EL PROBLEMA INDIO (1500)

EL PROBLEMA INDIO. Los mal llamados “indios” fueron los naturales de América, sin mezcla de sangre europea. El mundo de la época, creyendo que CRISTÓBAL COLÓN, había llegado las “Indias Orientales” durante el viaje que realizara en 1492, comenzaron a llamar así a los aborígenes de estas tierras y el término no pudo ser desterrado ya nunca más. De acuerdo con el “derecho castellano” eran considerados como hombres libres, pero en el orden de su adoctrinamiento, estaban equiparados a personas que necesitaban de protección legal. Para facilitar la obra colonizadora, la Corona española implantó el trabajo obligatorio de los naturales por medio del sistema de las encomiendas (mita y yanaconazgo), procedimiento que se desvirtuó en la práctica y dio origen a muchos excesos por parte de los españoles (1). Las sabias “Leyes de Indias” constituían una legislación protectora del indígena, pues los monarcas españoles no vacilaron en reunir juntas de teólogos y juristas para dictar normas sobre el trato humanitario que debía aplicarse con los naturales. A pesar de ello, en América se cometieron numerosos excesos por parte de aventureros españoles que actuaron amparados por la enorme distancia que los separaba de la metrópoli y también por funcionarios venales, reacios a cumplir las humanas disposiciones de la Corona. La nueva legislación. Producidos los movimientos emancipadores, las naciones americanas —acordes con el progreso de la civilización— no tardaron en dictar leyes justicieras con respecto al indio y al negro. En nuestro país fue la Junta Grande el primer gobierno que dio a conocer disposiciones humanitarias, al declarar extinguida toda forma de servicio personal de los indios (setiembre de 1811). Luego, la Asamblea de 1813 ratificó esta última disposición y desde ese momento “los naturales del país, debían ser considerados hombres perfectamente libres y en igualdad de derechos a todos los demás ciudadanos”. La Constitución de 1853 (Art. 67, inc. 15) dispone “promover la conversión de los indios al catolicismo”. Pero si bien la nueva legislación liberó al indígena del estado de esclavitud en que se hallaba, la necesidad de ejercer la soberanía nacional en “todo” el territorio de la República, hizo necesario combatir al natural cuando se opuso al avance del progreso o cuando cometió tropelías penadas por la Ley. En nuestro país, “los indios” organizados en “malón”, muchas veces acompañados por delincuentes blancos, asaltaban los poblados, incendiaban las viviendas, mataban a los hombres, llevaban cautivos a las mujeres y a los niños y robaban el ganado. Entre los años 1833-34 JUAN MANUEL DE ROSAS llevó a cabo una Expedición al Desierto, cuyo resultado fue la extensión de las fronteras sobre el territorio salvaje y liberó unos 4.000 cautivos blancos. En 1879, el general JULIO ARGENTINO ROCA, emprendió una nueva Expedición al Desierto, a cuyo término, el gobierno nacional pudo ejercer su soberanía en unas 1.500 leguas cuadradas de nuestro territorio. (l) En el sistema de la “encomienda”, un español o encomendero se hacía cargo de un grupo de indios para civilizarlos —al menos teóricamente— y, a la vez, para beneficiarse con el trabajo personal de sus sometidos. La “mita” (o turno) se aplicó a las regiones con yacimientos mineros, allí los naturales trabajaron por turno y percibían un mísero salario. El “yanaconazgo” consistía en someter por la fuerza a los aborígenes para ocuparlos en 1a labranza de las tierras. En las “reducciones” se reducía a los indios que no estaban repartidos en encomiendas, quienes formaban pueblos y debían pagar un tributo. Las “misiones”, organizadas y administradas por los jesuitas, fueron el sistema más humanitario y que mejores éxitos obtuvo.

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