EL PRÍNCIPE DE GALES EN BUENOS AIRES (25/08/1925)

Poco hacía que en carácter oficial había llegado a Buenos Aires Su Alteza Real, el Príncipe Humberto de Savoya, hijo del entonces rey de Italia Víctor Manuel, cuando también, en visita oficial, en agosto de 1925, a bordo del crucero de guerra “Curlew” (1), llegó a la República Argentina y desembarcó en Buenos Aires, Su Alteza Real el Príncipe de Gales, Eduardo de Windsor, heredero de la Corona de Inglaterra y futuro Eduardo VIII.. El de Italia fue el primer heredero de un trono que llegaba a nuestro país, marcando un verdadero acontecimiento en la vida ciudadana y cuando llegó Eduardo, fue todo un acontecimiento político y social, pues el famoso miembro de la familia real inglesa, además de su jerarquía e investidura oficial, despertaba gran simpatía por su llaneza. Debido a su casamiento con la señora Wally Simpson, años más tarde, abdicó al trono de Gran Bretaña. Ascendió al mismo su hermano Jorge, y a la muerte de este soberano fue coronada en Westminster, el 2 de junio de 1953, Isabel II como Reina de Inglaterra.

Para recibir al príncipe, Buenos Aires se vistió de gala. El público argentino, especialmente el porteño, tuvo oportunidad de observar de cerca su atrapante personalidad. Era llevado a las fiestas poco menos que de la mano. Concurría a regañadientes, como cuando los chicos van a la escuela. Asistió, en el Teatro Colón, a la representación de “Loreley, con CLAUDIA MUZIO y BENIAMINO GIGLI. Dicen quienes estaban cerca de él, que el príncipe de Gales se durmió durante la función pero lo cierto es que sólo dio algunos cabezazos. Evidentemente le gustaba más el deporte. Por lo mismo concurrió a ver partidos de polo de los que participaron nuestros campeones olímpicos. Además, en el “Hurlingham Club”, dio algunos tacazos como para demostrar su habilidad en el deporte ecuestre. Quiso conocer el Teatro nacional y una noche asistió al Teatro Ópera, donde se representaba “Fruta Picada””, en la que FLORENCIO PARRAVICINI hacía un tipo de inglés. También actuó ROBERTO CASAUX, que interpretó un monólogo en inglés y ANA S. DE CABRERA en números folklóricos. En la parada militar que se realizó en su honor, el príncipe revistó las tropas, en compañía del jefe de la formación, general JOSÉ FÉLIX URIBURU y luego presenció el desfile de las mismas desde el palco oficial. El tren especial en que el heredero de la corona británica viajó a la estancia “Huetel”, llegó a las 7 de la mañana, pero el príncipe no quiso que lo despertaran y siguió durmiendo hasta el mediodía. Hubo, en esa estancia, desfile de gauchos con aperos de lujo, domas, pialadas y yerras. Luego, asado con cuero rociado con buen whisky. Por la tarde un paseo a caballo durante el cual sufrió una caída uno de los periodistas británicos que lo acompañaban. Recordó entonces la difusión que se dio a sus numerosas caídas y con su flema británica, sonriendo, dijo: “He ahí una noticia que no se dará a la publicidad”. Cantó después el dúo GARDEL-RAZZANO, quienes luego de ofrecerle algunas canciones camperas y tangos, le cantan temas de moda, provocando que el Príncipe se entusiasme y los acompañe con su “uke- lele”. Les pidió luego a éstos que se vistieran de gaucho y se sacó innumerables fotografías con ellos. Volvió a la capital, desde donde debía iniciar una gira por el interior. Un día desapareció y durante una hora lo buscaron por todas partes. Había burlado hasta la vigilancia de los agentes de Scotland Yard que lo acompañaron en su gira y ello causó el consiguiente revuelo. Se pensó en un accidente, en un secuestro, en un atentado. Pero no hubo nada de eso. Una hora después apareció el príncipe en su residencia. Lo que había ocurrido es que quería estar solo. Sin compañía. Sin agasajos. Absolutamente solo. Cumplió después una amplia gira por el país. Visitó varias estancias, entre ellas la de Chapadmalal y un mes después de haber llegado, se embarcó en el “Repulse”, fondeado en Mar del Plata. Antes de partir firmó el retrato de Genaro, modesto dueño de la trattoría” de Playa Grande, donde había hallado refugio cordial para eludir el protocolo. Se despidió con un hasta pronto”, que el príncipe cumplió, pues algunos años más tarde nos volvió a visitar. Con su primer viaje había retribuido la visita que hiciera a su patria el doctor ALVEAR siendo presidente electo en 1922, circunstancia en que se honró a nuestro país con significativas ceremonias.

En los mismos días llega también el inmensamente rico maharajá de Kapurtala, quien tuvo también la oportunidad de comnpartir con el príncipe algunos de sus paseos y se dice que el maharajá, por algún motivo que se ignora, le  regaló unos diamantes a una conocida cantante que participaba de una de las fiestas que se les ofreció (1) Como el “Repulse”, el acorazado en el que había cruzado el Atlántico, no tenía suficiente calado en el puerto de Buenos Aires, tomó tierra primero en Montevideo y allí se reembarcó  en el “Curlew” para viajar a Buenos Aires).

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