UN HEREDERO AL TRONO DE FRANCIA VIVIÓ EN BUENOS AIRES? (1818)

Parece ser que entre 1818 y 1852, en Buenos Aires, vivió el enigmático Delfín de Francia, Luis XVII, quien oculto tras el nombre de Pierre Benoit fue celoso custodio de un secreto que llegó a convertirse para él en una inagotable fuente de amarguras, hasta el día de su misterioso final. La que supuestamente sería la verdadera identidad de Pierre Benoit, es sostenida por los descendientes de quien en vida debió ser Luis XVII, dedicados hace ya más de medio siglo a transformar las tradiciones orales familiares en investiga­ciones sistematizadas y profundas en procura de develar este misterio.

Quien más hizo al respecto fue el doctor Federico Zapiola, descendiente directo de Benoit, autor de un libro que tanto esclarece como llena de interrogantes al lector, “Luis XVII, ¿murió en Buenos Aires?”. Su segunda edición debía tener un tono más polémico, pues el autor pensaba suprimir los signos de interrogación del título para proclamar sin ambages lo que se sugería en la primera entrega. Pero Federico Zapiola murió en 1963 sin revisar la obra. Treinta años más tarde, sus sobrinos Lucrecia Zapiola de Sa- ravia -que acaba de terminar su ensayo novelado “Soy Luis XVII, debo llamarme Pierre Benoit” y José Matías Zapiola decidieron reeditar el trabajo original, enriquecido con un apéndice de su autoría y nuevos testimonios. Un largo misterio Luis Carlos, que debía ascender al trono de Francia con el nombre de Luis XVII, nació el 27 de marzo de 1785 en el Palacio de Versailles. Fue duque de Normandía hasta que a la muerte de su hermano mayor, Luis Joseph Xavier, se convirtió en Delfín, es decir, heredero de la corona de Francia.

Cuando la familia real fue confinada en el Temple, Luis Carlos compartió con los suyos la cruel reclusión; pero un buen día fue secuestrado y retirado de la torre. Desde en­tonces se pierde todo rastro de Luis XVII -los restos mortales que se conservan no corresponderían tampoco a una per­sona de la edad y de las características físicas del Delfín- y comienza la singular historia de Pierre Benoit. El niño reaparece en el puerto de Calais, en el norte de Francia. En esa ciudad es confiado a una familia Benoit, quien lo prohija y le brinda una esmeradísima educación con profesores particulares. El pequeño Pierre nunca concurrió a la escuela pública y sus maestros acudían a la casa de los Benoit, cuya situación económica jamás les habría permitido afrontar tal carga. Sin embargo, Pierre tenía quien velara por él, como que el mismísimo Napoleón Bonaparte se preocupaba por su bienestar y formación intelectual y ya, en el ocaso de su vida, el Gran Corso pidió que la familia Benoit siempre fuera asistida en sus necesidades. Muy joven, casi adolescente, Pierre Benoit, ingresó en la ar­mada francesa, donde realizó una excelente carrera, cortada abruptamente cuando decide (o deciden por él) su retiro. Parte, entonces, con destino a Venezuela con cartas de pre­sentación para Simón Bolívar.

Sin embargo, por alguna causa, el encuentro no se verifica, y Pierre sigue hacia el Sur, hasta Buenos Aires, donde arriba el 1o de julio de 1818. Un rey en el Plata. Aquí lo alcanza el documentó que lo confirma como “Apóstol y Gran Maestro Carbonario”,-una logia masónica. Se engancha en la marina de guerra, se casa, y tras dejar la armada, cumple una larga y meritoria labor en el Departamento de Ingenieros de la provincia de Buenos Aires. Algunas de sus realizaciones aún perduran, como el frontis de la Catedral y el ordenamiento del cementerio de la Recoleta. Hasta Rosas y sus adeptos lo respetaron con inusual deferencia. De su matrimonio con María Josefa de las Mercedes Leyes, nacieron Petrona Mercedes, su gran confidente y Pedro, quien fue el autor de los planos de la ciudad de La Plata y artífice de la basílica de Luján, entre otras obras. Ambos hermanos supieron de las penas de su padre, quien les reveló, de manera harto hiperbólica, una infancia ensombrecida por la tragedia y largos sufrimientos morales. De su actitud de cerrada oposición hacia todo lo francés, una muestra es suficiente: nunca quiso que sus hijos aprendieran su idioma, y cualquier referencia a su pasado era prontamente rechazada.

Vivió en una honda conjura de silencio como solamente puede vivirla quien ha hecho de ella una profesión de fe. Los sutiles rastros Sin embargo, en las conversaciones con sus hijos, dejó en­trever algo, huellas sutiles que también sembró en sus cua­dros cuando los firmó en lugares poco accesibles: LCRFPB (lo que puede interpretarse como Luis Carlos Rey de Francia Pierre Benoit). También, algunos expertos han creído ver en las orlas de algunos dibujos esas mismas iniciales, pero dispuestas de manera más compleja. Benoit, quien había acompañado a Amedee Bompland en su viaje a Tucumán, vivía en la intersección de Bolívar e Inde­pendencia. Hasta allí llegó el 22 de agosto de 1852 un enig-mático médico francés, quien se reunió con él en privado. Luego de una larga conversación, el médico dejó la casa precipitadamente, no sin antes haber administrado a Benoit una medicina en forma de sellos que le habría provocado la muerte.

Pierre Benoit fue sepultado en la Recoleta, en la bóveda de la familia Fonseca. Años más tarde sus restos fueron redu­cidos, pero aún permanecen allí, aunque en un lugar inac­cesible, ya que se encuentran tras una pared levantada du­rante unas obras de refacción; el actual titular de la bóveda, Gonzalo Segré Carman, está dispuesto a allanar toda difi­cultad para su recuperación. Los Zapiola, poseedores de una trenza que perteneció a María Antonieta y de varios documentos de alto valor testimo­nial, nunca fueron visitados, oficial u oficiosamente, por embajador francés alguno o por alguien que desde Francia se interesara por el caso. Tampoco han viajado a Calais ni establecido correspondencia con los Benoit prolongadores de la familia; pero proseguirán con las investigaciones hasta dar con una respuesta satisfactoria. ¿Sueñan con una hipotética restauración monárquica que los aproxime a un trono? No, más humildemente esperan poder contribuir a escribir esa página que, a su juicio, la historia de Francia tiene en blanco: el destino del Delfín, la suerte de Luis XVII (Luis F. Núñez).

1 Comentario

  1. Edicionesparaclitus

    Ediciones Paraclitus tiene el agrado de informarles acerca de la primera biografía novelada del Ing. PEDRO BENOIT.
    La misma se encuentra escrita por uno de sus descendientes, y ya se encuentra disponible a la venta para todo el país.

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