Muerto

Así se llamaba a dos palos unidos en cruz o en forma de “T” con un tiento, que se enterraban en la tierra, dejando afuera el extremo de uno de ellos, para poder atar a él, el cabestro con el que el gaucho mantenía sujeto a su caballo cuando no quería que se alejara, durante su descanso nocturno. La eficacia de este sostén radicaba en que luego de hacer un pozo, se introducía en él estos palos, poniendo uno de ellos de tal forma, que quedara horizontal con el nivel de la tierra, para que el otro,  emergiendo verticalmente hacia la superficie, permitiera atar el caballo en su extremo. La posición del quedaba enterrado horizontalmente, le otorgaba una absoluta firmeza a esta verdadera “ancla” del desierto.

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