UN DISCURSO MASÓNICO DE MITRE (00/10/1868)

En el tomo XIV de !as Obras Completas de BARTOLOMÉ MITRE, editadas por orden del Congreso Nacional en 1959, figuran los discursos y arengas que éste pronunciara en el transcurso de su vida pública y entre esas piezas oratorias, se cuenta uno: titulado “Discurso masónico”, pronunciado en el banquete servido en honor de Mitre y Sarmiento al sucederse en octubre de 1868, en el mando supremo de la Repú­blica» y por considerar esclarecedores de ciertos aspectos de la personalidad de Mitre, reproducimos aquí algunos de sus principales párrafos:

 «Hermanos: Aunque no tenía conocimiento del programa de esta reunión y no había pensado hacer uso de la palabra, ya que soy invitado a ello, acepto la tarea que se me encomienda, porque cada uno de nosotros debe estar siempre preparado al trabajo, ya sea que a él se llame a la luz del día o en las tinieblas de la noche (el orador señala las puertas sagradas del templo, simbolizando la una la luz y la otra las tinieblas.)

“Los que nos han precedido en la tarea, los que prepararon estos centros activos del trabajo inteligente y pacifico en que se propaga la verdad, edificaron el templo bajo los auspicios del Hacedor Supremo del Universo. No marcharon sobre un camino de flores. Ellos atravesaron por entre hierro y fuego combatiendo valerosamente por su fe, derramando la sangre propia y ajena, edificando el templo a la par que pugnaban contra la tiranía. Luchando, sacrificándose y trabajando día y noche, que fue como nuestros predecesores iniciaron la obra, y como establecieron la base de estas columnas que hoy se levantan hasta el cielo simbolizando la fortaleza del apóstol y la labor del artífice. (tocando con la espada y el martillo las dos columnas simbólicas)

«La historia política de la República. sus luchas y sus con­quistas, están representadas en las cinco presidencias constitucionales que se cuentan en su historia constitucional. La primera, la de Rivadavia, fue la más fecunda de todas. La presidencia de Rívadavia fue como la primera  copa que se derramaba en los festines antiguos. Nadie la bebía y se hacia con ella una libación a los dioses desconocidos. Nuestros dioses desconocidos han recogido esa libación y la han derramado sobre nuestras cabezas como un agua de bendición.

Los otros cuatro presidentes, hermanos, se han encontrado una vez juntos y arrodillados al pie de estos altares: el general URQUIZA, que acaba de serlo; el doctor DERQUI, que lo era entonces; yo, que debía ser honrado más tarde con el voto de mis conciudadanos, y el hermano Sarmiento, que va a dirigir bien pronto los destinos de la Nación. ¿Qué sentimiento animaba a aquellos cuatro hombres en ese momento solemne? Debemos creer que el sentimiento de la fraternidad dominaba, y que sus aspiraciones se dirigían al bien de todos.

Es cierto, cuando nos alejamos de las puertas del templo, nuestras espadas salieron de la vaina para cruzarse en los campos de batalla, pero aun sobre esa desgracia y esa inútil matanza, el genio invisible batió de nuevo sus alas, y los pueblos, en nombre de la fraternidad y el bien, se unieron para concurrir a los fines que encerraban la felicidad de todos.

Hoy, que uno de esos presidentes va a entregar a otro el depósito que le fue confiado, nos habla de los astros que suben a su apogeo y de los que declinan hacia su ocaso. Error astronómico, como es error político y social. El mundo entero creía que el sol daba vuelta alrededor de la tierra y que resplandecía sobre nuestras cabezas para hundirse luego en las sombras. No: el sol está fijo en el centro de su sistema para irradiar eterna luz sobre sus mundos. No hay más sol que el principio eterno del bien que nos ilumina.

¿Qué es Sarmiento? Un pobre hombre como yo, un instrumento como éste (tomando un compás) que la Providencia toma en sus manos para producir el bien a que concurre en mayor o menor escala…».

Lamentablemente, no hemos podido encontrar referencia alguna acerca del lugar donde se desarrolló este acto, ya que este dato nos ayudaría a comprender las acotaciones del autor de esta nota, cuando dice  (el orador señala las puertas sagradas del templo, simbolizando la una la luz y la otra las tinieblas.) y más adelante “(tocando con la espada y el martillo las dos columnas simbólicas).

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