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ARÁOZ DE LAMADRID, Gregorio (1795-1857)
Ilustre guerrero, cuya azarosa existencia bien merece llamarse gloriosa y novelesca. Nació en la provincia de Tucumán el 28 de noviembre de 1795. y fue uno de los personajes más contradictorios, audaces y románticos de la historia argentina. Héroe de leyenda, se le ha llamado, y con razón valedera, pues, valiente, temerario; en todas las acciones de guerra que le cupo actuar buscó el peligro y desafió la muerte.
Es difícil resumir las innumerables andanzas que protagonizó LAMADRID en sus 62 años de vida. Impetuoso, indeciso en sus ideas políticas, pobre hasta la miseria, cargado de hijos, guitarrero y cantor y hombre adorado por sus soldados, desempeñó un papel importante tanto en las guerras de la independencia como en las luchas civiles posteriores. “Tenía el pecho cubierto de cicatrices como de tejidos un encaje de Irlanda”, escribió Belisario Roldán.
“Con mucho de zorro y de tigre, perfiló su estampa y dejó memoria de su legendaria personalidad hasta convertirse, con algo de Cid Campeador y mucho de guerrero homérico, en un soldado admirado por el pueblo.” Los suyos fueron tiempos de aspiraciones morales y de esfuerzos continuos para sacar al país de las luchas fratricidas, de la anarquía y también para liberar la patria del yugo de los monárquicos que desde el norte pujaban por cubrir con sus espadas, con sus caballerías, la tierra sudamericana.
En 1811, a los 16 años, comenzó su carrera militar. Se incorpora al Ejército del Norte. y queda a las órdenes del Coronel EUSTAQUI DÍAZ VÉLZ, distinguiéndose siempre por su increíble coraje. En 1812 combatió en Nazareno, luego en Las Piedras, en Tucumán, en Salta y en Venta y Media. Fue ayudante de Belgrano en Vilcapugio y combatió a los realistas en el Alto Perú y se convierte en el hombre de confianza de Manuel Belgrano. quien le encomendó varias veces importantes comisiones y en sus “Memorias”, comenta que al hacerse cargo del Ejército del Norte el general José de San Martín lo designó su ayudante de campo y le regaló una “hermosa espada de su uso, con guarnición y vaina de acero”.
Cuando a fines de 1813, el Coronel JUAN ANTONIO ÁLVAREZ DE ARENALES inició la guerra de guerrillas en el Alto Perú, se transformó en su irremplazable mano derecha. El 29 de noviembre de 1815, asistió a la Batalla de Sipe-Sipe, en la que llevó a cabo actos de heroísmo extraordinarios.
Entre 1816 y 1817, logra audaces victorias en la campaña del Alto Perú (como los combates de San Lorenzo y la toma de Tarija) y BELGRANO lo promueve al grado de Coronel Mayor por su asombroso valor. En 1818, se vio envuelto en los conflictos internos cuando se enfrentaban los “unitarios” con los “federales”. Luchó en las fuerzas Directoriales contra ESTANISLAO LÓPEZ y en 1821 contra FRANCISCO RAMÍREZ. El 26 de noviembre de 1825, derrocó al gobernador de Tucumán y lo remplazó en el cargo (1) alineándose decididamente con el partido unitario de BERNARDINO RIVADAVIA
Durante su mandato, sufre sus primeras grandes derrotas militares a manos del caudillo federal FACUNDO QUIROGA en las batallas de “El Tala” (27 de enero de 1826), donde fue gravemente herido, quedando por muerto en el campo de batalla (2) y en “Rincón de Valladares” (1827). En 1828, viaja a Buenos Aires y participa en el derrocamiento de MANUEL DORREGO llevado a cabo por JUAN GALO DE LAVALLE y en 1829 se une a la “Liga del Interior” liderada por el general JOSÉ MARÍA PAZ y combate en las batallas de “La Tablada” (22 de junio de 1829) y “Oncativo” (25 de febrero de 1830), en la que el general PAZ, venció por segunda vez al caudillo FACUNDO QUIROGA, pero fue capturado por los federales.
Tras la captura de Paz, asume el mando militar del ejército unitario y el 4 de noviembre de 1831, vuelve a enfrentarse con FACUNDO QUIROGA. Es derrotado definitivamente en la Batalla de “La Ciudadela” (4 de noviembre de 1831) y se ve obligado a marchar al exilio por primera vez. Tiempo después sirvió a las órdenes de Rosas (3) y para aumentar sus contradicciones, volvió a pasarse a las fuerzas unitarias y desempeñó interinamente la gobernación de Córdoba.
Intermedio Rosista» (1832 – 1839)
En 1832 llega a Bolivia y queda bajo la protección del presidente Andrés de Santa Cruz hasta que en 1834, aprovechando una amnistía dictada en Buenos Aires, regresa al país y alejado de sus responsabilidades como militar, se instala pacíficamente en una estancia d la provincia de Buenos Aires, donde enterado del bloqueo impuesto por Francia y, apoyando en un todo a JUAN MANUEL DE ROSAS por la actitud que asumiera ante esta agresión a nuestra soberanía, se reincorpora a las fuerzas armadas y declara «federal por un ratito». ROSAS, le encomienda una misión militar en el norte y en 1840, Lamadrid reconsidera su inesperada adhesión a ROSAS y se une a la “Coalición del Norte”, poniéndose al frente del ejército unitario para derrocar al Restaurador.
El 24 de setiembre de 1841, en Rodeo del Medio (Mendoza), fue vencido por el federal ÁNGEL PACHECO y esta derrota, sumada a la que sufriera en “La Ciudadela”, causa la caída definitiva de la Coalisión del Norte” y LAMADRID se ve obligado a marchar por segunda vez al exilio. Cruza la cordillera con su numerosa familia y acompañado por un puñado de valientes que escapaban de la venganza rosista, sufriendo una penosa aventura en la que casi perdió la vida, librándose por un milagro de no ser sepultado por las nieves del macizo andino (4).
Llegado a Chile, se instaló brevemente en Coquimbo y en junio de 1842, se establece en Copiapó. Para alimentar a su familia monta una panadería artesanal, pero el negocio no marcha y se traslada a Valparaíso y luego a Santiago de Chile, donde vive en la extrema pobreza, subsistiendo gracias al auxilio económico de DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO y del gobierno chileno. Buscando mejorar su situación se traslada a Bolivia y después de su traumático peregrinaje por el Pacífico, a mediados de 1846, marchando a su tercer exilio, se dirige a Montevideo, donde se suma activamente a la causa contra JUAN MANUEL DE ROSAS y su aliado oriental, MANUEL ORIBE (ver La Guerra Grande).
En diciembre de ese año, formando una alianza con el general FRUCTUOSO RIVERA y fuerzas que incluían batallones de vascos y unitarios, LAMADRID, actuando como Segundo Jefe de las fuerzas de RIVERA, participó en la toma de la villa de Paysandú, que estaba bajo el control de la guarnición “oribista”. Permaneció en el territorio del Litoral oriental en carácter de emigrado político y militar activo y fue durante esa compleja etapa del exilio, donde sumó otro laurel a su corona de glorias.
Se dedicó a escribir sus “Memorias” y para poder solventar sus necesidades económicas, ya que jamás obtuvo la menor ganancia de sus actividades se empleó en una panadería (5). El diario “La Gazeta” lo comenta en una de sus ediciones, diciendo: El general explicó en sus memorias cómo se dedicó a la panadería por necesidad y rechazó invitaciones para unirse a conflictos políticos, debido a su labor dedicada a garantizar el sustento familiar, no le dejaba tiempo para ocuparse de otros menesteres”.
En 1851, regresó al país y cuando JUSTO JOSÉ DE URQUIZA se pronuncia en contra de JUAN MANUEL E ROSAS, se incorporó a las fuerzas que el caudillo entrerriano estaba organizando para enfrentar a ROSAS y en 1852, en la batalla de “Caseros” (3 de febrero de 1852), comandó el ala derecha del “Ejército Grande”, realizando allí prodigios de valor.
En setiembre de 1852 apoya la revolución del 11 de septiembre que separa a Buenos Aires del resto de la Confederación y es nombrado general de la provincia porteña, cargo que ejerce hasta que el 5 de enero de 1857, después de vivir una vida desafiando el peligro, enfrentando la muerte mil veces, sumando triunfos y derrotas y con el cuerpo marcado por innumerables heridas, fallece en Buenos Aires, a los 62 años de edad, pasando a la historia como un “héroe de leyenda”. Sus restos descansan hoy en la Catedral de San Miguel de Tucumán.
Fue un patriota en todo el sentido de la palabra. Su norte: la gloria de su patria. Su actitud ante las realidades de su vida, el desinterés y el sacrificio. Siempre estuvo al lado de las grandes causas. Dejó unas “Memorias”, que se publicaron en 1895. Enterado de su muerte, SARMIENTO dijo: “desgraciadamente no fue un general cuadrado como lo pedía Napoleón; el valor predomina sobre las cualidades del general, en proporción de ciento a uno”
El hombre
Lamadrid fue uno de los más valerosos soldados de nuestra independencia y de las guerras civiles. Tenía numerosas heridas de combate de las que se sentía orgulloso. Algunas crónicas refieren 17 heridas recibidas en los enfrentamientos armados en los que participó. Recordemos que en Tala y en Rodeo del Medio, hasta se lo dio por muerto.
Rosas apodaba a Lamadrid: “Pilón” por tener una oreja cortada y como dato curioso, comentamos que el mismísimo Lamadrid confiesa en sus textos que, tras las gravísimas heridas sufridas en la batalla de El Tala (donde recibió un disparo en la cabeza y heridas de sable), sufría de «distracción o falta de memoria» cuando era interrumpido. Aunque esto afectaba más a sus discursos, su vida entera estuvo marcada por el caos de la guerra, lo que hacía que el registro de su vida civil fuera secundario en sus relatos.
En 1819, se casó con María Luisa Díaz Vélez Insiarte y con ella tuvo trece hijos y debido a que en esa época, la mortalidad infantil era sumamente alta, varios de ellos murieron siendo bebés o muy chicos, por lo que no llegaron a formar parte de las crónicas de su vida adulta ni de los agitados episodios políticos que narra en su libro. Quizás por eso, en sus “Memorias”, solo hace mención de cinco, que fueron los que tuvieron mayor protagonismo en los relatos de sus constantes campañas militares, exilios o eventos políticos clave de su vida, sin olvidar que algunos de ellos, tuvieron como padrinos a figuras que luego fueron sus rivales políticos, como JUAN MANUEL DE ROSAS Y MANUEL DORREGO (6).
Por otra parte, el General ARÁOZ DE LAMADRID terminó de escribir sus textos en 1853 con un enfoque eminentemente militar y político. No pretendía hacer una crónica familiar completa, sino dejar testimonio de sus batallas, sus heridas, sus estrategias y sus interacciones con figuras como BELGRANO, SAN MARTÍN o ROSAS. Solo nombra a los hijos que interactuaron directamente con esa realidad (como cuando menciona los bautismos apadrinados por DORREGO y ROSAS, o a quienes lo acompañaron en momentos críticos).
Las pasiones de los años de las guerras civiles, esa aciaga época de nuestra patria, cuando la inestabilidad de los liderazgos y las cambiantes apetencias de los caudillos, hacían confusas las razones de una militancia, lo llevaron a militar tanto en las filas federales como en las de los unitarios y siempre definió sus lealtades, convencido por los argumentos que consideraba más convenientes a los intereses de su patria (3). Así fue que luchó denodadamente contra quien fuera su aliado de otrora, su compadre, JUAN MANUEL DE ROSAS y fuera uno de los puntales de la Coalición del Norte, en apoyo de la revolución promovida por el General JUAN LAVALLE.
No obstante el probado valor de este hombre, subsistían en él temores infantiles a determinadas cosas entre las que contamos el agua, dado que no sabía nadar. También tenía miedo a que le sacaran sangre. Cuando en una oportunidad le fueron a extraer sangre se negó argumentando que se iba a descomponer. Curiosamente, quien esto escribe, uno de sus parientes políticos, pudo comprobar el sorprendente parecido con él, que tenía uno de sus tataranietos directos, que hasta mostraba su mismo corte en la nariz y era decididamente hematofóbico.
El ejercito invisible de Aráoz de Lamadrid (1812)
Luego de la batalla de Tucumán (24/09/1812), el General MANUEL BELGRANO le ordenó a DÍAZ VÉLEZ que persiguiera y hostigara la retaguardia del ejército realista que se retiraba hacia Salta, luego de ser vencido. En esas fuerzas, iba un joven militar que años más tarde lograría gran fama como valeroso líder unitario. Era GREGORIO ARÁOZ DE LAMADRID.
Y en uno de los entreveros que entonces se produjeron, se puso en evidencia la personalidad de este hombre, cuya capacidad para resolver situaciones imprevistas, su sangre fría y su valor en los combates, quedaron demostrados allí y en innumerables oportunidades más tarde, durante su larga carrera al servicio de las armas de la patria.
Se cuenta que cuando LAMADRID se encontró con una partida realista que numéricamente superaba a la suya, en vez de huir, como otros lo hubieran hecho con razón, los cargó al frente de sus escasas fuerzas, gritando con toda su voz y dando órdenes que nadie escuchaba, porque los únicos que podían hacerlo, eran esos pocos soldados que lo siguieron en su ataque. Los realistas, sorprendidos por el fulminante ataque de LAMADRID y creyéndose amenazados por una gran fuerza (aunque no la veían), al mando de este “loco” que los enfrentaba quedaron paralizados y a merced de los pocos hombres que en realidad los atacaban.
LAMADRID explicará luego lo que pasó diciendo: “Los cargué en una estrechura del monte — escribe — dando voces supuestas a un escuadrón que no existía de adelantarse por mi izquierda. Los enemigos se pusieron en fuga y los perseguí ocho cuadras, los acuchillé, matándoles tres hombres y tomando cinco prisioneros”. A partir de este hecho, LAMADRID utilizó el mismo recurso muchas veces. Daba órdenes que al gritarlas hacía creer a los enemigos que las fuerzas bajo su mando eran mayores, mientras los atacaba con las pocas que en verdad disponía.
Aráoz de Lamadrid, el combatiente goloso (1813)
De esa época el general Paz contaba que Lamadrid “marchaba al enemigo comiendo caramelos, y en lo más importante de una operación distraía algunos hombres de su partida para que fueran a buscarle una libra de dulces”. En una oportunidad mientras venía persiguiendo a caballo a un grupo de enemigos que escapaba, se le cayó del bolsillo un paquete que contenía caramelos. LAMADRID se detuvo a recoger su preciado botín por lo que los que huían salvaron sus vidas.
LAMADRID el soldado inmortal (1826)
En 1825, ARÁOZ DE LAMADRID era Gobernador de Tucumán y no tarda en aliarse con RUDECINDO ALVARADO de Salta y MANUEL ANTONIO GUTIÉRREZ de Catamarca contra QUIROGA, BUSTOS e IBARRA. Es decir, unitarios contra federales. QUIROGA no soporta que LAMADRID apoye el juego de RIVADAVIA en el negociado con las minas del Famatina (ver el oro de Famatina), las reformas del Primer Presidente contra la iglesia, los preparativos de los unitarios para derrocarlo y se prepara para combatirlo.
Sale a su encuentro y el 27 de octubre de 1826 lo derrota en la localidad de “El Tala”. Durante el combate, la tropa de LAMADRID se vio superada por la de QUIROGA y comenzó a replegarse. Éste al verse vencedor tras la retirada de los soldados contrarios, ordenó la retirada de sus efectivos del campo de batalla y de pronto, vieron con asombro, que LAMADRID solo, casi sin tropa que lo acompañara los embistió una y otra vez como respondiendo a una actitud demente ya que, en una de esas embestidas, le gritaba a los soldados de Quiroga: —¡Soy el general Lamadrid, ofrezco el indulto a todo el que se me rinda!
Pero en la última de esas embestidas irracionales, estando ahora de a pie, por haber muerto su caballo, fue acosado por un numeroso grupo de riojanos que le intimaron la rendición. Pero LAMADRID no sabía rendirse y luchó hasta que lo dieron por muerto con quince heridas de sable, la mayoría de ellas en la cabeza y el rostro, un bayonetazo y el tiro para “despenarlo”. Luego de los combates, el cuerpo de LAMADRID fue acomodado entre los restantes cadáveres, con once hachazos de sable en la cabeza, la nariz partida y medio oreja colgándole. Dándolo por muerto lo desnudaron para llevarse la vistosa ropa de general que llevaba y arrastraron su cuerpo desnudo hasta un zanjón donde lo arrojaron junto a otros cadáveres.
Al enterarse de la supuesta muerte de LAMADRID, su enemigo QUIROGA ordenó que buscasen el cadáver para rendir los honores a su bravura. No estaba. Ninguna de las heridas era mortal, y el “cadáver” había conseguido levantarse y pedir hospitalidad y ayuda en un rancho; allí, curado con yuyos, Lamadrid conseguiría restablecerse”. Se marchó a Salta, donde estuvo de incógnito y se recuperó de sus heridas.
El combate del Tala refleja el temperamento de Lamadrid. Antes del combate, había reunido a su tropa para decirles que no era necesario que todos combatieran, bastaba con 25 hombres de cada batallón. Realmente estaba convencido que QUIROGA no era un adversario de su nivel y esta subestimación casi le costó la vida.
“En este combate QUIROGA se apropió de la correspondencia privada de LAMADRID, la que lo dejó asombrado. En la misma quedaba demostrado la intencionalidad del presidente RIVADAVIA de traicionarlo y hacerlo caer en la trampa de combatir contra Lamadrid mientras DEL CARRIL desde San Juan invadiría La Rioja. Estaba también todo el plan unitario para la guerra civil y la alianza de RIVADAVIA con ÁLAVREZ DE ARENALES de Salta, ARÁOZ de Tucumán y GUTIÉRREZ de Catamarca. Quiroga no se ensañó entonces con Lamadrid y le proporcionó los medios para que pudiera huir y reponerse.
QUIROGA se niega a creerlo vivo y muestra a quien opinara lo contrario la ropa de Lamadrid manchada con sangre y perforada por las espadas y disparos. Inclusive llega a dar la orden de fusilar a todos los que afirmaran que LAMADRID vivía. Éste, desde su lecho de enfermo les envía una nota desafiándolos a un nuevo encuentro, la nota dice:
“El muerto del Tala desafía a los caciques Quiroga y e Ibarra para que lo esperen mañana a darle cuenta de las atrocidades que han cometido en su pueblo, pues la providencia le ha vuelto a la vida para que tenga el gusto de castigarlos como merecen. Ibarra […] contesta a Lamadrid con dos líneas: Me alegro mucho de que estés ya mejorado para servir a tus amos porteños; pero respecto al castigo que nos amenazas, lo veremos”. Desde ese entonces y por un tiempo los gauchos creyeron que Lamadrid era inmortal y en más de una ocasión rehuían enfrentarlo en los combates.
Cierto día, la noticia de la muerte de Lamadrid en manos de Quiroga, llega a Buenos Aires. En la calle una señora comenta a sus amigas estas noticias diciendo además que Quiroga tenía en su poder la ropa ensangrentada y destrozada de Lamadrid. Otra mujer, que accidentalmente está escuchando esta información cae desvanecida y queda temporariamente sorda. Era la esposa de Lamadrid que no sabía nada de este hecho y por supuesto tampoco de su posterior desmentida.33
No me rindo, no me rindo !!!! (1841)
Gritando así con toda su voz, el General ARÁOZ DE LAMADRID, postrado en tierra, semienterrado en una zanja, cubierto de sangre producto de once heridas y todavía sable en mano, recibía a una partida de soldados, que enviados por quien lo venciera en el combate de “Arroyo el Medio”, el General ÁNGEL PACHECO, venían a rematarlo.
LAMADRID jamás se refirió a tal circunstancia y es por eso que el hecho pasó a la historia merced a relatos que muchas veces son el resultado de veleidades poéticas, intereses personales y aún maledicencia de quienes lo trasmiten, tal como sucede con este que estamos comentando y que nos deja en la duda.
Quienes fueron los que debieron enfrentar el delirio de este valiente?. Una partida de sus rivales, como lo consignan muchos autores? o sus propios soldados, que salieron a buscar el cuerpo de su jefe para darle cristiana sepultura o que lo encontraron luego de ser sorprendidos por los gritos del moribundo y que no sólo lo encontraron vivo, sino que todavía dispuesto a la lucha, como lo aseguran todos?. Como siempre decimos, sólo hay una realidad y muchas verdades.
Lamadrid, panadero (1842)
Tras la estrepitosa derrota de la Coalición del Norte en la batalla de la Ciudadela (1831) y luego en “Rodeo del Medio” (1841), Lamadrid cruzó la cordillera. En junio de 1842 llegó a Copiapó (Chile) con su numerosa familia, donde puso una panadería para subsistir. Le fue mal, se mudó a Valparaíso y luego a Santiago. En 1846 viajó a Montevideo (Uruguay), y allí, habiéndose aliado con FRUCTUOSO RIVERA empeñado en la “Guerra Grande”, participó en la toma de Paysandú, localidad que estaba en poder de ORIBE.
Fue nombrado para administrar esa plaza y como lo había hecho en Chile, para solventar sus gastos y la alimentación de su numerosa familia, se hizo panadero, actividad en la que según relataron viejos pobladores, lo vieron brillar haciendo “panes de salud”.
(1). Cuando Lamadrid fue comisionado por Las Heras para trasladar a Buenos Aires los ejércitos que se encontraban en Catamarca y Tucumán, para preparar la guerra con el Brasil, el 26 de noviembre de 1825, no tuvo mejor idea que vengar antiguos rencores deponiendo y reemplazando al gobernador de esta última, Javier López, quien había depuesto y fusilado a su antecesor Bernabé Aráoz y a su hermano Pedro, ambos, primo – hermanos de Lamadrid.
El 26 de noviembre de 1825 LÓPEZ, intentó recuperar el gobierno al frente de 250 hombres, pero LAMADRID lo atacó con la fuerza de sus famosas cargas de caballería. López pudo escapar hacia Salta haciendo uso de su experiencia para correr carreras de caballos y no lo pudieron alcanzar. LAMADRID queda firme entonces como gobernador de Tucumán, primero criticado por Buenos Aires y luego apoyado y hace un buen gobierno
(2). El 27 de octubre de 1826, el General ARÁOZ DE LAMADRID es derrotado por FACUNDO QUIROGA en la batalla de “El Tala” y en una de las embestidas que realiza tratando inútilmente, de cambiar el curso de las acciones, cae herido de muerte, luego de recibir numerosas heridas de lanza y sable. Luego del combate, el cuerpo de LAMADRID fue acomodado entre los restantes cadáveres, con once hachazos de sable en la cabeza, la nariz partida y medio oreja colgándole. Dándolo por muerto lo desnudaron para llevarse la vistosa ropa de general que llevaba y arrastraron su cuerpo desnudo hasta un zanjón donde lo arrojaron junto a otros cadáveres (ver “el hombre” en esta misma página).
(3). Lealtades cambiantes. El General Aráoz de Lamadrid se inició en la política militando en el bando “centralista” (antecedente del unitario), apoyando al Directorio (1811-1820), en el tiempo en que éste, combatía a los primeros caudillos federales de las provincias y cumpliendo órdenes directas, combatió con dureza las primeras rebeliones federales en el interior. En 1816, derrotó y fusiló en Santiago del Estero al caudillo federal Juan Francisco Borges. En 1819, sirvió a las órdenes de Juan Bautista Bustos para reprimir las montoneras federales del Litoral.
En 1820, luego de la caída del Directorio, con el panorama nacional fragmentado, Lamadrid acompañó a Manuel Dorrego (uno de los principales referentes del federalismo porteño de la primera época) en su campaña militar hacia Santa Fe contra los federales del Litoral. Aunque era una alianza más militar que ideológica, marcó un momento de fuerte cercanía con un líder federal. Durante esta década forjó además una intensa amistad personal con Juan Manuel de Rosas (ambos, Rosas y Dorrego, fueron padrinos de dos de sus hijos)
En 1825, al asumir Bernardino Rivadavia como presidente unitario, Lamadrid se alineó plenamente con su proyecto centralista y mediante un golpe de Estado, derrocó al gobernador de Tucumán e intervino Catamarca. Esto desató la furia del caudillo federal riojano Facundo Quiroga, convirtiendo a Lamadrid en el principal brazo militar unitario del interior. Quiroga lo derrotó en batallas feroces como “El Tala” (1826) —donde Lamadrid casi muere— y “La Ciudadela” (1831), lo que forzó el exilio de Lamadrid en Bolivia.
En 1838, Lamadrid regresó del exilio a Buenos Aires. El país estaba completamente controlado por el gobernador federal Juan Manuel de Rosas y para poder reinsertarse y limpiar su pasado unitario, Lamadrid se entrevistó con Rosas y juró lealtad a la causa federal. Rosas, buscando aprovechar su prestigio militar, lo envió al norte en 1840 con la misión de recuperar las armas que estaban en manos del gobernador de Tucumán, Alejandro Heredia. Durante el viaje, Lamadrid llegó a componer y cantar famosas «Vidalitas federales» donde insultaba a los «perros unitarios» y a sus aliados franceses.
En 1840, al llegar a Tucumán, Lamadrid se encontró con un fuerte núcleo de resistencia anti-rosista y a los pocos días de arribar, cambió abruptamente de bando otra vez. Se unió a los líderes del norte, se declaró unitario y formó la “Coalición del Norte” para derrocar a Rosas, pero la campaña terminó en un rotundo fracaso militar tras ser derrotado por el federal Ángel Pacheco en la batalla de “Rodeo del Medio” (1841), obligándolo a exiliarse en Chile.
Pero sus vaivenes en la política no terminarían allí. En 1851, se producirá el acto final, cuando el caudillo federal de Entre Ríos, Justo José de Urquiza, se pronunció contra Rosas y Lamadrid regresa del exilio para unirse al Ejército Grande. Aunque Urquiza era federal, es evidente que este paso se justifica comprendiendo que Lamadrid priorizaba así su histórico odio hacia Rosas (nadie sabe qué es lo que lo generó). Combatió en la Batalla de Caseros (1852), logrando ver la caída definitiva del Restaurador y pasó sus últimos años en Buenos Aires alineado al Estado porteño, falleciendo en 1857 como un convencido unitario.
(4). El exilio del general Gregorio Aráoz de Lamadrid hacia Chile en 1841 a través de la Cordillera de los Andes fue una verdadera odisea de supervivencia, marcada por el frío extremo, el hambre y la desesperación. Tras sufrir una derrota definitiva ante las fuerzas federales en la batalla de Rodeo del Medio, en Mendoza, el 24 de noviembre de 1841, Lamadrid no tuvo otra opción que huir para salvar su vida, ya que el implacable caudillo José Félix Aldao perseguía ferozmente a los sobrevivientes.
Lamadrid había emprendió solo el viaje. Lo acompañaba un numeroso grupo que incluía a 138 jefes y oficiales, 286 soldados de tropa y 22 mujeres. También marchaba con ellos un joven Domingo Faustino Sarmiento, quien ya se encontraba exiliado y había acudido en su ayuda, para coordinar la retirada.
Decidieron cruzar por el paso de Uspallata, un camino que, si bien era conocido, presentaba riesgos mortales en esa época del año, debido al severo clima de alta montaña y quienes no caían ante las lanzas de los perseguidores federales, sufrían los tormentos de la cordillera. El grupo avanzaba con vestimentas inadecuadas y provisiones casi nulas. Muchos de ellos murieron congelados en las alturas o sufrieron la amputación de extremidades debido al congelamiento extremo. Lamadrid relató más tarde que la salvación del núcleo principal se debió pura y exclusivamente a la resistencia de sus caballos y al auxilio que recibieron del lado chileno.
A pesar de todo, el grupo, llegado exhausto y en un estado de extrema indigencia, a la localidad chilena de Santa Rosa de los Andes, logró reagruparse. Para sobrevivir en el país trasandino, el otrora orgulloso general unitario tuvo que instalar una panadería con su familia en Copiapó, un negocio que para colmo no prosperó. Su precaria situación económica lo obligó a escribir cartas públicas en diarios como El Mercurio y a depender de una pequeña pensión que le otorgó el presidente chileno Manuel Bulnes para subsistir.
(5). Repitiendo la frustrada experiencia de Copiapó en 1841, instalado ahora en Paysandú (Uruguay), el General LAMADRID se dedica al noble oficio de la panadería y en sus famosas memorias reata que durante sus duros exilios, tuvo que trabajar como panadero para sustentar a su numerosa familia. En sus textos de la época, el diario “La Gazeta” recopila sus palabras exactas que describen este noble oficio de supervivencia diciendo que “El general explicó en sus memorias cómo se dedicó a la panadería por necesidad y rechazó invitaciones para unirse a conflictos políticos debido a su labor de sustento familiar”. Como dato pintores, recordemos que la tradición popular recuerda que se destacaba haciendo pan de leche, evidenciando una gran resiliencia y humanidad al cambiar las armas por el trabajo digno para alimentar a los suyos, pese a su historial de combatiente.
(6). Se sabe que Juan Manuel de Rosas y Manuel Dorrego, eran compadres de Gregorio Aráoz de Lamadrid, porque Rosas y su esposa, Encarnación Ezcurra, fueron los padrinos de bautismo de uno de los hijos de Lamadrid, específicamente de su hijo Ciriaco y que Manuel Dorrego, era el padrino de Bárbara, una de sus hijas.
Fuentes. “Claroscuros de la Historia Argentina. Doctor Claudio Gallo, Ed. Dunken, Buenos Aires, 2014; “Historia Argentina”. José María Rosa, Editorial Oriente S.A., Buenos Aires, 1981; Diccionario Histórico Argentino”. Ione S. Wright y Lisa M. Nekhom. Emecé Editores, Brasil 1994; La Historia en mis documentos”. Graciela Meroni, Ed. Huemul, Buenos Aires, 1969; “Historia de la Argentina”. Ernesto Palacio, Ed. Peña Lillo, Buenos Aires, 1868; “Relatos de mi pariente Don Goyo”. Resumen de los recuerdos expresados por el Teniente Coronel Oscar Eduardo Aráoz de Lamadrid, tataranieto del prócer.