SUBLEVACIÓN DE TUPAC AMARÚ (04/11/1780)

Hacia los  últimos tiempos del coloniaje, treinta y seis años antes de nuestras guerras por la Independencia, encabezada por TUPAC AMARÚ, estalló en el Alto Perú, una memorable sublevación de los indios de los Andes peruanos, que abarcó a todo el Altiplano y parte del noroeste argentino. José Gabriel Condorcanqui (1742-1781), era el verdadero nombre de este legendario líder de la revolución indígena que en el Alto Perú (territorios hoy pertenecientes a la República de Bolivia), se levantó contra el poder español en América y proclamó la restauración del Imperio de los Incas.

JOSÉ GABRIEL CONDORCAQUI, cacique de Tungasuca (cerca del lago Titicaca), nacido en 1740 reconocido como descendiente de los antigüos Incas y con gran prestigio y autoridad entre los nativos, con la sola ayuda de las gentes de su raza americana, el 4 de noviembre de 1780, desde la provincia de Tinta (Alto Perú) se levantó en armas contra los españoles y condujo a los suyos en una gran sublevación que se extendió por toda el área cordillerana y que representó una concreta amenaza al poder español en toda Sudamérica, intentando nada menos que romper el yugo de la dominación extranjera. Un intento que representa uno de los dramas más memorables de la historia de la América Colonial, que enardeció a toda la región andina, que trastornó los cimientos del Virreinato del Perú y sembró la semilla de la insurrección criolla en todo el subcontinente, hasta involucrar al Virreinato del Río de la Plata, amenazando así el poder español en Sudamérica.

Desde los inicios de la presencia española en América, la economía de las colonias americanas se basó en la explotación de las riquezas que ofrecía, utilizando como mano de obra a los indígenas, que eran repartidos en mitas o encomiendas. El corregidor era el funcionario de quien dependían los pueblos indígenas y generalmente compraba su cargo a la Corona. Casi sin excepción, los corregidores fueron individuos codiciosos e inmorales, que no tuvieron límites en su deseo de enriquecerse a toda costa. Los abusos cometidos contra los indígenas a su cargo resultaron tan monstruosos que fueron denunciados incluso por muchos españoles. Además del trabajo en condiciones de esclavitud que debían realizar en las minas y en los obrajes, eran obligados por los repartimientos a comprar mercaderías absolutamente inútiles. Los que partían para cumplir el trabajo obligatorio de la mita casi nunca regresaban a sus hogares y se despedían de sus familias como quien marcha a la muerte. El virrey peruano CONDE DE ALBA afirmó: “Las piedras de Potosí y sus minerales están bañadas con sangre de indios y si se exprimiera el dinero que de ellos se saca, habría de brotar más sangre que plata”.

CONDORCANQUI había sido educado en el Colegio para caciques de Cuzco, sabía leer latín y hablaba correctamente el español y el quechua. Era inteligente, sensible y su privilegiada posición no le impedía ver los sufrimientos de su pueblo. Sometidos por la escandalosa esclavitud de la mita, miles de de sus hermanos trabajaban y morían en los obrajes y en las minas. Durante un tiempo había mantenido buenas relaciones con los españoles, tratando de mejorar las condiciones de trabajo de su pueblo y antes de tomar la decisión de rebelarse, había buscado el apoyo de los obispos de Cuzco y La Paz y otros poderosos de América para frenar los abusos que se cometían con los indios. Pero nada había conseguido.

En 1579, a la muerte de su padre, Tupac- Amarú I, decapitado injustamente por el virrey Toledo, Condorcanqui fue reconocido Cacique de “Tungasuca” (Tinta) y marqués de Oropesa y desde esa privilegiada posición, trató de mejorar la condición de sus hermanos de raza, pero a través de los años, nadie escuchó sus justas reclamaciones. Finalmente, conmovido por el dolor de su gente, y convencido de que sólo por la fuerza podría aliviar a los indios de las represiones económicas, de la mita y de los abusos políticos de los corregidores, se decidió a enfrentar a los españoles por medio de las armas y trabajó secretamente para organizar un levantamiento que le pusiera fin.

Aprovechando que el Corregidor de “Tinta”, ANTONIO ARRIAGA, había concurrido a una comida, Tupac-Amarú le tendió una emboscada y después de llevarlo prisionero a “Tungasuca”, el 10 de noviembre de 1780, lo hizo ejecutar en la plaza del pueblo y allí fueron convocados miles de indios, mestizos y algunos criollos que formaron un ejército de desesperados, apenas armados con palos y cuchillos. Ante una multitud, el cacique afirmó su voluntad de “cortar el mal gobierno de tanto ladrón y zánganos y liberar por igual a indios y criollos”. A partir de ese momento se inició una sublevación general de los indígenas. Al día siguiente no más, con unos 6.000 hombres, comenzó a avanzar, destruyendo obrajes y sumando gente. Incontenible en su avance, Condorcanqui decidió tomar la ciudad de Cuzco y en camino hacía allí, derrotó a un contingente realista, que al mando del comandante LANDA había salido a detenerlo. Este triunfo estimuló a los rebeldes y Tupac- Amarú ordenó apresar a los Corregidores y terminar con el sistema de “mitas” y “repartimientos”.. Pero estos éxitos tuvieron escasa duración. Llegado a las cercanías de Cuzco, sus fuerzas fueran derrotadas luego de un terrible combate librado con los realistas, por lo que se vió obligado a retirarse hacia la ciudad de “Tinta”. Condorcanqui reorganizó sus fuerzas y decidido a conquistar de una vez por todas a la ciudad de Cuzco, la tierra de sus antepasados, avanzó, pero esta vez al mando de cincuenta mil indígenas.

La marcha de estos sucesos alarmó a las autoridades realistas y los virreyes del Perú y del Río de la Plata, enviaron a los generales DEL VALLE y FLORES respectivamente. El primero de ellos, fue quien tomo contacto con los sublevados y los derrotó en la batalla de “Combapata”, en marzo de 1781 y el jefe rebelde, traicionado por un grupo de sus hombres, fue tomado prisionero junto con toda su familia y parientes cercanos. por los españoles. La rebelión de Tupac-Amarú, fue un sacudimiento producto de la desesperación de pueblos antes soberanos y conquistadores, por no poder ya soportar la esclavitud. Estalló tumultuosa y desorganizadamente, pero su jefe natural, a pesar de haber sido educado en las Universidades de Lima y del Cuzco, no supo o no pudo fijarle rumbo y darle una bandera. Tal vez aspiraba a ceñir de nuevo en sus sienes la vincha de los Hijos del Sol. Pero esto no era ya posible.

Entre el español y el indio había nacido una nueva raza: el criollo. No representando propiamente este elemento predominante ya, Tupac-Amarú y su gente, después de tres años de sangrienta lucha, fueron vencidos por los españoles. La condena que se le impuso a Tupac Amarú, sobrepasa los límites de la crueldad. Fue sometido primero a duros tormentos, pero no reveló ni un solo nombre de sus colaboradores. Luego le cortaron la lengua y sus miembros fueron atados a los cinchones de cuatro caballos que tiraron en direcciones opuestas y así lo desmembraron, pero como no había muerto, le cortaron la cabeza y su cuerpo fue despedazado y luego expuestos al público sus restos, en diversas poblaciones. Finalmente, sus miembros fueron clavados en los caminos como advertencia a sus seguidores y para intimidar a quienes osaren seguir sus pasos. Se les impuso pena de muerte a su esposa, a sus parientes y colaboradora y luego se quemaron sus cadáveres. Los que se escaparon de esta matanza fueron conducidos a las prisiones de España y allí permanecieron durante mucho años, hasta que fueron falleciendo. Así se ahogó esta sublevación. Con sangre y con fuego. ¡Los indios quedaban escarmentados! Pero no todo terminó así.

La sublevación continuó en las áreas fronterizas, por un período de dos años, más. Las tropas enviadas desde Buenos Aires por el virrey VÉRTIZ Y SALCEDO, comandadas por el coronel JOSÉ RESEGUIN, se enfrentaron a las fuerzas que ahora lideraba DIEGO CRISTÓBAL TUPAC AMARÚ, el hermano de Tupac Amarú y que continuando con la epopeya iniciada por su hermano, había puesto sitio a la ciudad de La Paz. Luego de 109 días de asedio, y cuando sus pobladores se creían perdidos, las tropas realistas lograron derrotar a los sublevados y luego de un aparente indulto, Diego Tupac Amarú, fue ajusticiado en abril de 1783. Al poco tiempo los españoles lograron finalmente dominar esta sublevación, pero el problema del indio siguió preocupando a las autoridades, por lo que la corona dispuso la inmediata supresión del sistema de “repartimientos”, pero a pesar de esto, los abusos continuaron en el Potosí hasta que llegado el principio del siglo XIX, FRANCISCO DE PAULA SANZ, defendió el sistema de la “mita” y trató de justificar sus procedimientos. Contra esto se manifestó VICTORIÁN DE VILLALBA, fiscal de la Audiencia de Charcas, quien sostuvo el principio del trato humanitario para con los indígenas, dando comienzo a una serie de reformas que culminaron con la suspensión de todos los sistemas que se apoyaban en la explotación de los aborígenes. Aunque, puramente indígena y aislada, la sublevación de Tupac-Amarú es un antecedente de la Revolución hispanoamericana.

No fue ésta una guerra por intereses económicos, territoriales o de reivindicaciones sociales, Fue una verdadera lucha de razas. Los revolucionarios de Tupac, invocaron los manes de MANCO-CAPAC, de MOCTEZUMA, de QUATIMOCÍN, de LAUTARO, de CAUPOLICÁN, de RENGO, en fin, de todos los grandes príncipes y héroes de las antiguas naciones. Los Incas constituyeron especialmente la mitología de la Revolución. Su memoria fue venerada por los pueblos y cantada por los poetas y al estallar la guerra entre los criollos y españoles, los aborígenes de estas tierras, al menos donde eran más cultos y adelantados, formaron parte de las masas revolucionarias. El ejemplo” de Tupac-Amarú hizo escuela. Criollos e indígenas civilizados lucharon por una sola y única causa: la Causa de la Libertad, ¡la Causa de América!. Los cambios legales que luego se hicieron para corregir algunos de los abusos de los sistemas de la mita y del corregidor, así como el severo castigo que se les aplicó a los indígenas para tratar de eliminar su cultura y prevenir nuevas insurrecciones, no afectaron demasiado a la Argentina, pero es interesante observar que en el Congreso de Tucumán de 1816, una de las primeras formas de gobierno propuesta para la nueva nación independiente se inspiró en la monarquía Inca bajo una forma más moderna y constitucional.

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