RETRATOS VERDADEROS Y RETRATOS APÓCRIFOS

Existe la fundada creencia que los retratos exhibidos por la historia, en muchos casos, no representan la verdadera efigie de algunos próceres argentinos, ya que fueron creados por la fantasía de algún artista o bien realizados según referencias verbales obtenidas acerca de sus rasgos fisonómicos, muchas veces influenciadas por necesidades circunstanciales de material gráfico, intereses mezquinos o simples demandas estéticas.

No vamos a hablar aquí entonces de las caricaturas que de nuestros próceres han circulado en gran cantidad desde que la política apareció en el mundo del periodismo y las artes gráficas. Nos referiremos aquí a algunos de los casos que demuestran los intereses mezquinos, la ingenuidad, la ignorancia o la ausencia de datos precisos, que han justificado a lo largo de nuestra Historia pasada, la existencia de estos cuadros y retratos de nuestros próceres que no representan su verdadera imagen.

General José Francisco de San Martín
Opiniones de expertos absolutamente disímiles, a veces hasta hacen dudar acerca de la verdadera fisonomía del general JOSÉ DE SAN MARTÍN. Pablo C. Ducrós Hicken asegura: “La ausencia de retratos del General José de San Martín, artísticos y fidedignos, de esmerada ejecución, no permite determinar su físico con la exactitud deseada, sino con la incertidumbre poco satisfactoria que producen las representaciones un tanto inseguras y contradictorias. Con sincero y hondo pesar debamos concluir que no existe una sola obra verdaderamente artística acorde con la excelsa personalidad de José de San Martín. Si el mejor de sus retratos llega a ser discreto, en verdad, el resto es mediocre y aun malo, sin que falte lo imaginado y lo apócrifo”.

Pablo C. Ducros Hicken (1903-1969): Iconografía de San Martin - Tapa - Propósito

“Las manifestaciones iconográficas que de la figura de San Martín nos han dejado los artistas de su tiempo hacen lamentar la oportunidad que perdieron, porque no lograron ejecutar un verdadero retrato de psicología profunda y realismo convincente”.

“El arte de pintar no es sino el arte de expresar lo invisible por lo visible”, dice el célebre crítico Eugenio Fromentin en “Les maîtres d’autrefois”. En los retratos sanmartinianos si el aspecto físico aparece impreciso y poco sugerente, lo invisible –el espíritu- está descuidado en absoluto. Los artistas que reprodujeron la imagen de San Martín carecieron quizá del talento requerido o de la técnica imprescindible; o bien se sintieron cohibidos ante su mirada tan elocuente y enérgica”.

En cuanto a las litografías “son meros trabajos comerciales, de mano segura, pero sin emoción ni arte; el bueno de MADOUdebía de fabricarlas en cantidad, dos o tres por día, así trazó su San Martín como sus abates, poetas y viajeros”.

En contraposición con lo expresado, el historiador, escritor y diplomático BONIFACIO DEL CARRIL en su obra “Iconografía del General José de San Martín”, asegura que en 1817, en Chile, el artista peruano JOSÉ GIL DE CASTRO pintó sobre cobre el que se considera como el primer retrato tomado del natural. Es el San Martín de gran nariz, pelo abundante y mechón sobre la frente, con el sable corvo bajo el brazo, la condecoración de la batalla de Chacabuco en el pecho y banda del grado de general. No es la imagen favorita del público, pero es “la expresión verdadera de la figura de San Martín, tal como fue tomada del natural”.

Tratando de superar estas dicotomías acercaremos un quizás incompleto resumen referido a los retratos realizados por artistas y retratistas y a los daguerrotipos que existen con su imagen, consignando el nombre de sus autores, el lugar y la fecha de la toma. Quizás de la lectura de todo este material y de la infinidad de textos que se refieren a este tema, algún día podremos saber realmente cómo era SAN MARTÍN físicamente.

Comenzaremos diciendo que a lo largo de sus 72 años de vida, JOSÉ FRANCISCO DE SAN MARTÍN posó para ser retratado alrededor de cinco o quizás siete veces, pero no más. El resto de las imágenes que lo muestran en distintas etapas de su vida, fueron imaginadas o daguerrotipos, cuando esta técnica hizo su aparición. Por eso cabe la pregunta: cómo era físicamente en verdad SAN MARTÍN?.

El más antiguo retrato conocido del prócer, sería una miniatura a la témpera, sobre marfil, ejecutada entre 1812 y 1814 por un artista que firmó con las iniciales B. L. En la misma, viste uniforme y muestra un semblante “de carácter acentuadamente español, la boca levemente carnosa y apretada y la nariz aguileña, tomada de frente”.

El primer retrato que se conoce de SAN MARTÍN es, como lo consignara DEL CARRIL, aquel que en 1817, poco después de a haber vencido en la batalla de Chacabuco, estando en Santiago de Chile, el artista peruano JOSÉ GIL DE CASTRO pintó sobre cobre el que se considera como el primer retrato tomado del natural.

Luego, lamentablemente se fueron realizando copias en tela de esta obra, pero alargando y estilizando la imagen y colocándole agregados simbólicos y leyendas, por lo que la naturalidad y autenticidad del original realizado por GIL DE CASTRO, fue lógicamente disminuyendo y así se difundieron. Actualmente, hay siete u ocho copias de este retrato realizadas por el mismo autor, de las cuales dos se encuentran en el Museo Histórico Nacional.

En 1824, cuando SAN MARTÍN, ya retirado de la vida pública, residía en Bruselas (Bélgica), posó para varios retratos. El primero, fue obra del famoso medallista JEAN-HENRI SIMÓN, único retrato de perfil, existente que fue tomado del natural y que se debe ser considerado como muy fiel, dada la calidad del escultor.

Dos destacados artistas, el belga BAPTISTE MADOU y el francés FRANÇOIS BOUCHOT, son los autores de otros dos retratos de SAN MARTÍN. El de BOUCHOT mide 340×250 mm. y lo presenta como Protector del Perú, con uniforme de gala despojado de todas sus insinias y condecoraciones. Esbelto y con el rostro ya no tan enjuto como lo pintara GIL DE CASTRO, es un hermoso retrato que está conservado en la Academia Militar de los Estados Unidos, en el museo de West Point

Hay otro retrato con la figura de SAN MARTÍN mirando hacia la izquierda y contenida en un óvalo, que tiene en la base una cinta con la leyenda: “El Gen mo José San Martin Protector del Perú”, y no se sabe si es producto de la imaginación de un artista desconocido o fue pintado del natural con SAN MARTÍN posando.

Hacia 1825 (o quizás en 1827), en Bélgica, cuando ya tenía casi cincuenta años, posa para el pintor JEAN-JOSEPH NAVEZ y éste lo muestra de frente, con traje de civil. Un magnífico retrato “sin duda ligeramente hermoseado”, dice Del Carril, pero los rasgos “son perfectamente reconocibles e identificables con los demás retratos directos que le fueron tomando”.

El tercer retrato belga tuvo varias versiones. El general GUILLERMO MILLER le pidió a San Martín que se lo enviara para ilustrar las memorias de su hermano José. Entonces, el Libertador posó ante el pintor y litógrafo JEAN-BAPTISTE MADOU. Éste lo representó de civil y con capa, en una pintura de la que hizo luego una litografía. San Martín le hizo correcciones, hasta que quedó más o menos satisfecho. Entonces, Madou puso al rostro un uniforme militar. Este es el San Martín más conocido, el “de las estampillas y de los billetes”.

Pablo C. Ducros Hicken (1903-1969): Iconografía de San Martín III - por Pablo C. Ducros Hicken

Esa famosa efigie donde el general aparece envuelto en la bandera (imagen a la izquierda), fue obra de la profesora de pintura de su hija Mercedes, cuyo nombre se ignora. Supone DEL CARRIL que varias manos (muy probablemente la de MADOU) intervinieron en este óleo.

Mercedes sorprendió a su padre al entregárselo en 1829, al regreso del fallido viaje a Buenos Aires. “A pesar de la “fatiga visual” que nos produce su extraordinaria divulgación, se trata de una magnífica figura que representa fielmente el rostro del prócer. San Martín tenía tanta estima por este retrato, que lo conservó hasta la muerte en su dormitorio” dice DEL CARRIL.

El último retrato auténtico, fue realizado en París, en febrero de 1848, quizás con motivo de su cumpleaños. No es una pintura sino una fotografía al daguerrotipo, es decir impresa sobre cobre y no sobre papel. SAN MARTÍN fue fotografiado en posición sedente, con traje civil y con una pequeña diferencia entre las dos tomas que se le hicieron: en una está con el brazo apoyado en el apoyabrazos, mientras que en la otra lo lleva al interior de la levita.

Es lógico deducir entonces, que esos dos daguerrotipos fueron los que muestran las imágenes más reales que existen sobre el prócer en su ancianidad y no simplemente la obra de un artista. Fue el primer formato técnico de la fotografía creada por el francés José Daguerre. No se trata de un dibujo, es una imagen tomada a través de un aparato, cuando el prócer tenía setenta años y estaba casi ciego. Fue llevado al estudio del daguerrotipista por su hija Mercedes.

Ambas tomas se han perdido, pero ha llegado hasta nuestros días un cuadro que en 1856, MERCEDES, la hija del Libertador, después de fallecido su padre, pintó su retrato al óleo, basándose en uno de esos dos daguerrotipos tomados en 1848 y en el grabado que EDMOND CASTAN le realizara en 1850.

En un minucioso estudio de DEL CARRIL se enumeran también otros rostros ejecutados en vida del Libertador, aunque no posara para ellos. Son, cronológicamente, el grabado de NÚÑEZ DE IBARRA; tres figuras ecuestres, obras del famoso pintor francés THÉODORE GERICAULT; una miniatura de JOHN FREDERIK WHEELER, hecha sobre marfil; un óleo atribuido a GREGORIO TORRES y otro pintado en Perú por MARIANO CARRILLO, con el uniforme de Protector de ese país y un último óleo realizado en Chile por FRANCIS DREXEL, obras éstas, a las que habrá que agregar las siguientes, todas ellas actualmente expuestas en el Museo Histórico Nacional:

“San Martín trasmontando Los Andes” (1865), óleo sobre tela de Martín Boneo, realizado en Santiago de Chile; “La revista de Rancagua”(1872), de Juan Manuel Blanes; “Chacabuco” y “El abrazo de Maipú (1908), ambos óleos sobre tela del pintor chileno Pedro Subercaseaux; “El combate de San Lorenzo”(1889?), óleo sobre tela realizado por el pintor argentino Julio Fernández Villanueva; “La batalla de Maipú” (1889?), también óleo sobre tela de Villanueva; “El paso de Los Andes”, óleo sobre tela de Augusto Ballerini, “el cruce de los Andes”, litografía de Waldemar Carlsen, “El Ejército de Los Andes saliendo del campamento del Plumerillo”, dibujo a pluma y dos tintas de José Bouchet y “El abrazo de San Martín y O’Higgins”, también de José Bouchet.

En este texto, lo  referido al general San Martín es una recomposición realizada con material extraído de “elciudadanoweb.com”, “Iconografía del general don José de San Martín”, Bonifacio Del carril, Editado por la Presidencia de la Nación, Buenos Aires, 1970; “Notas descriptivas de las piezas reproducidas en Iconografía del General San Martín de Bonifacio del Carril”. Luis León Houssay, Ed. EMECÉ, Buenos Aires, 1971; “Iconografía de San Martín”. Pablo C. Ducrós Hicken; Material gráfico editado por el Museo Histórico Nacional.

Martín Miguel de Güemes
La imagen que tenemos de MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES Y DE LA MATA, no refleja la realidad. Como GÜEMES nunca fue retratado, no existen retratos auténticos del caudillo salteño ya que jamás quiso posar para que lo retraten.

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Los cuadros que lo representan son el resultada de la reconstrucción imaginativa de sus autores, lograda sobre la base de los testimonios de la época que sobre su persona se han conservado y se dice, habiendo tomado como modelo, un retrato que un artista francés, a su paso por Salta, después de muerto el caudillo, realizara tomando como modelo a MARÍA MAGDALENA DÁMASO GÜEMES DE TEJADA,  la hermana del prócer, conocida como “la Macacha”.

Una hermosa mujer alta, soberbia y de extraordinario parecido físico y facial con su hermano. Adaptó rasgos masculinos, una tupida barba y eso es lo quedó para la Historia (otros autores dicen que el artista tomó como modelo a un descendiente del caudillo salteño, llamado Murúa). Algo parecido sucedió con el caudillo oriental JOSÉ GERVASIO DE ARTIGAS, cuya figura es una creación de algún artista inspirado.

General Manuel Belgrano
En el caso de MANUEL BELGRANO, nada de eso sucedió, porque estando él en vida, en 1819, el artista MANUEL NÚÑEZ DE IBARRA realizó un grabado litográfico con la efigie del prócer en un papel de hilo de 20×20 cm. (imagen a la izquierda).

La construcción de la imagen pública de don Manuel Belgrano a través de representaciones plásticas de los artistas del siglo

Ciertamente no era un trabajo de calidad, pero su figura adornada con ramilletes y atributos bélicos, vestido con uniforme militar, sirvió de modelo a los innumerables retratos que luego se hicieron, generalmente tratando de dotarlos con una mayor luminosidad, con detalles que ennoblecieran la imagen, o con ropas de civil (en un intento de negar su incursión en el ámbito castrense), provocando con ello, una distorsión que hoy nos hace dudar acerca de cuál fue el verdadero rostro de MANUEL BELGRANO.

Y si bien el mérito artístico de este retrato no es grande, en cambio tiene suma importancia histórica, pues es uno de los primeros ensayos de la litografía que se hicieron en aquel entonces, después de que apareciera en Buenos Aires en 1789, una estampa de la Virgen de Luján, obra de MANUEL RIVERO.

Bernardo de Monteagudo
El rostro de BERNARDO DE MONTEAGUDO que ha tenido mayor difusión (aún hasta hoy), corresponde a una imagen falsa del prócer y eso se debe a una argucia utilizada por el historiador argentino MARIANO PELLIZA, su primer biógrafo.

Biografia de Bernardo de Monteagudo

Resulta que en 1880, MARIANO PELLIZA publicó su obra “Monteagudo, su vida y sus escritos”, donde aparecía un retrato de MONTEAGUDO (imagen), que durante mucho tiempo se consideró como el exponente de la real imagen del prócer, reproducida a partir de entonces, en numerosas publicaciones que la daban como auténtica.

Y así fue hasta que en 1943, el escritor y biógrafo tucumano MANUEL ELIZONDO BORDA, publicó una biografía de MONTEAGUDO que incluía un retrato completamente diferente al expuesto por PELLIZA. Era una copia en blanco y negro de un retrato que el pintor V. S. NOROÑA realizara en 1876, basándose en un retrato anterior que MONTEAGUDO se había hecho hacer en 1822, cuando estuvo en Panamá, lamentablemente ya desaparecido.

Quiénes asesinaron a Bernardo de Monteagudo? - Edición Impresa - Opinión : : El Litoral - Noticias - Santa Fe - Argentina - ellitoral.com : :

En esta nueva versión (imagen), MONTEAGUDO aparecía con rasgos que evidenciaban su afrodescendencia, confirmando la versión de que sus verdaderos padres eran el español MIGUEL MONTEAGUDO y una esclava de un canónigo cercano a la familia, que luego se casó con un soldado español, que fue quien financió su educación hasta que se recibió de abogado en Chuquisaca.

Qué había pasado?. Según se supo pronto, cuando PELLIZA estaba escribiendo su obra, no tenía a mano ningún retrato de MONTEAGUDO, por lo que, luego de informarse que a éste, se le atribuía un gran parecido con el prócer chileno BERNARDO VERA Y PINTADO, recurrió a un dibujante llamado HENRY STEIN para que sobre la base de las facciones del chileno, realizara un “retrato de Monteagudo”

Acotemos que a la luz de sucesos acaecidos durante su vida, es evidente que la tez era de MONTEAGUDO era la de “un moreno”, por cuanto, “ya de adulto, sus enemigos políticos buscaron discriminarlo utilizando los criterios establecidos en las colonias españolas por los Estatutos de limpieza de sangre, sosteniendo que su madre descendía de indígenas o esclavos africanos y aplicándole los calificativos de “zambo” o “mulato” (Wikipedia).

José Gervasio de Artigas
Si bien ARTIGAS, el máximo prócer de la República Oriental del Uruguay, no es argentino, su presencia, trascendente y fundamental en la Historia de la Independencia Argentina nos autoriza a incluírlo en esta nómina de próceres cuyas efigies son motivo de discrepancias que hacen dudar acerca de la autenticidad de los retratos que los perpetúan.

Archivo:Juan Manuel Blanes - Artigas en la Ciudadela.jpg

ARTIGAS es uno de los héroes americanos cuyo retrato ha sido objeto de más discusiones y dudas, porque el caudillo oriental jamás aceptó posar para artista alguno, hasta que anciano ya, exiliado en el Paraguay, aceptó hacerlo para ALFRED DEMERSAY en 1844. El célebre retrato de Artigas realizado por JUAN MANUEL BLANES en 1884 (iagen a la derecha), 34 años después de muerto el prócer, y conocido como “Artigas en el puente de la Ciudadela”, no sería otra cosa que el retrato “imaginado” por el artista, que sin modelo, volcó en la tela todos los datos que disponía acerca de la fisonomía, el porte, el carácter y el espíritu del prócer, logrando un resultado que se volvió icónico para el pueblo uruguayo y el mundo todo (ver “El retrato de José Gervasio de Artigas, un ícono nacional”)

Fuentes: “Iconografía del general don José de San Martín”, Bonifacio Del carril, Editado por la Presidencia de la Nación, Buenos Aires, 1970; “Notas descriptivas de las piezas reproducidas en Iconografía del General San Martín de Bonifacio del Carril”. Luis León Houssay, Ed. EMECÉ, Buenos Aires, 1971; “Iconografía de San Martín”. Pablo C. Ducrós Hicken; Material gráfico editado por el Museo Histórico Nacional; “El retrato de José Gervasio Artigas, un ícono nacional” y “El primer retrato de Artigas”, artículos de Laura Malosetti Costa publicados en la “Revista de Historia del Arte y Cultura Visual del Centro Argentino de Investigadores del Arte”. Laura Malosetti Costa, Buenos Aires.

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