COLEGIO SANTA ETHNEA (11/01/1931)

El 24 de febrero de 1856 llegaron a Buenos Aires, las primeras Hermanas de la Misericordia provenientes de Irlanda. Su trajinar por las calles porteñas, que veía por primera vez a las religiosas fuera de sus claustros, causó sorpresa que pronto se trocó en admiración, cuando comenzaron a comprobar que su apostolado era una sorprendente prueba de amor, socorriendo a los enfermos y necesitados y llevándoles ayuda material y espiritual y aún se recuerda los abnegados servicios que prestaron durante las epidemias de cólera y fiebre amarilla que asolaron a la cuidad, a poco de su llegada al país.

Su casa madre, fue y aún lo es, la Mater Misericordiae, pero, ampliando su radio de influencia, pronto se sumaron varios colegios de Chascomús, San Antonio de Areco, y otras localidades de la provincia de Buenos Aires.

Después de pacientes estudios y análisis de sus potencialidades, decidieron crear un establecimiento para que sirviera como colegio y noviciado y eligen para erigirlo, la ciudad de Bella Vista, en el oeste de la provincia de Buenos Aires. Es así que la congregación adquiere un predio sobre la calle Gaspar Campos de esa localidad y el 11 de enero de 1931, se coloca la Piedra Fundamental del edificio, que fue bendecida por el entonces Nuncio Apostólico Monseñor FELIPE CORTESI.

Acotemos que la fecha elegida, así como el nombre del nuevo establecimiento, se corresponden con la celebración en ese día, de Santa Ethnea, una princesa irlandesa convertida al cristianismo por el Patrono de Irlanda, San Patricio.

El viejo chalet que en ese entonces se construyó (imagen), se convirtió en escuela primaria y recibió a los primeros niños y niñas que concurrían para recibir educación académica y formación moral y cristiana, pero como año tras año, la población escolar se multiplicaba, surgió la obligación de construir nuevas aulas e instalaciones auxiliares.

En 1958 se crea la escuela secundaria y hubo también varios años de Ciclo Comercial y Bachillerato en Ciencias y Letras. En 1962 egresan las primeras maestras y en 1966, por consejo del Obispado, se convierte en escuela para niñas exclusiva­mente, pero en 1994, vuelven nuevamente los varones al colegio.

Hoy ya cumplidos sus primeros 90 años de existencia, ratifican su compromiso fundacional: “Poner en marcha una propuesta educativa que abarque los niveles Inicial, Primario y Secundario, centrados en la persona; que ayude a desplegar las potencialidades personales y grupales, respetando los ritmos individuales de aprendizaje. Una escuela que haga cultura desde la formación académica con un claro compromiso social y trascendente, siendo la Misericordia su sello distintivo.

 

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