LA REVOLUCIÓN DE 1905 (04/02/1905)

La Revolución de 1905, llamada la “Revolución del Parque”, fue organizada por la Unión Cívica Radical y liderada por HIPÓLITO YRIGOYEN, que estalló simultáneamente en diversos puntos del país. Fue un movimiento revolucionario dirigido contra el Gobierno nacional ejercido por los “conservadores”. Los revolucionarios, lanzaron un manifiesto diciendo que “representaban una fuerza “de ideales y de aspiraciones colectivos” y que combatía un régimen, no hombres.” y consiguen la adhesión de las tropas de Campo de Mayo, Bahía Blanca, Córdoba y Santa Fe y es en la ciudad de Rosario donde este movimiento adquiere su mayor repercusión. En pocas horas, en Buenos Aires y el Mendoza  el movimiento es sofocado y en Córdoba, los radicales retienen al vicepresidente FIGUEROA ALCORTA como rehén, pero finalmente deben deponer su actitud y someterse al gobierno de QUINTANA que dispone el envío al penal de Ushuaia, de los cabecillas que no se exiliaron. El gobierno dispuso la detención o exilio forzoso de muchos militares. Yrigoyen permanece tres meses en la clandestinidad y al entregarse, asume toda la responsabilidad. El presidente Quintana es el gran triunfador; aunque también se destaca la eficaz acción del gobernador de Buenos Aires, MARCELINO UGARTE. Pese al fracaso, el radicalismo galvaniza sus cuadros y comienza a crecer.

Desde el advenimiento al poder del Presidente Quintana, la situación institucional del país era crítica. Quintana había sido elegido en una convención de personalidades convocada por Julio Argentino Roca y quienes suponían que el elegido en esa convención sería el doctor Carlos Pellegrini, se llevaron una sorpresa. Roca y Pellegrini estaban enemistados y de ello, Quintana salió beneficiado. No sería sin embargo, sin que Pellegrini, en un rasgo de desconcertante franqueza, pronunciara palabras que constituyen una radiografía de la “política criolla” de aquella época: Estamos en los últimos días de la lucha, digo mal. Estamos en los últimos días y no hay lucha. En la República sólo hay silencio, vacilación y  ansiosa expectativa. Quién será el elegido par a suceder al general R oca?. O con más verdad, a quién designará el general Roca para sucederle?. Ya no hay en la República ni principios, ni pasiones, ni entusiasmo ni categorías y los partidos  populares renuncian a la vana tarea de conmover a la inmensa masa adormecida o asfixiada. Sólo en esta capital, se agita, como en su último refugio, un resto de energía y opinión. El doctor Pellegrini decía la verdad sin importarle que ello redundara en perjuicio de su propia política. Porque en realidad los principios, las pasiones, los entusiasmos y la categoría que reclamaba Pellegrini, se concentraban en el doctor Hipólito Yrigoyen, un enemigo mortal de todo lo que Pellegrini y su partido representaban. Y la cosa no iba a quedar en palabras. Ya a comienzos de febrero de 1905 Buenos Aires estaba poblada de rumores que no llegaban sin embargo a alarmar a nadie. La palabra “revolución” corría de boca en boca, pero carecía de sentido real. El estupor de la ciudadanía fue total entonces, cuando al despertar el 4 de febrero, se enteró de que en casi todo el país, había estallado un movimiento cívico-militar y de que en Buenos Aires mismo, se combatía frente a algunas comisarías, se levantaban barricadas en las calles y se producían extraños sucesos en el Arsenal de Guerra y en uno que otro cuartel.

Era la “revolución” radical que impulsada por Irigoyen, al día siguiente nomás, debió rendir sus efectivos, sin haber podido lograr sus objetivos. Qué había pasado?. Tenían todo para conseguir lo que buscaban. Estaba bien organizada, contaba con el apoyo del pueblo, el hartazgo que producía la decadencia de las estructuras políticas, era un excelente caldo de cultivo. Todo esto no fue suficiente. Irigoyen, “un revolucionario pacífico”, al ver que no podía r reducir  los efectivos atrincherados en el Arsenal Biuenos Aires, su principal objetivo estratégico, no quiso provocar un derramamiento de sangre que era contrario a sus principios y ordenó la rendición de sus adictos (Extraído de la revista El Hogar).

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