LA VESTIMENTA DEL GAUCHO

Mucho se ha dicho y sobre todo se ha  escrito acerca del gaucho como tipo humano y muchas páginas han sido dedicadas a su especial modo de vestir. Entre los factores particulares, regionales o nacionales, que habrán de influir claramente en las características de nuestra cultura  rural y por ende en los usos y modos de vestir de sus gentes, podemos señalar: Primero, la entrada de los ganados a nuestros territorios, antes del establecimiento de los europeos en poblaciones organizadas,  causa primera y fundamental para la formación de una cultura regional de características muy propias. Segundo, lo tardío de la presencia humana y la colonización de ese mismo territorio. Tercero, la dualidad de sus orígenes (hispano y lusitano).

Son muchas por eso, las dificultades que hacen difícil definir el modo de vestir y las costumbres de nuestro gaucho, consecuencia de la cultura propia del medio, del hombre de la campaña y de su compañera (cuando la tuvo).

Para ello hemos de imaginar un hombre mental y físicamente desnudo, como un recién nacido, sin ideas conscientes ni tics culturales de clase alguna. Sobre esta base, como sobre una película virgen, podemos imprimir el personaje que nos plazca, si le dotamos del habla, de las costumbres, los conocimientos del campo, la cultura propia, en fin, de nuestro medio rural a mediados del pasado siglo. Si le agregamos larga cabellera y no menos largos bigotes y barba;  si lo vestimos con botas de potro, calzoncillos cribados, chiripá, etcétera, estaríamos ofreciendo un buen modelo de gaucho. Y si, como en el Génesis, dispusiéramos de la figura de una mujer, como él, carente de toda particularidad cultural o física, y le injertamos características culturales semejantes a las de él, pero propias de su sexo, para lo cual, la vestimos con una camisa- bata de lino, de mangas muy cortas y una amplia pollera  al tobillo, de una tela de poco costo y color vivo, descalza, con una abundante y muy larga cabellera negra trenzada, tendremos una compañera casi ideal para el anterior personaje.

Si los colocamos a ambos en lo alto de una cuchilla, en el centro de una extensión playa y libre de pastos y malezas, rodeado de un cerco de pitas, junto a dos palenques, a la sombra del alero de un rancho de adobe, puerta de cuero y techo de paja quinchada, les habremos dado un hogar, tan característico, tan prototípico como ellos mismos, pero, nos apresuramos a decirlo, tan falso o, cuando menos, tan pasible de objeciones o de aclaraciones como ellos mismos.

El hombre no será nunca “el” gaucho sino cuando mucho “un” gaucho o “un” paisano (que es parecido pero no lo mismo que el gaucho), siempre identificado con determinado lugar, determinado tiempo histórico y definido tiempo vital (hora del día, día de la semana), según lo que acabe de hacer o de lo que se prepare para hacer. Lo mismo ocurrirá con ella. Y con su habitáculo y con los enseres del mismo; con el apero del caballo, los útiles, las armas. A cualquier generalización podrá oponerse, con fundamento, un no, porque el gaucho fue una personalidad única ysu compañera, su costumbres, sus herramientas de trabajo, su filosofía, en fin, son el producto de sus circunstancias y del medio en el que le tocó vivir.

Y su vestimenta es consecuencia de ello. De las exigencias que le imponía su forma de vida, su trabajo y hasta sus distracciones. Tuvo que adaptarse a su medio y lo hizo con sabiduría y hasta con elegancia.

En marzo de 1992, el Correo Argentino emitió una serie de estampillas, alusivas a la vestimenta del gaucho y en esas viñetas, podemos encontrar la ratificación de lo expuesto. En cada una de las circunstancias que se tuvieron en cuenta para hacer estas ilustraciones, puede observarse la variedad de las prendas, que para cada una de esas ocasiones vestían nuestros gauchos.

Vemos que mientras se hallaba abocado a la conquista amorosa, el modelo nos muestra que tenía un sombrero de fieltro de alas levantadas, un gran pañuelo “serenero”, poncho pampa, tirador de cuero, boleadoras, chiripá listado, botas de potro despuntadas, altas y hasta la rodilla sujetas con ligas, y grandes espuelas “nazarenas”. En la imagen de un gaucho  “Posando con su caballo”, lleva el típico sombrero de copa alta, con forma de cono truncado, una gran pañuelo “serenero” anudado bajo el mentón, una amplio poncho listado, camisa blanca y chiripá. Calzoncillos con largos flecos y botas de potro despuntadas y rebenque  “porteño” de cuero crudo de cabo corto.

Por su parte, el “Gaucho en la pulpería”, muestra un poncho muy colorido, chiripá, sombrero de fieltro de alas levantadas y pañuelo a la cabeza, debajo del sombrero, mientras que el “Gaucho propietario” se viste con sombrero de copa con forma de cono truncado con divisa federal a modo de cintillo. Camisa blanca de lino con chaleco, pñuelo a modo de corbata y chaqueta a la cintura con botones dorados. Calzoncillos cribados, poncho, a modo de chiripá y faja bordada. Calza botas de potro con espuelas y lleva un lazo en su mano.

Las ropas del gaucho eran muy distintas de las del habitante de las ciudades de entonces y aún, de las del hombre de campo de hoy. El gaucho usaba “botas de anca de potro;calzoncillo cribado” (de piernas anchas como de enagua). La parte inferior de los “calzoncillos del gaucho”, la que salía por debajo del “chiripá”, solía tener bordados calados y “cribas”, y hasta flecos más o menos largos que caían sobre las botas. Esos “cribos” eran los que le daban nombre a los “calzoncillos cribados”; camisa de mangas holgadas con puños abotonados, “chiripá” (que después cambió por la “bombacha” en razón de la mayor comodidad que esta le brindaba, una “faja” para sostener el chiripá y encima de ésta un cinto ancho de cuero, adornado con monedas de plata (y hasta de oro), que se cerraba con la “rastra”. De las prendas de adorno que eran usadas por el gaucho, “la rastra” es una de las que aún hoy subsisten  y quizás es la que goza de la mayor preferencia  por parte de nuestros hombres de campo. “La rastra” es un lujo que reemplaza a la hebilla en el cinturón o en el tirador. Consiste en una chapa de metal  (plata u oro), modelada de diversas formas, llevando por lo general, grabado o calado las iniciales del nombre y apellido del dueño (a veces ambos completos), adornadas con  artísticos dibujos.. El “chaleco” se prendía bien abajo con botoncitos, también de metal precioso y encima la “chaqueta”, corta, de cuello parado y abierta en la parte inferior delantera, dejando ver el chaleco. Un pañuelo al cuello, la vincha para sujetar la melena y un sombrero de alas cortas y copa en forma de cubilete. Completaban su atuendo llevando cuchillo (atravesado atrás, en su cintura), espuelas, un “rebenque” y el infaltable “poncho” para abrigarse o protegerse de la lluvia.

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