables oportunidades más tarde, durante su larga carrera al servicio de las armas de la patria.

Se cuenta que cuando LAMADRID se encontró con una partida realista que numéricamente superaba a la suya, en vez de huir, como otros lo hubieran hecho con razón, los cargó al frente de sus escasas fuerzas, gritando con toda su voz y dando órdenes que nadie escuchaba, porque los únicos que podían hacerlo, eran esos pocos soldados que lo siguieron en su ataque.

Los realistas, sorprendidos por el fulminante ataque de LAMADRID y creyéndose amenazados por una gran fuerza (aunque no la veían), al mando de este “loco” que los enfrentaba quedaron paralizados y a merced de los pocos hombres que en realidad los atacaban.

LAMADRID explicará luego lo que pasó diciendo: “Los cargué en una estrechura del monte — escribe — dando voces supuestas a un escuadrón que no existía de adelantarse por mi izquierda. Los enemigos se pusieron en fuga y los perseguí ocho cuadras, los acuchillé, matándoles tres hombres y tomando cinco prisioneros”.

A partir de este hecho, LAMADRID utilizó el mismo recurso muchas veces. Daba órdenes que al gritarlas hacía creer a los enemigos que las fuerzas bajo su mando eran mayores, mientras los atacaba con las pocas que en verdad disponía.

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