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CARRILLO, RAMÓN (1906-1956)
Neurocirujano, neurobiólogo, médico sanitarista. De una memoria extraordinaria y fotográfica, es considerado el padre del sanitarismo en la Argentina y el impulsor de una fuerte transformación en la salud pública del país, creando instituciones sanitarias gratuitas y permitiendo así una mayor equidad en la atención médica.

Nació en Santiago del Estero el 7 de marzo de 1906. A los 18 años ingresó a la Facultad de Medicina de la UBA y tres años después era practicante en el Hospital de Clínicas. A los 23 años se recibió de médico con medalla de oro y su tesis doctoral premiada. Se acercó al nacionalismo de la época y fue amigo de los hermanos Discépolo y de su coprovinciano Homero Manzi
En 1930, a los 22 años, recibió una beca universitaria que le permitió formarse en neuropatología en importantes centros europeos. Durante tres años investigó sobre esclerosis cerebral y la polineuritis experimental. A su regreso, organizó el laboratorio de Neuropatología del Instituto de Clínica Quirúrgica. Implementó nuevas técnicas de diagnóstico neurológico y fue uno de los precursores de la tomografía computada. En 1942 fue designado profesor titular de Neurocirugía en la facultad de Medicina, donde llegaría a ser Decano interino en 1945.
En 1946 se elevó la vigente Secretaría de Salud al rango de Ministerio y CARRILLO fue nombrado Ministro de Salud Pública por JUAN DOMINGO PERÓN. Ejerció el cargo entre 1946-1954, durante los gobiernos de PERÓN y durante su gestión, se construyeron Hospitales, Centros de Salud (pequeñas unidades asistenciales ubicadas en barrios), Hogares escuelas, Hogares para ancianos e Institutos de formación en enfermería. “No puede haber medicina sin medicina social”, sostenía en su obra “Teoría del hospital”, editada en 1951.
Creó la “Empresa de Medicamentos del Estado Argentino”, que fue la primera fábrica nacional de medicamentos. Desarrollaba sus actividades en el “Instituto Malbrán” y producía medicinas un 70% más baratas que las de los laboratorios privados. Impuso la obligatoriedad del uso del certificado de vacunación para las escuelas, obligando a las familias a vacunar a los más pequeños y cuando logró erradicar el paludismo, convirtió al servicio nacional de lucha antipalúdica en lucha antituberculosa
Estableció la atención médica gratuita para toda la población, un beneficio que para garantizar su aplicación, exigió del gobierno, que se llevaran adelante modernas y revolucionarias políticas públicas, que efectivamente lograron que dicha prestación alcanzara a cada argentino y argentina. Un ejemplo de esta voluntad política es el “Tren Sanitario”, una locomotora que arrastrando algunos vagones dispuestos como consultorios provistos del equipamiento médico-quirúrgico necesario, recorría el país llevando médicos y odontólogos atendiendo a los pacientes que encontraba en sus recorridas.
Fue ministro durante ocho años y en esos años, se construyeron 21 Hospitales con una capacidad de 22.000 camas. En colaboración con la Fundación Eva Perón, se levantaron policlínicos en Avellaneda, Lanús, San Martín, Ezeiza, Catamarca, Salta, Mendoza, Jujuy, Santiago del Estero, San Juan, Corrientes, Entre Ríos y Rosario.
Con su salud muy afectada, renunció en 1954 y el 16 de junio de ese año, asumió en su reemplazo el doctor Raúl C. Bevacqua. CARRILLO volvió entonces a la cátedra de Neurocirugía y a fines de 1954, se le ofreció una beca para llevar adelante un estudio antibiótico en los Estados Unidos. El 15 de octubre partió, junto a su esposa y cuatro hijos, de Buenos Aires. Nunca más volvería al país.
Consiguió empleo de médico en una compañía americana de explotación de metales, en plena amazonia, a dos días de Belém do Pará, en Brasil. Cuando llegó, comprobó que era la primera vez que los trabajadores veían a un médico. El día que cumplió 50 años lo hizo con un terrible dolor de cabeza y fue en algunas oportunidades a Río de Janeiro a tratarse. El 28 de noviembre de 1956 sufrió un derrame cerebral que le paralizó la parte izquierda de su cuerpo. Quisieron trasladarlo a un centro de mayor complejidad, pero era arriesgado hacerlo en esas condiciones y se pospuso hacerlo. No se pudo controlar su presión arterial, que se mantenía en 260/150 y el 20 de diciembre de 1956, falleció en ese Hospital de Belém, en Brasil, a las siete de la mañana (Ver)