INMIGRANTES JUDÍOS EN LA ARGENTINA (1857)

Argentina posee una gran población judía en comparación con otros países de Latinoamérica y siempre, ya desde la época de la conquista, hubo numerosos inmigrantes  judíos que se asentaron en estas tierras. Se calcula que entre 1888 y 1938, entre 200.000 a 250.000 judíos de todo el mundo llegaron a la Argentina. En sus comienzos, la mayoría eran de origen “sefardí” y la mayoría de los restantes eran “askenazi” (rusos o polacos por ascendencia o nacimiento). Durante la época colonial, los sefardíes fueron los de mayor presencia y ya durante el período de consolidación nacional, los askenazis comenzaron a llegar. Todos ellos estuvieron  siempre sujetos a limitaciones legales y hasta fueron objeto de vigilancia y persecución por parte de la Inquisición durante el período colonial, pero el destierro de esa funesta institución y el advenimiento de la Revolución de Mayo, posibilitaron una mayor libertad de culto, derecho que se tornará pleno, a partir de la promulgación de la Constitución de 1853.

Nació así una verdadera “tierra de promisión” para los perseguidos judíos europeos, quienes contaban aquí con más garantías legales que limitaciones, en una tierra que los acogió con afecto y que les proporcionaba nuevs oportunidades para su desarrollo  personal, viviendo en paz. Un gran número de inmigrantes judíos, comenzó a llegar en forma individual y muchos, en grupos destinados a las “colonias y emprendimientos agrarios” con el fin de constituir aquí sus hogares.

Es imposible calcular el número de judíos sefardíes (principalmente aquellos de origen o ascendencia española y portuguesa) que ingresó al territorio argentino durante el período colonial, ya sea que vinieran directamente desde España o Portugal, o bien, indirectamente, a través de Perú y Brasil. A a juzgar por los registros de la Inquisición y por las repetidas solicitudes para el establecimiento del tribunal de la Inquisición en Argentina, a fin de tratar más efectivamente tales casos (ver “La Inquisición en el Río de la Plata” en Crónicas), se considera que el número puede haber sido elevado y su presencia significativa, a pesar de las limitaciones que entonces se les imponía.

Ya llegado el siglo XIX, abiertas las puertas a la inmigración, fieles las autoridades nacionales al principio sustentado por JUAN BAUTISTA ALBERDI que decía “Gobernar es poblar”, se puso en marcha el primer proyecto de colonización que se concretó felizmente en el país, con la instalación de la primera colonia agrícola, en la provincia de Santa Fe: la llamada “Colonia Esperanza” que fuera fundada por AARON CASTELLANOS el 11 de marzo de 1857. Más tarde, como resultado de la gestión del barón MAURICIO DE HIRSCH, un banquero que financió estos asentamientos en este otro lado del mundo, se fundaron las colonias  “Mauricio” (1891), “Villa Clara” y “San Antonio” (ambas en 1892)  y “Lucienville” (1894) en la provincia de Entre Ríos.

Los judíos no colonos, también conformaron una significativa parte de la corriente inmigratoria con este destino, permaneciendo muchos de éstos en Buenos Ares, donde crearon organizaciones para hacerse cargo de los diversos requerimientos, especialmente de aquellos relacionados con el culto. Se estima que los primeros inmigrantes judíos “no colonos”comenzaron a llegar a la Argentina a mediados del siglo XIX. Eran profesionales y personas con altos cargos en empresas exportadoras de Alemania, Francia e Inglaterra. Llegaron de a uno, por cuestiones laborales y el célebre AARÓN CASTELLANOS (q.v.) fue uno de ellos y se lo recuerda principalmente porque en 1862, propició la construcción de la primera sinagoga que se levantó en la provincia de Santa Fe.

En 1868, cuando no serían todavía más de cincuenta, formaron la “Congregación Israelita de Buenos Aires”, que hoy es la “Congregación Israelita de la República Argentina”, institución que en 1875 construyó un templo para la colectividad judía en la ciudad de Buenos Aires y que a partir de 1883 estuvo a cargo del rabino HENRY JOSEPH. En 1897 este templo fue reemplazado pr uno mucho mayor y la “Congregación Israelita” recibió la autorización legal para registrar nacimientos, matrimonios y defunciones.

Los colonos judíos. A fines del siglo XIX, comienza una  gran persecución en la Rusia zarista contra los judíos. Ese hecho coincidió con que, en 1881, el presidente JULIO A. ROCA por medio del decreto Nº 12.011, designó a un “agente honorario de inmigración en Europa, con especial encargo de dirigir a la República Argentina a miembros de esa colectividad y así empezó a forjarse la inmigración judía en la Argentina, procedente de Rusia, Polonia y Rumania.

En 1880 llegaron los primeros judíos marroquíes. Fue esta una inmigración más cohesionada, y se instalaron alrededor de otras familias judías que ya se habían afincado. Llegado el año 1888, ya eran mil los judiós que eligieron vivir en la Argentina, estableciéndose la casi totalidad de ellos en Buenos Aires o en Santa Fe, pero fue el 14 de agosto de 1889, cuando arribó el primer grupo de díos orgnizados. Iniciando la gran corriente inmigratoria del pueblo judío hacia estas tierras. Ese día, el vapor alemán Weser ancló en el puerto de Buenos Aires. Allí viajaban 820 personas que habían podido escapar de las violentas persecuciones antisemitas en la Rusia zarista. Estos hombres y mujeres venían pata asentarse en zonas rurales, de Santa Fe y Entre Ríos. Las familias que se asentaron en campos de la provincia de Santa Fe. Fundaron “Moisés Ville”, el primer asentamiento judío colectivo del país y se convertirían en los pioneros de la colonización agrícola, un hito en la diàspora judía, que se concretó durante el período comprendido entre 1857 y 1894.

En 1891 MAURICIO DE HIRSCH, fundó la “Jewish Colonization Association”, a través de la cual compró las 80.265 hectáreas que conformaron la “Colonia Clara” (un emprendimiento que hoy abarca los pueblos de Villa Domínguez, Villa Clara, Ingeniero Sajarof y Villaguay en Entre Ríos) y las 30.631 hectáreas de “Colonia Lucienville”, cuya extensión actualmente se encuentra circunscripta a la localidad de Basavilbaso. La “Jewish” les otorgó a los colonos parcelas de entre 75 y 100 hectáreas y el primer contingente, compuesto por 245 familias destinadas a ellas, arribó en 1892 a bordo del vapor “Pampa”. Otras 240 llegaron dos años después en el “Orione”, completándose así un total, 1.500 personas.Desde entonces, la “Jewish Colonization Association (JCA), ayudó a crear decenas de colonias agrícolas donde los “gauchos judíos” aprendieron a tomar mate y arar la tierra al ritmo de sus canciones en idish, pero Hirsh no llegó a conocer el éxito de su  obra: murió en 1895, a punto de subirse a un barco junto a un grupo de periodistas, que venían a Entre Ríos para visitarla.

En 1892, tras el asesinato del zar Alejandro II, la vida de los judíos en Rusia se tornó más dificultosa, ya que, a las condiciones de explotación y opresión que ya venían padeciendo, se les sumó el haber sido sindicados como los promotores del atentado. Convertidos en una suerte de enemigos públicos, algunos intentaron emigrar, pero no les resultó fácil. Se encontraron con la resistencia que suponía el antisemitismo de varios países de Europa central. Eso los obligó a buscar nuevos destinos, y uno de ellos fue la Argentina, que abrió sus puertas a la inmigración. Durante el período comprendido entre 1892 y 1914, miles de askenazíes (judíos de habla yiddish de Europa central y oriental), llegaron a Argentina bajo el auspicio de la Asociación Colonizadora Judía, a recomenzar sus vidas.

Pero no todo les fue fácil a partir de ahí. Debieron sortear la adversidad, ya que desconocían el idioma, no tenían experiencia como agricultores y las tierras que les asignaron formaban parte de un vasto monte de exuberante vegetación. Pese a todo, muchos de los inmigrantes judíos que llegaron desde Rusia a partir de 1892, y que se instalaron en el centro de Entre Ríos, fundaron prósperas colonias que forman parte de la historia del país.

La “Asociación Mutual Israelita Argentina”. En 1894 se estableció la “Asociación Mutual Israelita Argentina” (AMIA), contando con la adhesión de 85 miembros de la colectividad (en 1958, ya serán 48.000), desde donde la dirigencia judía se proyectó hacia todo el país, brindando un servicio mutual de excelencia, que pronto, aprovechando su experiencia como servidora de las familias rurales judías, estuvo en capacidad para atender las necesidades de la comunidad judía, radicada en cualquier lugar del país. Pasado el tiempo la AMIA se ha convertido en una de las más poderosas mutuales que operan en la Argentina. Está a cargo del mantenimiento de tres cementerios, lleva a cabo grandes obras de beneficencia, y ha establecido una red educativa que abarca desde jardines de infantes hasta escuelas secundarias, contando con maestros provenientes de su propia Escuela Normal para instruir a todos los niños judíos, tanto en las áreas rurales como en las urbanas, en religión, idioma y cultura hebreas. La influencia judía dio como resultado una agricultura más tecnificada y el establecimiento de institutos científicos; así como también se hizo sentir en los campos industriales, económicos y profesionales, la literatura y el periodismo. El primer periódico hebreo apareció en 1892 y tuvo un vida muy efímera, aunque su prédica la retomaron otras publicaciones hasta que en 1957 apareció “El Amanecer”, el primer periódico judío en el mundo publicado en español. Era editado por LÁZARO SCHALLMAN y desde sus páginas se difundió vigorosamente la realidad judía y su influencia en la colonización, historia y literatura argentinas.

Los “gauchos judíos”. Así se conocíó a un grupo de colonos judíos europeos traídos a la Colonia Esperanza”, que sin poder adaptarse al estilo de vida impuesto en esa colonia, se trasladaron a los campos de las provincias de Santa Fe y Entre Ríos y se mimetizaron con el criollo, adoptando sus costumbres gauchescas.  ALBERTO GERCHUNOFF, nacido en 1883 en la aldea rusa de Roskuroff, fue uno de los que llegaron en 1892, a bordo del vapor “Pampa”, junto a su familia y aquí encontró su destino como escritor de éxito. Venía a trabajar la tierra y primero se instaló en Moisesville, donde su padre fue apuñalado por un gaucho ebrio. Después en Colonia Clara, uno de los grandes asentamientos judíos en Entre Ríos. En 1910, publicó “Los gauchos judíos”, una obra, quizás su libro más famoso, donde relata pormenores de aquella época que le toco vivir personalmente.

Hoy se pueden ver todavía algunas viviendas de entonces, que dan muestras de los comienzos de Colonia Clara, incluyendo lo que fue la Escuela y la Biblioteca. En Villa Domínguez, está aún el Hotel de Inmigrantes, un galpón ubicado junto a las vías de ferrocarril,  que fue el primer destino de los colonos, antes de ser derivados desde ahí a las parcelas que les había asignado la “Jewish Colonization Association”.

También se puede recorrer el “Museo Histórico” y el “Archivo Regional de las Colonias”, armado con donaciones realizadas por familias de la zona y donde se guarda valiosa documentación sobre la inmigración judía, incluidos los listados de los primeros inmigrantes que llegaron entre 1892 y 1894. La Escuela ORT, suma hoy con su presencia, otro testimonio de aquella época, lo mismo que el Hospital “Noe Yarcho”, primer centro asistencial israelita de Sudamérica y el local del Fondo Comunal Clara, una de las primeras cooperativas impulsadas por la comunidad judía (recomposición de un artículo firmado por el señor Oscar Londero para el Diario Clarín)

A continuación un texto extraído del “Diccionario Histórico Argentino” de Ione S. Wright y Lisa M. Nekhom, Emecé Editores, Brasil 1994:

 “Durante gran parte del siglo XIX, el antisemitismo constituyó periódicamente un factor desequilibrante en la vida argentina, a pesar de las leyes y de la posición oficial; las especiales circunstancias o épocas de tensión, surgidas de los asuntos internos o reacciones ante situaciones extemas, originaron acciones o movimientos antijudíos; por ejemplo, en la década de 1890, la inauguración de la sede en Buenos Aires de la Asociación Colonizadora Judía desató una ola de  acusaciones canalizadas a través del periodismo, donde se manifestaba que la cultura nacional sería sumergida por los “millones” de colonos judíos que llegarían al país, aun en ese momento tan escasamente poblado; pero estos temores públicos, sustentados por dichas manifestaciones, pronto desaparecieron cuando las colonias agrícolas de la ACJ comenzaron a instalarse y, con posterioridad a este inicial período de penurias, dieron inicio al aporte de diversas contribuciones a la economía y sociedad argentinas. El desarrollo en Buenos Aires de varias poderosas industrias cerealeras, cerveceras y textiles bajo dirección judía, así como también en otras ciudades costeras, alimentó el odio antisemita latente aunque no condujo a una activa persecución; la situación empeoró en la década de 1930 cuando las cambiantes circunstancias europeas dieron lugar al arribo de nuevos contingentes de inmigrantes alemanes-judíos que huían de la persecución nazi, al mismo tiempo en que el nacionalismo argentino alcanzaba nuevos picos de resentimiento contra lo que se consideraba como el imperialismo económico y cultural de Europa Occidental. Asimismo, los logros obtenidos por el nazismo y el fascismo italiano atraían la atención y admiración de algunos sectores de la sociedad argentina y cuando las naciones americanas se involucraron activamente en la Segunda Guerra Mundial, los sentimientos antidemocráticos y antisemitas se tradujeron en actos al estilo nazi llevados a cabo por grupos de derecha tales como Tacuara (q.v.), contando a veces con el apoyo de la derecha católica. Mientras, los judíos argentinos habían comenzado a formar comisiones para la ayuda de los judíos europeos en dificultades; en 1933, esos grupos se unieron para constituir la DAIA. (Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas), que finalmente se convirtió en la agencia coordinadora para casi la totalidad de grupos argentinos formados para ayudar a los perseguidos judíos, en especial antes y durante la Segunda Guerra Mundial, para posteriormente brindar apoyo a Israel, para mantener lazos con las comunidades judías de todo el mundo y para combatir el antisemitismo a través de la información pública, la educación, la acción política y el proceso legal; en términos generales. Los judíos argentinos son políticamente liberales; la DAIA colabora con otras organizaciones que buscan promover la idea de la her­mandad humana, trabajando con la UNESCO y reconocida por ella; asimismo, esta institución se encuentra alineada con otros grupos democráticos argentinos que poseen ideales y objetivos similares”

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