LA TRATA DE BLANCAS (25/7/1902)

LA TRATA DE BLANCAS. “Estamos ante un enemigo que se está riendo a mandíbula batiente de lo que la acción privada en las naciones, está haciendo para combatirlo. Y, desgraciadamente, tienen harta razón. Las asociaciones formadas para combatir el tráfico de esclavas blancas, no conseguirán su objeto, si a sus grandes esfuerzos no se le unen los de los gobiernos”. Y, ante esta innegable verdad, porque para extirpar una llaga hay que buscar la causa de donde proviene y atacar el mal en su fuente, la conferencia oficial de París, en la que el gobierno estuvo representado, ha dado el más solemne fiasco. En esta conferencia, como en las particulares de Londres y Amsterdam, se han andado únicamente, por las ramas, sin tocarse el tronco del árbol enfermo. Se ha recomendado el uso de paliativos, cataplasmas, que pueden atenuar, pero jamás extirpar el mal Esos representantes de los gobiernos en la conferencia de París, no han tenido el valor ni la franqueza de decir: la trata de blancas proviene de la miseria de los pueblos, a la que los conducen los gobiernos ambiciosos, déspotas, impopulares, degradados y aventureros. Si cada gobierno, en cumplimiento de su deber, buscase en verdad, la felicidad de su pueblo, no vendría la miseria a hacer tantas víctimas del tráfico de carne humana. Así han debido hablar los de la conferencia de París (…). Que venga pues, otra conferencia de los gobiernos, cuyos representantes tengan la libertad y la franqueza que les ha faltado a los reunidos en París. Y mientras tanto, que cada país se provea de la legislación que le falte para impedir y castigar el tráfico de esclavas blancas, cuyo vacío está tratando en estos momentos, de llenar el nuestro, sin mucho éxito hasta hoy (copia de un artículo firmado por I. L. Albarracín y publicado en el diario La Nación el 25 de julio de 1902).

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