UN SANTO PARA ENFRENTAR A LAS HORMIGAS (1611)

Allá por el año 1611 se produjo en Buenos Aires una inusitada invasión de hormigas que preocupó a los vecinos por el peligro que significaban. Eran del tipo de las llamadas “Termitas” (“hormigas locas” en la Banda Oriental) que devoraban la madera, especialmente la que constituía las bases y el entramado de la techumbre de sus casas. el Cabildo de Buenos Aires tomó cartas en el asunto y estableció multas para las personas que no destruyeran las hormigas y ratas de sus casas y recomendó muy especialmente que habiendo dispuesto que el 14 de mayo fuera feriado para dedicar cultos solemnes a los santos Sabino y Bonifacio, que, según creencia de todos, eran los  encargados de proteger la ciudad de esos flagelos, se dedicara la jornada a elevar sus ruegos a esos santos patronos..

Aseguraba un personaje de la época, vinculado con  la Iglesia que “este patronato lo poseían desde la fundación de la ciudad, pero su culto se había resfriado y apagado tanto en nuestros tiempos, que los daños que se experimentan, así en las sementeras y plantas que devoran, como en las casas y edificios que taladran, son pieza y olvido de nuestros protectores, pues no se ruega a Dios por su intermedio».

Mucha gente ya apelaba por entonces a los poderes de San Bonifacio y San Sabino como protectores contra las ratas y las hormigas, pero los cabildantes resolvieron hacer una votación secreta, para elegir por medio del azar el nombre definitivo de un santo patrono libertador, porque San Bonifacio y San Sabino, al parecer no habían `podido conjurar el peligro. Para evitar suspicacias, el 3 de noviembre de ese año, se eligió a un niño para que sacara de la bolsa el nombre del santo, de entre otros muchos propuestos para la función de salvador. El honor le correspondió a San Simón Judas y se establecieron misas, procesiones y limosnas en su nombre. Sin embargo, la gente siguió fiel a sus viejas devociones, el pobre San Simón Judas fue ignorado y San Sabino y San Bonifacio continuaron siendo los favoritos por muchos años. San Sabino era el protector contra los ratones y San Bonifacio contra las hormigas y como no existían imágenes de ellos, se mandó hacerlas, de pequeño tamaño para poder ser llevadas cómodamente en las procesiones

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