SASTRE, MARCOS (1808-1887).

Doctor en Filosofía, promotor de la ciencia y la cultura, educador y naturalista, periodista y escritor, MARCOS SASTRE nació en Montevideo el 2 de octubre de 1808. Debido a la invasión portuguesa a la Banda Oriental, su familia emigró y se radicó en la ciudad de Concepción del Uruguay, provincia de Entre Ríos. Allí creció de niño y luego pasó a Córdoba, donde cursó sus estudios secundarios en el histórico Colegio Montserrat de dicha ciudad y más tarde, en la Universidad, donde recibió el título de Doctor en Filosofía.

Hacia el año 1832 se instaló en Buenos Aires y cuando el libro era todavía la única fuerte de información y cultura y había solamente cinco librerías en todo el país, el 16 de julio de 1833, inauguró en su domicilio, un gabinete de lectura que trataría de ser mucho más que eso, para que funcionara como una especie de club de discusión y lectura.

Estaba ubicado en la calle Reconquista 54 y según el anuncio de inauguración publicado en el “Diario de la Tarde”, el lugar contaba con textos de derecho, política, filosofía, moral, religión, idiomas, además de novelas y libros de primeras letras y prestaba los servicios de una Biblioteca ambulante con préstamo de libros a domicilio.

Muy pronto,  el local se convirtió en lugar de reunión de jóvenes intelectuales, que se reunían allí no solamente para leer, sino que también lo hacían para conversar y conocer las últimas novedades llegadas desde Europa. El lugar comenzó a resultar chico para albergar tanta actividad, por lo que en enero de 1835,  SASTRE se mudó a pocos pasos de su ubicación original

El nuevo local estaba en la calle Reconquista 74 y entonces comenzó a llamarse “Librería Argentina”. Allí,  SASTRE se proponía vender  “toda especie de objetos que tengan relación con la ciencia y las artes” y que funcionara como una especie de club de discusión y lectura. Ponía a disposición del público más de 1.000 libros sobre distintas materias, incluyendo medicina doméstica y agricultura. y periódicamente realizaba extraordinarias liquidaciones a muy bajos precios para acercar los libros al mayor número de lectores posibles.  También vendía materiales para dibujo y música y “artículos de mercería y perfumería exquisita”.

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En 1837 se trasladó a otro local más grande, ubicado en la calle Victoria 59 (136 dicen otros autores) y allí, en medio de mapas, cuadros y armarios de caoba llenos de libros, en junio de 1837 comenzó a funcionar el “Salón Literario”. (en la imagen, algunos de sus fundadores). Organizado por los hombres más progresistas y cultos, el Salón Literario fue un lugar que reunió a los más brillantes talentos de la época,  donde se forjó el pensamiento nacional que dominaría la última mitad del siglo y donde se conocieron y trataron Esteban Echeverría, Juan Bautista Alberdi, Juan María Gutiérrez; y otros jóvenes que con el correr del tiempo, tuvieron gran participación en los hechos que conforman la historia argentina.

Pero hacia 1838, el gobierno de JUAN MANUEL DE ROSAS comenzó a no ver con buenos ojos a un lugar donde se privilegiaba la libertad de pensamiento y la Librería comenzó a sufrir el acoso del gobierno. Primero fueron insinuaciones para que se morigeraran allí las críticas al gobierno, después, directamente las amenazas de la Mazorca, por lo que, a pesar del éxito, SASTRE se vio obligado a cerrar la librería el 19 de mayo de 1838.

Después de hacerlo, SASTRE se trasladó a Córdoba, y se consagró a su gran pasión: la Educación. Fundó un establecimiento educacional y publicó “Anagnosia”, una obra para la enseñanza de la lectura. Ya en ese entonces se destacaba por su erudición y por su talento y era un decidido promotor de la cultura nacional en sus orígenes. Actuó en Escuelas de Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos, escribió en periódicos de la época y fue Director de la Biblioteca Pública.  En 1849 fue nombrado por JUSTO JOSÉ DE URQUIZA, Director General de Escuelas en Entre Ríos y después de Caseros, Regente de la Escuela Normal de Buenos Aires y Vocal del Consejo Nacional de Educación.

Entre los numerosos libros que publicó especialmente dedicados a temas vinculados con la enseñanza y la pedagogía, destacamos “La educación popular en Buenos Aires”, el ya nombrado “Anagnosia”, “Ortografía completa’, “Guía del preceptor” y “Selección de lecturas para niños”, pero su nombre como escritor se ha inmortalizado con “El Tempe Argentino”, una de las obras más renombradas acerca de la zoología, la geografía y la botánica del Paraná y su delta. Una obra en la que se reveló como un artista, un poeta de la naturaleza. Emotivo y documentado a la vez, “descubriendo —literariamente— el paisaje del Delta”. Un libro encantador “en cuya frescura forestal platean las aguas de los riachos del entonces virginal Delta y vibra el canto silvestre de los pájaros criollos”: Verdadero poema que nos trae inolvidables y hondos recuerdos de nuestra niñez.

VÍCTOR MERCANTE dijo con respecto a ese libro: “Sastre, para los más, fue un poeta; para otros, un naturalista agrícola, tan preciso es en detallar las costumbres de los animales que habitan las islas y tan sagaz observador en observarlas”.

SASTRE fue una de las figuras más representativas y uno de los pensadores más profundos de nuestro país. Los jóvenes tuvieron en él a un maestro y bibliófilo desinteresado, y fue así como se formó alrededor suyo una pléyade de hombres con avidez de saber y llenos de entusiasmo patriotico. Su sola paciente y patriótica labor literaria, bastaría para que el sentimiento nacional se exalte ante su recuerdo, reconociendo que representa mucho más que una vida, pues fue una idea y acaso un símbolo.  Falleció en Buenos Aires el 15 de febrero de 1887.

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