CONQUISTA Y COLONIZACIÓN DE AMÉRICA (OBJETIVOS).

Entre los inventos que señalan el comienzo de la Edad Moderna, la brújula fue, sin duda, la que revolucionó en mayor medida la técnica de la navegación. Con ella los marinos podían alejarse considerablemente de la costa, hasta perderla de vista, sin desconocer su situación. La brújula fue usada ya por los navegantes italianos en el siglo XIII y montada en la rosa de los vientos en el siglo XIV. La latitud se averiguaba por medio del astrolabio, instrumento destinado a medir la altura de la Estrella Polar sobre el horizonte del hemisferio norte. Se disponía ya de cartas de marea y mapas “portulani”. Pero además de estas seguridades, del incentivo de la fortuna y la fama, se necesitaba valor para que los capitanes de aquella época se decidieran a lanzar sus frágiles veleros a lo largo de la inexplorada costa de África o a través del ignoto Océano Atlántico.

Los intereses económicos
Europa y Asia mantenían contactos comerciales desde tiempos remotos. Los principales productos asiáticos (especias, piedras preciosas, tejidos de seda y algodón) eran transportados por caravanas a través de desiertos hasta las costas del Mediterráneo y, desde allí, las flotas venecianas y genovesas las distribuían en el resto de Europa pues no había ruta marítima directa entre ambos continentes. Cuando Constantinopla y posteriormente otros puertos del Mediterráneo cayeron en poder de los turcos otomanos, los cristianos debieron buscar otras rutas para su comercio con el Oriente.

Portugal fue el primero y principal impulsor de la expansión europea, sobre todo a través del príncipe Enrique, apodado “el Navegante», quien se dedicó a comprobar todas las teorías geográficas en boga con la esperanza de alcanzar, por dicho medio, territorios lejanos para difundir la religión católica, ensanchar sus territorios y aumentar sus recursos. Todos sus esfuerzos se vieron recompensados cuando los portugueses, recorriendo la costa de Africa alcanzaron el Cabo de Buena Esperanza y establecieron nuevamente el contacto con el Oriente.

La esfericidad de la tierra
Esta teoría era aceptada desde el siglo II cuando Ptolomeo creyó que la Tierra era el centro del Universo. Más tarde, ya en tiempos de Colón, Copérnico desarrollaría la teoría sobre el sistema solar, en el cual nuestro planeta no era más que uno de los muchos que giraban alrededor de la estrella. Nadie creía ya en 1492, que la Tierra era plana; podían suponerla más grande o de distinta forma, como Colón, que la «veía» con forma de una pera. Lo que pretendió demostrar su viaje era que navegando hacia el oeste se llegaba a la lejana China.

 Colón luego de ser rechazado en la corte de Juan II de Portugal, obtiene las cartas de presentación para ver a la reina Isabel de Castilla. El fervor de Colón se contagiaba a los legos en materias cosmográficas, pero no convencía a los hombres de ciencia; los famosos eruditos conocidos como “los sabios de Salamanca». Isabel posiblemente disgustada por la falta de apoyo de esta junta, prometió a Colón que una vez terminada la guerra con los moros de Granada, ella con sus joyas o dinero lo ayudaría a armar la expedición.

Descubrimiento de América.
Así lo hizo y el 3 de agosto de 1492 CRISTÓBAL COLÓN salió desde el puerto de Palos de Moguer con tres carabelas: la Santa María, la Niña y la Pinta, y noventa hombres de tripulación. Tomó rumbo hacia las islas Canarias, donde tuvo que permanecer varias semanas para efectuar trabajos de reparación, y el 6 de setiembre emprendió la ruta hacia el oeste. Su fe, su valor, su audacia y su saber se vieron recompensados, pues el 12 de octubre desembarcó en Guanahaní, una de las islas Bahamas, que Colón llamó San Salvador. Luego de haber descubierto Cuba el 28 de octubre, y Santo Domingo el 5 de diciembre, que llamó La Española, dejó allí una guarnición y regresó a España. Su expedición había logrado un buen éxito, pese a que no había podido regresar con las especias y el oro, que eran las riquezas codiciadas.

Cuando Colón regresó de su primer viaje Juan II de Portugal hizo una protesta formal porque se había violado la soberanía de sus mares. Para dirimir esta cuestión los Reyes Católicos apelaron al Papa Alejandro VI (el valenciano Rodrigo Borgia) quien dictó dos bulas por las que se reparte el mundo entre España y Portugal. Juan II no aceptó y las negociaciones continuarían hasta la firma del Tratado de Tordesillas en 1494. Según éste se trazaría una línea imaginaria que pasara a 370 leguas de las islas de Cabo Verde; las tierras al oeste de esta demarcación serían españolas y las del este, portuguesas.

Después de Colón.
Después de Colón, las andanzas de exploradores españoles, por el sur del Continente Americano, se debieron  a diferentes motivos. CRISTÓBAL COLÓN pretendía alcanzar los ricos mercados del oriente, por el rumbo de occidente. Después, como América estaba sobre esa ruta, vinieron los que buscaban en sus costas algún paso para salir al otro mar y seguir el viaje hasta las islas de la especiería, las sedas y las perlas.

Mientras la reina Isabel “la Católica”,  miraba hacia dentro de América y propiciaba, ante todo, la evangelización de los nativos, otros, intentaban enriquecer las cartas náuticas, y acrecentar el saber geográfico para satisfacer  su vocación de aventura y conquista y muchos de esos navegantes,  deseaban entrar al continente, atrapados  por leyendas sobre imperios poderosos y yacimientos inagotables de metales nobles.

La Sierra de la Plata.
El mito de la “Sierra de la Plata” hizo que marinos avezados, como SEBASTIÁN GABOTO y DIEGO GARCÍA DE MOGUER, se tentaran con su búsqueda, abandonaran sus respectivos compromisos y entraran con sus flotas en la cuenca del Paraná (1527). Pero, aunque la Sierra de la Plata no era una leyenda, porque sin que se lo supieran entonces, en 1543 comenzó a ser una realidad cuando un grupo de exploradores descubrió el “Cerro Rico de Potosí”(ver Cerro Rico de Potosí), su frustrada búsqueda, para nosotros los argentinos,  produjo en estas regiones, concretos hechos históricos :  el nombre de Río de la Plata, dado por DIEGO GARCÍA DE MOGUER al mar Dulce o río de SOLÍS, porque creyó que era la entrada natural a la famosa Sierra de la Plata, hecho del cual deriva la denominación de la República Argentina, fue uno de ellos. La instalación del Fuerte Sancti Spiritus junto al Paraná y cerca de la desembocadura del río Coronda (existente entre 1527 y 1530), fue otro, a los que deberemos agregar la fundación de numerosos asentamientos y poblados y la apertura de rutas y caminos que les fue necesario realizar durante sus marchas en busca de riqueza, y que, de no ser por ellas, quizás hoy no existirían (ver El Cerro Rico de Potosí)..

A la conquista de América.
Casi inmediatamente después de que que CRISTÓBAL COLÓN descubriera América en 1492, la corona de España estaba muy interesada en afianzar sus pretensiones sobre el Río de la Plata y frenar de esta forma el insistente avance portugués. Para poner fin a estas incursiones Carlos V decidió “abrir puertas a la tierra. Conquistar y poblar las tierras y provincias que hay en el río de Solís, que llaman la Plata, donde estuvo Sebastián Caboto y por allí calar y pasar por tierra hasta llegar a la mar del Sur, hasta el océano Pacífico”. Por eso, cuando Mendoza se enteró que el gobierno español, por escasez de fondos, no se resolvía a enviar una expedición al Río de la Plata, para tomar por retaguardia el imperio de los Incas, se ofreció a prepararla a su costa y a conducirla a su destino.

Con este objetivo, a principios de 1534, Carlos V, firmó cuatro “capitulaciones” (o contratos), con FRANCISCO DE PIZARRO, DIEGO DE ALMAGRO, PEDRO DE MENDOZA y DIEGO DE ALCAZABA. En cumplimiento de lo pactado en las Capitulaciones” que firmó, el 21 de mayo de 1534, a PEDRO DE MENDOZA se le otorgó el título de Adelantado, con el compromiso de dominar y poblar las tierras y provincias del río Solís y llegar hasta el Pacífico. Se lo autorizaba a levantar hasta tres fortalezas de piedra y debía además costear la Armada y traer a estas tierras cien caballos y cien yeguas, de primera calidad, que fueron el origen de los que después han medrado y desarrollado por miles en nuestras fértiles llanuras.

El primer Adelantado.
Fue así que con el título de “Primer Adelantado del Río de la Plaza, el 24 de agosto de 1535, PEDRO DE MENDOZA partió desde San Lúcar de Barrameda, con la misión de fundar y poblar un puerto en la entrada de la cuenca del Plata que, además de proteger la entrada a la todavía misteriosa sierra de la plata y otras regiones interiores, señalara la presencia de España en el Atlántico Sur.

El 2 de febrero de 1536, las naves de MENDOZA entraron al pequeño puerto del “Riachuelo de los Navios” y  no lejos de allí, en un sitio hoy desconocido junto al río de la Matanza, se instaló sin ceremonia el real Puerto de Santa María del Buen Ayre.  Aquella primera Buenos Aires que ra un pequeño caserío, cercado con empalizadas de tierra y rodeado por algunas aldeas de nativos.

Don Pedro de Mendoza, muy enfermo, quiso regresar a España pero murió en alta mar. Los primeros porteños dejaron  de ser soldados y se hicieron labradores, mientras otros hombres marchaban al norte por el Paraná, para buscar la sierra de la plata. Estos exploradores, fundaron  en el camino algunas poblaciones de breve existencia, salvo uno de sus capitanes, llamado JUAN DE ZALAZAR Y ESPINOSA, quien el 15 de agosto de 1537, fundó la “Casa Fuerte de Nuestra Señora de Asunción” (devenida luego en la Muy Noble y Leal Ciudad de Nuestra Señora Santa María de la Asunción y finalmente en la actual  Asunción del Paraguay)

Una “entrada a la tierra” fallida.
Cuatro años después se instalaron  allí todos los españoles dispersos por el Litoral, incluidos los de Buenos Aires que luego de padecer mil penurias, habían abandonado la ciudad, cumpliendo lo dispuesto por MARTÍNEZ DE IRALA el 3 de enero de 1541. Se dio así la paradoja de que, lejos de la pretensión de la corona española de “abrir las puertas de la tierra», como se expresaba  mostrando su decisión de instalar puertos y abrir caminos hacia el interior del virreinato, el centro de la presencia hispana en el Atlántico Sur fuera una ciudad mediterránea.

A mil kilómetros del mar hacia cualquier rumbo y cuya única salida posible era el puerto de San Francisco (hoy Sao Francisco do Sul. estado de Santa Catalina, Brasil), la salida marítima natural y más segura para Asunción era el río Paraná, ya que había fracasado el intento de consolidar el camino entre el puerto brasileño y Asunción del Paraguay, por las dificultades que presentaban sus selvas y serranías de muy difícil acceso,

Fue entonces que como puerto de escala en 1573 se fundó Santa Fe  y en 1580 Buenos Aires, emplazamiento cuyo destino era constituírse como «puerta de la tierra y cabecera del sistema fluvial, marítimo, y también terrestre”, pues en esta capital confluían (como aún hoy lo hacen), los principales caminos del país. Por último, en 1588 se pobló Corrientes como puerto de escala hacia Asunción (Material compuesto con información extraída de «Los caminos y la fundación de ciudades en el siglo XVI», del arquitecto Alberto de Paula..

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