ROSAS Y LA INSTRUCCIÓN PÚBLICA (1832)

En 1832, JUAN MANUEL DE ROSAS, en un mensaje a la Legislatura informa sobre el problema de la instrucción pública en “dos renglones”. En el año 1835, expresa que las escuelas para varones debían “ser costeadas, en adelante, con lo que produzca el ramo de corrales en cada pueblo” y dicta un decreto que imponía a los preceptores la obligación de jurar adhesión y fidelidad a su persona y a la santa causa federal, como requisito previo al ejercicio de la docencia. Dispone que los escolares vistan “en lo sucesivo trajes de listado que no tenga nada de celeste ni de verde; esclavina punzó y moño también punzó al lado izquierdo de la cabeza, bien grande y en todo tiempo”. En 1837, hace saber a la Junta de Representantes que la educación para las niñas era de orden “religiosa, federal, industrial y modesta”. En el mensaje de 1838 anuncia que el gobierno había suprimido “la dotación de los preceptores de educación primaria” y le hace saber a la Sociedad de Beneficencia que las alumnas deben costear su educación y “que la que no entregase la suma que le fuera asignada sea despedida”. Además, añade, que “si no se reuniese la cantidad necesaria, cese la escuela o escuelas”.

En los mensajes de los años 1840 y 1841, informa “que el gobierno había retirado los subsidios destinados a la conservación de los establecimientos de caridad, de beneficencia y de educación de ambos sexos”. En 1842 dicta un decreto que disponía que los establecimientos de enseñanza sólo debían recibir a los niños cuyos padres se hallaban prestando “servicios federales de la causa nacional”. Dispuso también que la policía averiguara “el color político y la calidad federal” de los maestros. En los años subsiguientes las referencias a esa importante rama del gobierno se limitan “a una o dos frases”; en las de 1844 y 1845 no se hace mención de la instrucción pública. En el mensaje de 1846 informa que la enseñanza elemental debe ajustarse “a la santa religión del Estado” y “a la sagrada causa nacional de la Confederación”, demostrando en los años siguientes hasta 1852, la más absoluta indiferencia por el progreso de la instrucción popular. En materia de estudios superiores, Rosas siguió una política semejante. Clausuró el Colegio de Ciencias Morales de Buenos Aires, de enseñanza preuniversitaria; creado en 1823, en la época de Rivadavia, argumentando “que no correspondían sus ventajas a las erogaciones que causa ni a los fines que motivaron su fundación”.

En 1835 suprimió el consejo directivo de la Universidad y disminuyó su personal docente y administrativo. Hizo saber a su rector que al gobierno le era imposible abonar los sueldos y demás gastos del establecimiento y al mismo tiempo le indicaba que los catedráticos debían exigir a los padres de los universitarios, el pago de una cuota destinada a sufragar los haberes del profesorado, los sueldos del personal administrativo y los gastos generales. Se advertía finalmente a dichas autoridades, la obligación de despedir a los alumnos que no satisficieran esas exigencias. Quedaba al arbitrio del gobierno la clausura de la Universidad, si ésta no lograba reunir los fondos para sostenerse. En 1838 Rosas comunicó a la Junta de Representantes que el “déficit de las rentas obligó al gobierno a suprimir la dotación de las cátedras que no fuesen sostenidas por los alumnos” (ver Gobiernos de Juan Manuel de Rosas).

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