ASESINATO DEL GENERAL JUSTO JOSE DE URQUIZA (11/04/1870)

Corre el mes de marzo de 1870. En Entre Ríos, después de la visita del presidente SARMIENTO a URQUIZA, soplan vientos revolucionarios. Recordemos que como estímulo a la acción de los “antiurquicistas”, el 15 de marzo de ese año, los revolucionarios blancos desde la provincia de Entre Ríos, encabezados por los generales TIMOTEO APARICIO y ANACLETO MEDINA, este último compañero de los postreros días de FRANCISCO RAMÍREZ, el Supremo Entrerriano, invaden la República Oriental del Uruguay.

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La conspiración contra URQUIZA, mientras tanto, se desarrolla desde tres centros opositores: Paraná, Concordia y Concepción del Uruguay. En la primera de estas ciudades, el periodista y dramaturgo FRANCISCO F. FERNÁNDEZ lleva a cabo, desde las columnas de su periódico revolucionario, Obrero Nacional, una intensa campaña contra el régimen urquicista, el cual ha dado buen pábulo a los viejos federales con el discutido contrato Fragueiro, por el cual se había entregado el cobro de la contribución directa y el arrendamiento a un particular, que había ganado el 33 % de la renta recaudada.

En Concordia actúan los federales correntinos JUAN VENTURA MONTAÑA, JOSÉ MARÍA GENEYRO, ANDRÉS HERRERA, JOSÉ TOLEDO y LUCIANO CÁCERES; los hermanos MARIANO y CARLOS MARÍA QUERENCIO y el coronel oriental FEDERICO ABERASTURY, uno de los sobrevivientes de Paysandú. En Concepción del Uruguay, un buen número de diputados provinciales, casi todos ex alumnos del Colegio histórico de Concepción del Uruguay, están en la conjura y todos en estrecho contacto con el general RICARDO LÓPEZ JORDÁN, cuya estancia de Arroyo Grande es algo así como el cuartel principal de la revolución en marcha, mientras, desde Buenos Aires, alientan al movimiento los doctores ALBERTO LARROQUE, ex rector del Colegio de Concepción del Uruguay y EVARISTO CARRIEGO, poeta, magistrado y periodista.

El 31 de marzo el gobernador de Entre Ríos JUSTO JOSÉ DE URQUIZA le ordena al jefe político de la ciudad de Paraná, DOMINGO COMAS, que detenga a FRANCISCO F. FERNÁNDEZ y lo remita a Concepción del Uruguay «con seguridad y a la brevedad”, pero cuando COMAS dispone la detención del periodista, éste ya se encuentra en la estancia de LÓPEZ JORDÁN, en Arroyo Grande, ultimando con el jefe del movimiento rebelde los pormenores del plan, cuyos objetivos eran: apoderarse por sorpresa del palacio San José y de la persona de URQUIZA, al que se le exigiría la inmediata renuncia o su salida al exterior.

Para realizarlo, los conjurados contaban con el apoyo de varios elementos infiltrados, conocedores de los secretos y distribuciones del palacio San José y de las costumbres de URQUIZA: el mayor ROBUSTIANO VERA, y NICOMEDES CORONEL, mayordomo del propio Urquiza y con la complicidad y el apoyo de los oficiales de guardia de servicio en el palacio, JUAN y  CARLOS ANDERSON y del coronel cordobés SIMÓN LUENGO, viejo federal que se considera traicionado por su antiguo jefe, el gobernador URQUIZA.

Luego de disponer los últimos movimientos previos al asalto al palacio, el 11 de abril de 1870, parte entonces LÓPEZ JORDÁN desde su estancia en Arroyo Grande hacia San José y en el camino se le van uniendo nuevos adherentes a su causa, la mayoría de ellos, peones de URQUIZA (ver Levantamiento de López Jordán)..

Son en total entre 80 y 100 hombres que divididos en dos columnas al mando del mayor VERA y del capitán MOSQUERA, llegan a las 19,30 de ese lunes de 1870 llegan al palacio y encuentran las puertas abiertas, misión que se le había encomendado a FACUNDO TECO, un hombre del regimiento escolta de URQUIZA.

Avanzan hacia el interior y se encuentran con URUIZA que se hallaba conversando con el mayor SOLANO y con el doctor JOSÉ ROMUALDO BALTORÉ, quienes, mientras ya se escuchan los primeros disparos que provenian de la guardia que era atacada por el mayor VERA, los miran asombrados. URQUIZA quizás pensó que eran sus hombres que llegaban desde Nogoyá los autores de esos disparos, quizás de festejo por el regreso a casa, pero al comprender la realidad de la situación corrió en busca de un arma. Lo primero que encuentra es un viejo rifle y mientras intenta salir con él para enfrentar a sus atacantes, se encuentra con una partida de los revolucionarios que ya ha logrado ingresar en una de las habitaciones interiores. Dispara al bulto y logra herir a AMBROSIO LUNA, pero uno de los soldados le dispara a quemarropa, lo hiere en el lado izquierdo de la cara y aunque la herida no es mortal, lo abate.

La confusión reina en el interior de esa habitación. Ingresa la hija de URQUIZA y horrorizada ve a su padre tratando de huir y aferrado a uno de los marcos de la puerta, mientras NICOMEDES CORONEL y el capitán ÁLVAREZ le infieren repetidas heridas de arma blanca, hasta que URQUIZA cae muerto

“Vinimos a sacar al tirano de por medio, porque estaba vendido a los porteños”, dirá empuñando aún el arma asesina el capitán ÁLVAREZ, mientras le asegura protección a JUSTA, la hija de URQUIZA que lloraba desconsoladamene. En Concordia, esa misma noche caen asesinados dos hijos de URQUIZA, JUSTO CARMELO y WALDO, comandante militar y jefe político respectivamente de ese Departamento entrerriano. (1). Otras versiones aseguran que fue el sargento mayor SIMÓN LUENGO, el autor del disparo que mató a URQUIZA.

Fuente: Crónica Argentina, Ed. Codex, Buenos Aires, 1979

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