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AJUSTICIAMIENTO DE ÁLZAGA (06/07/1812)
En junio de1812, MARTÍN DE ÁLZAGA, aquel hombre de heroico comportamiento en las invasiones inglesas, se vio implicado en un dudoso acontecimiento en el que se lo acusaba de organizar un levantamiento contra el gobierno. Al parecer, este rico comerciante español habría estado en contacto con los mandos del ejército portugués que ocupaba la Banda Oriental, en previsión de alguna acción conjunta que pudiera realizarse con los españoles de Montevideo (1).
La denuncia se inicia con los comentarios de un esclavo a su ama, en los que refiere que un español radicado en Buenos Aires, le había contado que se estaba preparando un levantamiento. Se hizo declarar al negro, al propio hijo de uno de los acusados contra su padre, que se trataba de un niño de 10 años y a otros testigos dudosos, y como resultado de una rápida y superficial investigación se pena de muerte a 33 personas, entre ellas ÁLZAGA.
A la una y media de la mañana del 6 de julio de 1812, ÁLZAGA y su yerno MATÍAS CÁMARA que al ser descubiertos, habían huido hacia el interior del país, fueron apresados y conducidos a prisión. Llegaba así a su fin, una situación que tuvo ribetes de una novela espeluznante.

Una denuncia de un negro llamado Ventura, de que conspiraba contra el gobierno, provocó su triste fin y media hora más tarde de su apresamiento, se firmó un auto disponiendo ejecutar la sentencia dictada en su contra dos días antes, el 4 de julio de 1812.
El Secretario del Triunvirato, BERNARDINO RIVADAVIA llevó dicha sentencia a JUAN MARTÍN DE PUEYRREDÓN para que la firmase, pero éste se negó, invocando sus sentimientos humanitarios. El 6 de julio de 1812, el triunviro Rivadavia, al recibir esta negativa, procedió por sí solo en esta emergencia y ordenó cumplir con la sentencia (recordemos que ÁLZAGA había descalificado oportunamente a RIVADAVIA, cuando éste fue propuesto a un cargo oficial y ahora Rivadavia era el que gobernaba (ver Rivadavia, un joven sin muchas luces).
Unas horas más tarde, el cadáver del héroe de la defensa de Buenos Aires y el de su yerno, pendían de la horca colgados en la plaza de la Victoria para público escarmiento, siendo éstos, los primeros en ser ajusticiados por su participación en la conspiración del 1º de julio contra el Gobierno de Buenos Aires. “En el instante mismo de su muerte, los niños de las escuelas que presenciaban el espectáculo por orden superior (…), soltaron palomas como símbolo de la libertad”.
Quedaba en el pasado y en la memoria de los porteños, los hechos que lo habían catapultado a la condición de “héroe civil” de la defensa de Buenos Aires ante la invasión de los ingleses, el 5 de julio de 1807. “No sólo estuvo presente en el peligro, sino que desempeñó, en ausencia del jefe de los efectivos porteños, SANTIAGO DE LINIERS, sus funciones, ya supliendo su ausencia, ya alentando su enérgica acción”, como ha escrito Bartolomé Mitre en su Historia de Belgrano.
MARTÍN DE ÁLZAGA había nacido en Vizcaya en 1756. Desde muy joven residió en Buenos Aires, donde llegó a ser un potentado. Merced a su valor y a su esforzado celo puso en condiciones de defensa la ciudad de Buenos Aires, cuando, la noche trágica del 2 de julio de 1807, se la consideró perdida en manos de los ingleses, tras el quebranto de Miserere (ver Martín de Álzaga)
“El 22 de julio el negro Ventura fue declarado libre con derecho al uso del uniforme del regimiento N° 2, con un escudo en el brazo izquierdo, con la inscripción: ‘Por fiel a la Patria’; y a cincuenta pesos de gratificación y un sable, “para custodia de su benemérita persona…La dueña de ventura fue compensada de la pérdida de su esclavo con 300 pesos”.
“El 9 de agosto el gobierno mandó celebrar una misa solemne en la Catedral, en acción de gracias por el descubrimiento de la “horrorosa conjuración que iban a ejecutar contra este ilustre y benemérito pueblo algunos españoles malvados y enemigos del nombre americano”.
El fusilamiento de ÁLZAGA destrozó su familia. Algunos de sus trece hijos observaron el cadáver del padre colgado en la actual Plaza de Mayo. Uno de ellos, Francisco, fue coautor de un asesinato en el año 1828 y seis de sus hijas mujeres vivieron encerradas en su casa de Bolívar 540, de donde salieron sólo para ir a misa hasta que cerca del año 1880 falleció la última de ellas, luego de esa extraña vida de ostracismo, no desvinculada de la forma en la que fue ejecutado su padre, y actuado su hermano, hundiéndolas en una injustificada vergüenza eterna.
A fin de ser justos debemos decir que ÁLZAGA era un comerciante que se había dedicado, entre otras cosas, a la venta de negros esclavos. Uno de sus barcos, el “Joaquín”, había protagonizado uno de los mayores escándalos a fines de la época colonial. Fletado por ÁLZAGA y con un cargamento de 300 negros, llegó a Montevideo con sólo 30 vivos. Todo el mundo intervino escandalizado, los jefes navales, los médicos hicieron oír su voz y se puso el barco en cuarentena. Protestó ÁLZAGA sin importarle que hubieran muerto 270 personas, y alegando que solo habían muerto de sed y no de peste, como se suponía, ya que la tripulación del “Joaquín” se hallaba en perfecta salud. No dudamos de esta última afirmación: la tripulación de un barco negrero era capaz de bañarse en agua dulce sin preocuparse de que en la bodega todo el cargamento muriera de sed”.
(1). Para ubicarnos en las circunstancias que se vivían en aquellos tiempos, debemos recodar que simultáneamente al de Álzaga, ya se estaban tramando otros movimientos contra el Triunvirato de RIVADAVIA, PUEYRREDÓN y CHICLANA, aunque por motivos muy diferentes. Mientras ÁLZAGA intentaba la restitución de estas tierras al gobierno de la corona española, quienes conspiraban contra el Primer Triunvirato, entre ellos la Logia Lautaro, liderada por SAN MARTÍN, lo hacían por la postura indecisa del Primer Triunvirato respecto a la declaración formal de la Independencia, su centralismo y su sumisión a intereses comerciales extranjeros. Y fue precisamente, ésta quien, el 8 de octubre de 1812, logró poner fin a su mandado, abriendo el camino para que el Segundo Triunvirato, integrado por, Nicolás Rodríguez Peña, Juan José Paso y José Antonio Álvarez Jonte, asumiera el poder y pusiera en marcha el relanzamiento de la lucha por la Independencia (ver el Primer Triunvirato).
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