EL FUSILAMIENTO DE CAMILA 0’GORMAN Y SU AMANTE EL CURA GUTIÉRREZ (18/08/1848)

En el año 1848, un trágico drama pasional que involucró a CAMILA O’GORMAN y al cura VLADISLAO GUTIÉREREZ, dos jóvenes que desafiaron los códigos morales de aquella época convulsionó a la sociedad porteña durante el gobierno de Rosas y conmovió al país entero. Protagonistas de este suceso fueron CAMILA O’GORMAN, nacida en Buenos Aires, hija de ADOLFO  O’GORMAN PÉRICHON  DE VANDEUIL, caballero vinculado a la más altas esferas sociales y políticas del país, hermano de MIGUEL O’GORMAN, Presidente del Protomedicato y de JOAQUINA XIMÉNEZ Y PINTO, y nieta de ANA PÉRICHON (la “perichona”), célebre amante de SANTIAGO DE LINERS cuando éste se desempeñaba como virrey del Río de la Plata y VLADISLAO GUTIÉRREZ, sobrino del general CELEDONIO GUTIÉRREZ y del Gobernador de la provincia de Tucumán, que había llegado a Buenos Aires procedente de esa provincia recomendado  a ROSAS y al canónigo PALACIO quién lo tomó bajo su protección y lo destinó a desempeñar sus labores pastorales en el “curato” del Socorro.

CAMILA, tenía  diecinueve  años de edad,  cuando  conoció al párroco de la Iglesia del Socorro, el sacerdote GUTIÉRREZ (24 años). La joven, que poseía una educación esmerada, cantaba en las funciones religiosas  y  trataba  al  sacerdote en su casa, que él frecuentaba como amigo. La afinidad espiritual se transformó en amor y la pareja de amantes, comprendiendo que su amor no sería aceptado,  decidió huir  de  Buenos  Aires y la noche del 11 al 12 de diciembre de 1847, se macharon en dirección a San Fernando, bajo los nombres falsos de VALENTINA DESAN y MÁXIMO BRANDIER. Allí se embarcaron con la complicidad del patrón del barco y llegaron a Goya, en la provincia de Corrientes, en tanto eran buscados por pedido del padre de CAMILA. La pareja se instaló en Goya y conquistó la simpatía de la población, que les confió sus niños para que estudiasen en la escuela que habían establecido. Algunos meses después,  mientras arreciaban las críticas y el rechazo unánime de una sociedad que no estaba dispuesta a aceptar este tipo de relaciones “sacrílegas”, un cura irlandés que pasaba por el pueblo, llamado MIGUEL GANNON CHITTY, primo de la esposa del almirante BROWN y riguroso católico, los reconoció y los denunció el 14 de junio de 1848.

Ambos amantes fueron engrillados y enviados incomunicados a Buenos Aires, acusados de lujuria y de ofensas a la moral pública. Para Camila se preparó una celda en la Casa de Ejercicios, hacia donde MANUELITA ROSAS, que era su amiga, envió muebles y hasta un piano para suavizar las angustias de un encierro (se conserva una factura de la “Mueblería de la Independencia” donde consta esta compra). Por su parte, al cura GUTIÉRREZ, se le asignó una celda en el Cabildo, donde iba a tener  cama, silla y lavatorio y algunos libros. Pero parece que no los enviaron a estos lugares que se había previsto para alojarlos a la espera del juicio a los que se los iba a someter: fueron enviados directa y secretamente a Santos Lugares, en dos carretas distintas, para que no pudieran hablarse. Al llegar a Luján, GUTIÉRREZ pidió que los pasaran a una volanta, argumentando que CAMILA estaba embarazada y viajaba muy incómoda por los movimientos de la carreta que la llevaba. Se cree que estando allí, CAMILA escribió a MANUELITA ROSAS, pues existe una carta de la segunda, fechada en Palermo el 9 de agosto, en la que le dice haber intercedido ante su padre y le recomienda fortaleza hasta su llegada a la capital. El 15 de agosto llegaron a Santos Lugares y CAMILA pidió un médico, diciendo que se sentía muy enferma.

Así pasaron tres días de febriles gestiones que realizaban quienes clamaban por el perdón de la pareja de amantes por un lado, y el inmediato fusilamiento que exigían otros, como justo castigo por el sacrilegio que habían cometido, ofendiendo gravemente la moral ciudadana.

Las normas eclesiásticas sobre el celibato de los sacerdotes, y las leyes patrias impedían de cualquier forma este tipo de uniones. El clero, el mismo padre de la niña, la prensa y aún los argentinos unitarios emigrados en Montevideo, pidieron frente a éste hecho, un castigo ejemplar. No concebían un procedimiento de tal naturaleza en un sacerdote.

Ante este unánime repudio y los pedidos de castigo para los dos amantes, el caso tuvo que ser definido por ROSAS y el  gobernador de Buenos Aires,  finalmente cedió a la presión de los muchos referentes de esa sociedad y puso su firma a la orden de fusilarlos por el “sacrilegio” de haber huido y formado familia con un sacerdote.

Al alba del 18 de agosto de 1848, el capellán del ejército CASTELLANOS dio de beber agua bendita a CAMILA, para bautizar a su hijo nonato (se llamaba “bautismo por boca” y se lo concedieron “por las dudas si había preñez”) y su amante le envió una nota donde le expresó “Acabo de saber que mueres conmigo. Ya que no hemos podido vivir unidos en la tierra, nos uniremos en el cielo ante Dios”. Poco después, ante el horror de la familia de Camila, que no esperaba este desenlace, a las 8 de esa mañana,  ambos fueron fusilados.

La pareja de amantes, fue así víctima de una tragedia inexplicable a los ojos humanos, pero justificable frente a las leyes de entonces. Ambos vivieron un romance que se mantuvo en secreto durante largo tiempo. La pena por ese delito en la época, era de muerte.

Tiempo más tarde, ROSAS, asumirá exclusivamente toda la responsabilidad en el hecho. En una carta que le dirigió a su pariente FEDERICO TERRERO, desde Southampton, Inglaterra el 6 de marzo de 1870, entre otros párrafos, confiesa: “Ninguna persona me aconsejó la ejecución del cura Gutiérrez y Camila O´Gorman, ni persona alguna me habló ni escribió en su favor. Por el contrario todas las personas primeras del clero, me hablaron o escribieron sobre ese atrevido crimen y la urgente necesidad de un ejemplar castigo, para prevenir otros escándalos semejantes o parecidos. Yo creí lo mismo. Y siendo mía la responsabilidad, ordené la ejecución. Soy, pues, el único responsable de todos mis actos; de mis hechos buenos, como de los malos; de mis errores y de mis aciertos”. (Adolfo SALDÍAS, “Historia de la Confederación Argentina”, Tº 3, págs. 239/

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