CLUBES NOCTURNOS QUE YA NO ESTÁN

Hubo en la República Argentina una época entre finales del siglo XIX y mediados del XX, durante la que cual proliferaron los clubes nocturnos, o “cabarets”, que alumbraron la noche con sus pecadoras luces y fueron refugio de solitarios y amantes del Tango. Comencemos aclarando que la palabra “Cabaret” es de origen francés y si lo traducimos a nuestra lengua quiere decir «taberna» y la verdad es que los “cabarets” no tenían nada de taberna, a no ser que se tuviera en cuenta que en ambos se consumen bebidas alcohólicas (“Todo Tango.com”).

Los cabarets eran granes salones con amplias pistas de baile rodeadas de mesas y una o más barras donde se despachaban las bebidas. Estaban muy bien iluminados, generalmente con lujosas arañas con caireles de cristal, lo que los diferenciaba de las “boites”, que eran lugares para el encuentro, mucho más chicos y oscuros. En la puerta siempre había un imponente portero uniformado y con una gorra con el nombre del lugar, que oficiaba como control de acceso y responsable del orden y la seguridad

Aunque a esos lugares solían concurrir parejas, lo común era que fueran solamente hombres o mujeres solos y solas. Hubo un tiempo, en los albores del reinado del Tango, que solamente hombres podían concurrir a los cabarets por lo que era común verlos formando pareja entre ellos para bailar.

Mas tarde, deambulando por esos amplios salones, en la barra o en las mesas, ellos y ellas escuchaban la música, bebían y se unían en parejas para bailar, aunque los hombres también podían recurrir a los servicios de alguna de las alternadoras. Recordamos que era de práctica y por todo el mundo sabido, que estas chicas, cumpliendo normas de la casa, siempre estuvieran dispuestas para ser invitadas a un trago, que generalmente era un inofensivo y simple te en un vaso de whisky, pero que cargaban a la cuenta del galán como si fuera de whisky importado). Logrado esto, trataban de seducir al cliente para que siguiera invitando y consumiendo. Si enganchaban un «punto» no podían salir del cabaret antes que el local cerrara sus puertas. A las 3 o 4 de la madrugada, la hora de cierre, la orquesta tocaba «La cumparsita», último tango de la noche y en ese momento hacían su aparición los «cafishios», en lunfardo, hombres que viven de las mujeres, a buscar a sus coperas y pedirles lo ganado en noche de trabajo

Tal vez el cabaret más lujoso, espectacular y concurrido que tuvo Buenos Aires a partir de aquellos años del primer Centenario de la Revolución de Mayo, fue el «Armenonville» y de ahí su fama. Pero antes que él y después de él, hubo muchos otros que caracterizaron las noches porteñas con sus luces, sus ritos y sus misterios. Exponemos a continuación un, seguramente incompleto listado dispuesto en orden cronológico de algunos de ellos:

Lo de Hansen (1877-1912)
“Lo de Hansen”, fue el más famoso de los lugares de diversión nocturna de Buenos Aires desde poco más allá de mediados del Siglo XIX hasta 1912. Fundado el 11 de noviembre de 1877 por el inmigrante alemán JIAN HANSEN como “Café Restaurante”, fue punto de referencia para la actuación de toda una generación de músicos y hasta allí llegaban la mejores orquestas y bailarines de tango de la época.

El Café De Hansen, Donde Comenzó La Era Del Tango En Argentina, Fue Demolido En 1912. | Palermo Tour Noticias

Considerado por muchos como una de las cunas del tango, con entrada por la avenida Sarmiento, entre las vías del Ferrocarril y la avenida Vieytes, estaba ubicado en pleno corazón del actual Parque Tres de Febrero, al este de la intersección de las actuales avenidas Sarmiento (antes avenida de las Palmeras) y Presidente José Figueroa Alcorta, frente a donde hoy se encuentra el Planetario de la Ciudad de Buenos Aires en el barrio Palermo.

Los terrenos donde se hallaba eran patrimonio fiscal y ocupaban una zona, que en aquella época, estaba muy retirada del “centro de la ciudad” y desde allí todavía podía observarse el Río de la Plata. En 1869, la Municipalidad de Buenos Aires había construido en ese lugar una hermosa glorieta que albergaba un restorán, con la idea de arrendarlo a particulares. Se llamaba “Restorán Palermo” y su diseño reproducía el de los grandes restoranes al aire libre, que en esa época estaban de moda en Europa.

Satisfaciendo una solicitud presentada el 4 de mayo de 1877 por HANSEN, el gobierno municipal le otorgó en concesión esas instalaciones, y este nuevo consignatario, le dio una nueva impronta al local, por lo que a partir de entonces ya nadie hablaba del Restorán Palermo, sino que se referían a él, como “lo de Hansen”. Y así fue hasta que en 1892 HANSEN falleció y ENRIQUE LAMARCA asumió como nuevo administrador del local hasta que en 1897 se hizo cargo del mismo un tal SEBASTIÁN (o BALTASAR) MONSCH.

En 1903, vencida la concesión que se le otorgara a HANSEN, la Municipalidad de Buenos Aires, le alquiló el lugar a ANSELMO R TARANA quien a partir del 8 de mayo de 1903 comienza a explotarlo con el nombre oficial de “Restaurante del Parque Tres de Febrero”, aunque popularmente se lo conocerá como “Café Tarana” o “el antigüo Hansen” y lo habilitó como Restorán con Salón de Baile.

“Las actividades del “Restaurante del Parque Tres de Febrero” eran distintas según las horas del día” dice el historiador ENRIQUE PUCCIA; “Durante la mañana se servía el desayuno, a media mañana, leche y yema batida para jinetes y ciclistas, a la tarde merienda o aperitivo, al anochecer se cenaba, y a la noche, los amantes del tango llegaban para disfrutar de esa música que allí se tocaba. TARANA ponía a disposición de sus clientes cinco vehículos que se ocupaban de traerlos y llevarlos gratuitamente hasta y desde el lugar y los tangueros (malevos y “cajetillas” o “shushetas”) llegaban para disfrutar de esa música y bailar”.

Finalmente, en 1908 el fondo de comercio fue transferido a la sociedad PAYOT Y GIARDINO que lo administrará hasta 1912, año en que por decisión del Intendente JOAQUÍN S. DE ANCHORENA, el local fue demolido para realizar una ampliación de los accesos al velódromo y así terminó “lo de Hansen” y con él, una época y una forma de vivir la vida que ya jamás volverá.

“Lo de Hansen”, particularmente desde 1903, no era solo un restorán: Mostrando un lujo jamás visto hasta entonces en un restorán, era una mezcla de “prostíbulo suntuario y meca del Tango”, además de restorán (JOSÉ SEBASTIÁN TALLÓN). Un antecedente no muy santo de los “cabarets” que le siguieron para iluminar las noches porteñas. Fue lugar de cita de “bacanes” y “malandras”; de patoteros y gente de avería. De bailarines y “cafishios”, que se mezclaban sin pudor, con representantes de la alta sociedad snob, que deliraba por vivir esas excitantes noches que se le ofrecían en “lo de Hansen”. Porque allí veían bailar bien el tango, allí podían escuchar a las mejores orquestas “típicas” del momento; disfrutar de la muy grata compañía de hermosas “coperas” que les hacían sentir que eran, lo que jamás podían ser y olvidar, aunque fuera por una sola noche, las tristezas de una vida triste y aburrida.

Pero lo fundamental, era que allí había ACCIÓN. Porque las peleas a puño limpio o empuñando un cuchillo eran cosa común y frecuente. Los desafíos, las miradas torvas, el “apriete” a un despistado que osaba invitar a bailar a la “mina” del pardo Bazán, o la pelea entre mujeres que pretendían el mismo hombre, eran el condimento de esas emocionantes noches, que atraían a un público heterogéneo que solía colmar la capacidad del local, sabiendo que era posible mantenerse alejado de ese mundo y que mientras se bailaba unos lindos tangos, se podía disfrutar de excelentes bebidas y de un servicio de gastronomía de primera.

“Lo de Hansen” se puso de moda y allá fueron las figuras más rutilantes del espectáculo, de las artes, de la música y de la política. Allí tocaron las más famosas orquestas de Tango que registra la historia de nuestra música popular, los mejores cantores y cantantes. Allí bailó “el Cachafaz” y hasta algún presidente argentino se animó a unos “cortes” en su pista. Por esos años, no hubo visita ilustre que no se tentara para conocer aquello de lo que a media voz se hablaba en los salones más mundanos de Europa. https://es.wikipedia.org/wiki/Caf%C3%A9_de_Hansen.

(1). Otra versión dice que el Restorán de Hansen, ya funcionaba desde 1869, en una vieja construcción existente en el lugar, antes de que éste enviara una solicitud al gobierno municipal (4 de mayo de 1877) para que lo autoricen a ocuparla.

Royal Pigall (1898-1924
El Royal Pigall fue un lujoso cabaret de estilo parisino, instalado a fines del siglo XIX, ocupando la Planta Baja (el “Foyer) del edificio del Teatro Royal, un teatro de variedades que estaba ubicado sobre la avenida Corrientes al 825 de la ciudad de Buenos Aires.

Los cabarets de los años cuarenta - Todotango.com

Funcionaba entre las 19 y las 21 horas, durante la llamada entonces “la sesión vermouth” y estaba habilitado para todo público que deseaba escuchar los tangos que interpretaba la orquesta de FRANCISCO CANARO, tomar una copa o simplemente alternar con amigos. Pero a poco de su inauguración, el Teatro Royal cesó en sus actividades y entonces, el Royal Pigall pasó a ocupar esas instalaciones. Unas lujosas dependencias adornadas al mejor estilo “art decó” que fueron destinadas al funcionamiento de un salón de baile reservado para hombres y mujeres solas, que ofrecía la disposición de salones reservados para quienes deseaban disfrutar de su música en “la intimidad”.

Allí actuaban las orquestas de ROBERTO FIRPO, EDUARDO AROLAS y en forma habitual, la de FRANCISCO CANARO. En 1916 JUAN PACHO MAGLIO compuso un tango que llevaba el nombre de este cabaret, pero JOSÉ GONZÁLEZ CASTILLO, le puso la letra y luego de que se lo autorizara para ello, le cambió el nombre y pasó a llamarse “Qué has hecho mi cariño”, nombre con el que, en 1921, fue grabado por CARLOS GARDEL, acompañado por las guitarras de JOSÉ RICARDO y GUILLERMO BARBIERI.

El Roya Pigall cerró sus puertas en 1924 y en el mismo lugar, el 7 de julio de ese año, se inauguró la primera versión del Tabarís, otro famoso cabaret de la época.

Pabellón de las rosas (1910-1929)
Era un enorme y señorial edificio de dos plantas, simétrico, con ventanales al frente cuya estructura era semejante a la de los pabellones que se levantaban en aquellos años para realizar exposiciones en Europa y reproducía toda “el aura de la Belle Époque”.

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Estaba ubicado en la avenida Alvear (actual avenida del Libertador) 2855, justo en la esquina con la calle Tagle por lo que era vecino cercano del “Armenoville” y las diversas dependencias que lo componían, se distribuían sobre los laterales del gran hall o Salón Central y la terraza que ocupaba la parte posterior del edificio que estaba rodeado de hermosos jardines.

Contenía un importante salón de baile, donde una vez al año los estudiantes de medicina daban los que fueron sus famosos «bailes de internado», una pista de patinaje, una sala para exhibiciones teatrales. Ofrecía los servicios de un elegante restorán y alquilaba sus salones para quienes deseaban festejar alguna fecha en ese ambiente distinguido y “de moda”.

Desde que se inauguró en 1910, hasta su cierre, el Pabellón de las Rosas contó con una excelente orquesta estable que tocaba en el Restorán y que amenizaba los bailes, cediendo a veces su lugar a las mejores orquestas de la época. Allí, desde la orquesta de VICENTE GRECO que fue la que actuó durante la inauguración del Pabellón, pasando por la de ROBERTO FIRPO, OSVALDO FRESEDO, SAMUEL CASTRIOTA, ANIBAL TROILO, FRANCISCO CANARO, JUAN MAGLIO y tantos otros, muchas fueron las que le dieron brillo y fama a los bailes que allí se efectuaron.

Y fue precisamente con un gran baile que el Pabellón de las Rosas se despidió de Buenos Aires. Durante los Carnavales de 1929 se realizó el último; al llegar Cuaresma fue cerrado y para Pascua comenzó su demolición.

Armenonville (1911-1929)
Fue tal vez, el cabaret más lujoso que tuvo Buenos Aires desde aquellos años del primer Centenario de la Revolución de Mayo. Según constaba en las tarjetas de la época, el Armenonville estaba en «Avenida Alvear (actualmente del Libertador) esquina Tagle – Unión Telefónica 533 – Palermo» y sus dueños se llamaban CARLOS BONIFACIO LANZAVECCHIA y MANUEL LOREIRO.

Armenonville “La catedral del Tango” | Catalina Pantuso

Fue inaugurado en la temporada de verano de 1911-1912 y funcionó hasta finales de los años 20. Su edificio principal era un gran chalet de estilo inglés rodeado de jardines con mucho verde. En ese espacio había una gran terraza con mesas y sillas donde iban a cenar muchas de las aristocráticas familias porteñas, aristas y gente famosa: MARCELO T. DE ALVEAR y su esposa Regina Pacini, JORGE NEWBERY y CARLOS GARDEL entre tantos.

En la planta baja estaba el salón de baile, donde se destacaban una gran araña con caireles de cristal y los grandes espejos que se alternaban con el empapelado de las paredes. Hacia los laterales, y separados por rojos cortinados de terciopelo, estaban los «reservados». Pero sin duda, la reina del lugar era la comida clásica de la cocina francesa, que se servía allí, acompañada con buenos vinos y champán llegados desde Europa. Por su escenario pasaron las orquestas de Roberto Firpo, Francisco Canaro, Verón, y Juan Maglio (Pacho). En 1929 se lo demolió.

El Chantecler
El Chantecler estaba al lado del Teatro Comedia, en la calle Paraná entre Lavalle y Corrientes de la ciudad de Buenos Aires. Se inauguró en diciembre de 1924 y durante la década del 30 también se lo llamó «Vieux Paris».

Su frente estaba decorado con un molino y detalles de Montmartre y contaba con un patio externo, en el que se solían organizar cenas y bailes durante el verano

Como en todos aquellos lugares de “diversión nocturna”, desfilaron por sus salones las más renombradas orquestas de la época, pero fue la de JUAN D’Arienzo, la orquesta emblemática del Chantecler. El animador y hombre de relaciones públicas fue ÁNGEL SÁNCHEZ CARREÑO, conocido como «El Príncipe Cubano».

Fue demolido en 1960 y evocado por ENRIQUE CADÍCAMO en su tango «Adiós Chantecler», seguramente donde mejor se expresan las vivencias de ese “templo del Tango” cuyo recuerdo perdura en la mente  de sus viejos “habitués” que vivieron aquellos tiempos de bonanza y años de “tirar manteca al techo”.

También contaba con un patio externo, en el que se solían organizar cenas y bailes durante el verano, y los mejores artistas de los más variados géneros supieron pasar por este prestigioso local.

Tabaris (1924)
El 7 de julio de 1924, abrió sus puertas el “Tabarís”, el legendario cabaret que fue símbolo de la noche de Buenos Aires. Cuenta la anécdota, que en aquella fría noche de invierno la calefacción central falló y los invitados tuvieron que cenar abrigados con sus tapados y sobretodos.

La transformación del teatro Tabarís, a tono con la nueva calle Corrientes

Desde fines del siglo XIX, la avenida Corrientes en la ciudad de Buenos Aires, fue convirtiéndose en la calle de los teatros y cafés musicales y en lugar de reunión de actores, músicos y poetas que la recorrían hasta el amanecer. Por eso, la llamaron “la calle que nunca duerme”.

Y fue en Corrientes 829 donde se inauguró el Tabarís, lugar de actuación de importantes orquestas y cantantes, restorán lujoso con una pista de baile que se elevaba como prolongación del escenario y donde también había palcos frecuentados por los famosos de la época, quienes, en 1949, cuando el lugar celebró sus 25 años, fueron invitados con faisán y champán francés.

Su creador y dueño fue ANDRÉS TRILLAS, un inmigrante nacido en Francia. En 1908 llegó a Buenos Aires y se empleó como lavacopas en un hotel de la calle Reconquista. Después fue camarero, maitre y gerente de un restorán y acumuló fortuna como para abrir su propio establecimiento que fue llamado Tabarís. El nombre lo sugirió un socio que poseía un local bailable del mismo nombre en Marsella. El Tabarís se transformó en uno de los más importantes cabarets y centro de diversión nocturna de la clase alta y bohemia de esa pujante década que se recuerda en todo el mundo como los años locos, siendo el primer lugar público que contó con aire acondicionado en la ciudad. En la planta baja estaba el salón de baile, y en el piso superior el sector de palcos y salones reservados adonde los clientes podían acceder a espectáculos privados con prostitutas de lujo.

Por el Tabarís desfilaron los artistas más ilustres de los escenarios del mundo, desde la MISTINGUETTE hasta JOSEPHINE BAKER y entre los espectadores célebres estuvieron el Príncipe de Gales, EDUARDO DE WINDSOR, ORSON WELLES, MAURICE CHEVALIER, LUIGI PIRANDELLO, CARLOS GARDEL, FEDERICO GARCÍA LORCA, el Príncipe BERNARDO de Holanda y hasta el Maharajá de Kapurthala.

En 1937, el Teatro-Dancing Tabarís fue remodelado y ampliado por el arquitecto RAFAEL SAMMARTINO, quien le brindó una estética moderna de líneas sobrias, con columnas de influencia art decó en su fachada vidriada. Desde ese momento, ya contaba con una sala principal, con un nivel de pullman (con 551 butacas) y una sala de 160 butacas en el subsuelo apodada petit Tabarís.

En la década del 40 el Tabarís tuvo su mayor esplendor, después comenzó a declinar y fue cerrado en 1963. En 1981, fue comprado por el empresario CARLOS ROTTEMBERG, quien en 1998 lo alquiló a una iglesia evangelista, situación que se extendió hasta 2006, cuando el teatro reabrió y se sumó al circuito de salas que organiza Rottemberg, junto con el Multiteatro y el Liceo.

Les Amassadeurs (1929-1930)
Los propietarios del Armenonville adquirieron la manzana comprendida entre Canning (hoy Scalabrini Ortiz), Salguero, Av. Centenario (hoy Figueroa Alcorta), predio en el que actualmente están los estudios del Canal 9 de TV y habilitaron el segundo Armenonville, pero llamándolo «Les Ambassadeurs», pero no tuvo el éxito del anterior y pronto cerró sus puertas..

Casanova (1931-
Estaba justo en frente al Marabú. La orquesta de Lucio Demare amenizaba el lugar. Se inauguró en 1931 con la orquesta de Juan Canaro y la jazz de Ian Gregor (Gregor Kalikian), que acompañó a Gardel en sus grabaciones en francés. En este cabaret se presentó la orquesta Los Provincianos, con Ciriaco Ortiz, en las únicas actuaciones en público de esta formación, creada solamente para grabar.
Marabú (1934-1980)
El cabaret Marabú nació en el subsuelo de un palacio italiano de la calle Maipú 359, entre Sarmiento y Corrientes de la ciudad de Buenos Aires. Fue inaugurado en 1934 por el empresario español Jorge Sales, quien con su proyecto, quiso rendirle culto a una ciudad que lo había atrapado por sus misterios, sus sensualidad y su cosmopolitismo, instalando este “lugar de tango”, que con su nombre quedará vinculado a ese “mundo tanguero” que ama: las plumas del Marabú, esa exótica ave africana, eran las que usaban las vedettes y “mujeres bravas” de entonces en sus “boas de colores” y vestimenta.

Ocupaba un local de aproximadamente 1000 m2, decorado con un estilo “art decó”, pisos en damero blanco y negro y como todos los cabarets de los años 30, alrededor de una gran pista de baile se ubicaban las mesas, las barras, y los escenarios para dos orquestas de música típica y jazz que se alternaban. Y como todos el Marabú, no era un lugar para parejas sino que estaba destinado a grupos de hombres y de mujeres solos y solas; eran lugares de baile y encuentros.

En Marabú actuaban las más renombradas orquestas de Tango, siendo la de Carlos Di Sarli la que más duró en cartel y allí debutó Aníbal Troilo el 1° de julio de 1937

Sobre la puerta de entrada, custodiada por un severo portero con faldón y gorra con el nombre del lugar, había un cartel que decía: «Todo el mundo al Marabú/ La boîte de más alto rango/ donde Pichuco y su orquesta/ hará bailar buenos tangos».

Entre sus asiduos concurrentes se destacaban figuras del espectáculo, de la política, del empresariado y se dice que Miguel Bucino que se lucía bailando con las “chicas”, que oficiaban de camareras a las que se llamaban “alternadoras” o “coperas”, porque estimulaban el consumo de bebidas en beneficio del propietario del lugar, solicitando se las invitara con una copa a los parroquianos.

Tibidabo (1942-1955)
Inaugurado el 24 de abril de 1942, fue un importante local que se promocionaba como “restorán-dancing”, ubicado en la avenida Corrientes 1244, entre Talcahuano y Libertad de la ciudad de Buenos Aires.

Inicialmente su nombre fue “Cabaret Corrientes”, pero a poco de funcionar, fue cambiado por el empresario catalán, copropietario del establecimiento que se llamaba JUAN SARRAT para homenajear el pico montañoso de ese nombre que existe en Barcelona, su tierra natal.

Si bien, también concurrían algunas parejas para bailar Tango, la mayor parte de su concurrencia estaba constituída por hombres solos que hicieron su lugar preferido para escuchar o bailar con las “alternadoras” que vestían de largo y se paseaban discretamente por el salón, esperando ser invitadas. Los concurrentes cenaban entonces así acompañados, bebían, bailaban y disfrutaban con los números musicales.

Durante años, la cartelera de las temporadas que iban de abril a diciembre hasta 1952, la orquesta de ANIBAL TROILO fue su número central y figura emblemática del lugar, mientras que en el resto del año, actuaban otros conjuntos entre los que se recuerda al de PEDRO MAFFIA, FRANCINI PONTIER, ANTONIO RODIO, DOMINGO STAMPONE, OSVALDO FEDERICO y OSVALDO PUGLIESE.

En 1942, fue en el Tibidabo que se estrenó el tango “Los mareados» de JUAN CARLOS COBIÁN y ENRIQUE CADÍCAMO. Cuando el 12 de abril de 1943 se dio comienzo a la segunda temporada, las palabras alusivas estuvieron a cargo de JULIÁN CENTEYA, la actuación de la orquesta de ANIBAL TROILO con su cantor FRANCISCO FLORENTINO, fue presenciada por muchas glorias del Tango, entre las que se recuerda a TANIA, LUCIO DEMARE y EFRAÍN OROZCO y el maestro de ceremonias, fue el famoso y querido locutor radiofónico JAIME FONT SARAVIA. En 1953 y 1954 se presentó allí el sainete lírico “El patio de la Morocha”.

En 1955 cesó en sus actividades, el local que ocupaba el cabaret fue demolido y el solar fue ocupado para construir allí el restaurante “La chirrasquita”. Años después el Tibidabo será evocado en el Tango “Corrientes bajo cero” de ROBERTO CHANEL y ALDO QUEIROLO.

Y no olvidemos otros establecimientos que brillaron en la noche porteña y que ya no están: el “Bambú”, que quedaba en Corrientes y Maipú (a la vuelta del Marabú), un lugar que luego se revirtió en “El embrujo de Sevilla”, una sala de espectáculos españoles; el “Lucerna”, en Suipacha 567; el “Cote D’Azur”, en 25 de Mayo entre Corrientes y Lavalle; el “Novelty”, en Esmeralda entre Lavalle y Corrientes y los del barrio de La Boca, reducto xeneise donde existieron dos famosos cabarets, frecuentados por marineros y personajes de la Ribera, donde el ambiente era más pesado. Eran “El avión” y el “Charleston” y estaban ubicados uno junto al otro, ambos sobre la calle Pedro de Mendoza

Los cabarets del bajo en Buenos Aires
La zona denominada “del bajo” de la ciudad de Buenos Aires, fue quizás donde se concentró la mayor cantidad de clubes nocturnos, cabarets o “piringundines” como quieran llamarse. Quizás esperanzados en poder cautivar como clientela a los numerosos tripulantes de los barcos que llegaban desde el extranjero a la ciudad, algunos “empresarios de la noche”, eligieron esas calles para habilitar sus negocios, muchos de ellos de dudosa moralidad, que transformaron en una “zona roja”, esos pintorescos lugares que vivían solamente de noche.

Recordamos que los más famosos,  el “Derby”, el “Royal”, el “Cielo de California”, el “Montmartre” y el “Ocean Dancing”, quizás el más importante y de mayor categoría de todos ellos, resucitaban cada medianoche de su letargo diurno, para ofrecer sus oscuros rincones donde marineros y gente de avería tomaba sus copas o ensayaba sus dotes de bailarín abrazado a una resignada “copera.

Ocean Dancing. Cabaret de la avenida Leandro N. Alem. Foto 1939. Seguro que esto no lo conocías... | Fotos de buenos aires, Viaje argentina, Argentina

Casi todos ellos estaban ubicados a lo largo de la calle Leandro Alem y el Ocean Dancing ocupando el número 286de la misma. Fue allí donde actuaron Miguel Caló, Osvaldo Pugliese y donde debutó Raúl Kaplán con Roberto Goyeneche como vocalista.

A partir de 1945 ese tipo de cabarets fue desapareciendo. Primero, lo hicieron “los cabarets del Bajo”, y luego los del Centro, lo que significó una importante pérdida de la fuente de trabajo para muchos músicos y aunque llegará otro tipo de escenarios donde actuar y nuevas costumbres, no tendrán el calor ni la mística, que agrandados por la nostalgia, caracterizaron a aquellos que ya no están.

La Ley de Profilaxis 12.331 dictada el 17 de diciembre de 1936 que frenó la trata de blancas, disminuyó la vigencia del Cabaret, especialmente “los del bajo”, provocando una situación que se potenció durante la década del 50, cuando éstos fueron reemplazados por boîtes, whiskerías y “boliches”, que sumado a las campañas moralistas y persecuciones de un famoso Comisario de Policía llamado LUIS MARGARIDE, provocaron el derrumbe de la vida nocturna de ese Buenos Aires marginal que felizmente ya se fue.

Fuentes: «Verdad y leyenda del Café de Hansen». Ricardo Llanes, Diario La prensa del 28 de agosto de 1966; «Diccionario Histórico Argentino». Ione S. Wright y Lisa M. Nekhom. Emecé Editores, Brasil 1994; «Historias del tango«. León Benarós, Ed. Corregidor, Buenos Aires, 1977; «El Tango, desde el umbral hacia dentro», Nota de Rafael Flores en el Nª 354 de la Revista Todo es Historia; «Un mito porteño: lo de Hansen». Mario Mabragaña en el Nº 44 de la Revista Todo es Historia; «El libro del Tango». Horacio Ferrer, Ed. Galerna, Buenos Aires, 1977; «El Buenos Aires de Ángel Villoldo». Enrique Horacio Puccía, Ed. Corregidor, Buenos Aires, 1976; Los cafés: una institución porteña». Nota de Miguel Ángel Scenna en el Nº 21 de la Revista Todo es Historia; «Los cafés de Buenos Aires». Jorge Alberto Bossio, Ed. Schapire, Buenos Aires, 1968; «El café de Hansen». Autores varios, Ed. Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, Buenos Aires, 2009.

 

3 Comentarios

  1. Grace Barone

    Quisiera comentarios acerca de un local del Buenos Aires de la primera mitad del siglo XX llamado «Le bateau enchante», ya que no sé dónde estaba ubicado. Heredé de mi padre un pequeño «velador» de madera que representa un marinero apoyado en una luminaria. Sobre la base, también de madera, está grabada la frase «Le bateau enchante».

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  2. Grace Barone

    Quisiera comentarios acerca de un local del Buenos Aires de la primera mitad del siglo XX llamado «Le bateau enchante», ya que no sé dónde estaba ubicado. Heredé de mi padre un pequeño «velador» de madera que representa un marinero apoyado en una luminaria. Sobre la base, también de madera, está grabada la frase «Le bateau enchante».

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  3. Grace Barone

    Quisiera comentarios acerca de un local del Buenos Aires de la primera mitad del siglo XX llamado «Le bateau enchante», ya que no sé dónde estaba ubicado. Heredé de mi padre un pequeño «velador» de madera que representa un marinero apoyado en una luminaria. Sobre la base, también de madera, está grabada la frase «Le bateau enchante».

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