AL ENEMIGO NI JUSTICIA (28/10/1831)

AL ENEMIGO NI JUSTICIA. ROSAS DISPONE LA EJECUCIÓN DE OPOSITORES. En San Nicolás, provincia de Buenos Aires, JUAN MANUEL DE ROSAS, quien el 16 de este mes había hecho fusilar al ex Gobernador de San Luis, coronel IGNACIO LUIS VIDELA, dispone la ejecución de cuatro tenientes coroneles y otros militares y civiles, entre los cuales se hallaba el hijo de uno de ellos, ROMUALDO MONTENEGRO, de doce o catorce años de edad El hecho, por lo injusto, pues se había prometido a los prisioneros salvarles la vida, asombró a la población de San Nicolás y demostró cuáles iban a ser los medios que emplearía Rosas para gobernar. Rosas comenzaba así a gobernar imponiendo la violencia y el terror. Sin embargo, el verdadero terror, no llegó a su grado más agudo sino hasta el año 1840. De las muertes más crueles e inolvidables fueron la del ciego Apolinario Gaetán, fusilado en 1842 y la del sacerdote Francisco Solano Cabrera, ambos acusados de participar en un movimiento sedicioso contra Rosas. Completamos a continuación esta información, transcribiendo parte de un texto publicado por el historiador ARMANDO ALONSO PIÑEIRO en su obra “Cronología Histórica Argentina” Corría el año 1831. El 31 de mayo se había firmado un Convención entre los gobiernos de Córdoba t Santa Fe, cuyo artículo sexto decía: “Ningún individuo, de cualquier clase que sea, sufrirá destierro, confiscación de sus bienes o arresto por más de ocho días, por causas posteriores a este Convenio, sino a virtud de un proceso formal que ponga en claro su delito. “El general Estanislao López, en octubre de ese año, accedió a un pedido Rosas para entregarle algunos prisioneros que el caudillo santafesino había tomado del ejército comandado por el general José María Paz. Es de imaginar que los tales prisioneros —y presuntamente el mismo López— no debían estar demasiado preocupados por su suerte, ya que su vida estaba garantizada por la dichosa Convención citada”. Sin embargo, el 28 de octubre, Rosas consumaba un acto asombroso: condenaba a muerte a doce de los veintisiete prisioneros recibidos, sin juicio previo y con argumentos como los siguientes: “Siendo, pues, el resultado de todo, la necesidad de escuchar al fin el voto público y la de acallar algún modo el grito contra los notorios delitos de duchos presos, no siendo por más tiempo prudente ni posible ensordecer al clamor público sin dejar satisfecha la causa de los pueblos y la de la humanidad, sin dejar igualmente afianzada la tranquilidad siempre en peligro con la existencia de muchos de los presos recibidos y reparada de algún modo la justicia… .” No surge de esta parte del documento (existente en el Archivo General de la Nación) los presuntos y “notorios ” delitos que habían cometido los sentenciados, omisión que por supuesto no arredraba a Rosas para firmar la condena, que en su parte resolutiva sí dejaba entrever algunas de las culpas: “Se condena a sufrir la última pena en la plaza pública de San Nicolás a Luis Videla, Benito Villarreal, Romualdo Montenegro y Agustín Montenegro por rebeldes contra las leyes, cómplices en las maquinaciones del ejército amotinado, por seguidores de las fierezas, muertes y atrocidades a que los amotinados se entregaron, por seductores de los indios en las devastaciones a que con su consejo e influjo halagaron y atrajeron sobre el territorio de Córdoba. A la misma pena —proseguía el oficio— a Francisco Ramón Campero, Ángel Altamirano, Agustín Durán, Faustino Cuevas’ y Pedro Cuello por deudores de la vida de víctimas que han sacrificado al sanguinario furor con que se alistaron entre los amotinados e hicieron con sus hechos estremecer a la humanidad”. “Se condena por último a Luis Carbonel a ser pasado por las armas porque a más de los delitos de rebelde, tiene el de desertor. A las doce horas de intimada la sentencia, se hará la ejecución”. Otros dos prisioneros (el mayor Juan Antonio Cuadra y el ayudante Genaro Tarragona) fueron condenados a muerte previo acto de degradación, no sin que “su Excelencia” tomara escrupulosas previsiones escritas para que se les hiciera entender que eran condenados por desertores, rebeldes y traidores.

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