Yapa

Pocos vocablos de las lenguas vernáculas argentinas, han alcanzado tanta popularidad como “yapa”, palabra quichua que significa añadidura, agregado, aditamento, es decir, porción de algo que va demás o que excede la totalidad de algo. En los almacenes de campo de la República Argentina del siglo XVIII, como en los comercios urbanos, era norma habitual, la de tener a mano una lata con galletitas o un frasco con caramelos, destinados exclusivamente a satisfacer el reclamo de “la yapa”, formulado por las criaturas, después de haber efectuado una compra. En nuestros tiempos, no es raro escuchar algún imperativo “déme la yapa” o el voluntario “esto va de yapa”, con que los comerciantes se refieren al regalo que le hacen a sus buenos clientes, a los que gastan generosamente. En otro orden, “yapa” es también la parte del lazo que va junto a la argolla, donde se cierra “la armada”, parte que, en una longitud variable de entre uno y dos metros, suele trenzarse más gruesa y reforzada, a los efectos de darle mayor resistencia para aguantar la áspera fricción que se produce en ese lugar, al enlazar animales, especialmente, vacunos con cuernos. “yapa” se denominan también a todas las añadiduras de “guascas” o tiras de cuero, ya estén montadas o superpuestas y cosidas en sus extremos, que aumentan la longitud del lazo.

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