LAS ENCOMIENDAS (20/12/1503)

Como los expedicionarios españoles eran pocos y debían entregarse al servicio de las armas, poco tiempo les quedaba para el trabajo civil. Con el objeto de remediar ese inconveniente, el 20 de diciembre de 1503, mediante una Real Provisión se institucionalizó en América el sistema de “las encomiendas”, por el cual, cada uno de ellos, en su carácter de colono, recibía su parte, no sólo en la distribución de las tierras, sino también en el reparto de la mano de obra necesaria para trabajar esas tierras. Es decir se les asignaba un grupo de indígenas para que la laboraran en beneficio de sus amos, “los encomenderos”.

Decía esta Real Provisión que las “ecomiendas eran una derecho concedido por merced real a los beneméritos de las Indias, para percibir y cobrar por sí los tributos de los indios en lo espiritual y temporal, y de habitar y defender las provincias donde fuesen encomenderos y hacer juramento particular de cumplimiento a este homenaje.  Los indios no quedan por esclavos, ni aun por vasallos de los encomenderos y sólo reconocen  al rey por señor, como los demás españoles y de los tributos que como a él, com tal  lo deben pagar, su voluntad y mandatoy una como rogación o delegaciónse dan aquellas partes de rentas a los encomenderos, sin que tengan que entrar o salir con los indios, ni que los puedan pedir otras cosas  y antes con cargo de que procuren su amparo y defensa y paguen a los curas que los doctrinan” (“Política indiana”, Juan de Solóezíno y Pereira. Madrid, 1647.

Existían dos tipos principales de encomiendas: la de los “mitayos” (la mita), que voluntariamente trabajaban dos meses al año para sus encomenderos; y la de los “yanaconas” (el yanaconazgo), que siendo prisioneros de guerra, eran considerados propiedad del encomendero y se los empleó en los trabajos más duros y a pesar de que había leyes que protegían a los aborígenes, éstas no se cumplían casi nunca y el abuso de los encomenderos fué tan grande, que se produjeron numerosas sublevaciones y el escándalo llegó a la corte española.

Para investigar lo que sucedía, fue enviado un “Juez visitador”, quien luego de rendir un informe lapidario a su regreso a España, fue quien promovió la sanción de las famosas “Leyes de Indias”, que si bien no lograron poner freno a los abusos que cometían los españoles en las colonias de América, por lo menos sirvieron para disponer de un arma legal para castigar a aquellos que infringían la Ley y cuyos desmanes fueran denunciados o constatados.

Acerca de la mita minera
«Los indios que son destinados a las minas de Potosí, .son conducidos y colocados dentro de un cercado que está al pie de la montaña, donde el Corregidor los distribuye a los directores de las minas y después de seis días de un trabajo constante,  el director los conduce de nuevo el sábado siguiente al mismo punto y allí, el Corregidor les hace pasar revista para que los dueños de las minas, les paguen los sueldos que se les haya señalado y para saber cuántos de ellos han muerto para que los «Curacas» suplan el número que falta, pues no pasa semana que no mueran algunos, ya por diversos accidentes que ocurren como el desmoronamiento de grandes cantidades de tierra, la caída de piedras, enfermedades, etc.

Son muy fastidiados también, a veces, por vientos encerrados dentro de las minas, cuya frialdad, unida a la de la tierra en algunas partes, los penetra de tal modo, que a no mascar la coca que los calienta y emborracha, les sería insoportable. Otro gran mal que sufren es que en algunas partes los gases sulfurosos y minerales son tan fuertes que los reseca de una manera extraña, de tal modo que les impide la libre respiración… De estos indios se eligen generalmente los mejores trabajadores para desprender el metal de entre las rocas. Otros indios sirven para conducir lo que se cava, en pequeñas canastas hasta la boca de la mina y otros, para embolsarlo en sacos y cargarlo sobre un£ especie de carnero, que llaman «carneros de ls tierra» (“Relación de los viajes de Acarrete du Biscay al Río de la Plata”. Acarrete du Buscay, en la  Revista de Buenos Aires, Nº 50)

El negocio de un “repartimiento”

«La principal subsistencia de los Alcaldes Mayores, consiste en los repartimientos que hacen a los indios de vestuarios, mulas y otros géneros, haciéndose mercaderes y tenderos ellos y sus tenientes,  comprando a los naturales las mulas por poco precio, y volviéndolas a vender en más que el Supremo. Estos repartimiento fueron precisos al tiempo de la Conquista, cuando los indios andaban desnudos y no tenían lo instrumentos necesarios para la agricultura ahora, no, porque los mismos naturales tejei sus ropas (“Informe y plan de Intendencias que conviene establecer en las Provincia» de este Reino de Nueva España”,  presentado a Ca los III por el visitador José de Gálvez y el Virrey Marqués de Croix en 1768.

Pero no solo los funcionarios se veían favorecidos por el otorgamiento de estos repartimientos o encomiendas, también los hoy llamados “hijos del poder”, se veían beneficiados con este cruel sistema de explotación como lo corrobora una Real Cédula del Virrey del Perú, marqués de Cañete, emitida el 25 de febrero de 1577 que confirma a Doña Teresa de Avendaño, mujer de Don Pedro de Córdoba, en la posesión de la encomienda de Indios carangas mitiuanes, moyos-moyos y otros de Atacama y otra emitida el 8 de julio de 1577, «haciendo merced al hijo mayor legítimo de Nufrio de Chaves de una encomienda de indios que renta anualmente 3000 pesos». (“Catálogo cronológico de Reales Cédulas, Órdenes, Decretos, Provisiones, etc. referentes  a América, desde 1508 a 1810”. Biblioteca Nacional, Sección Manuscritos, Buenos Aires).

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