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LA BATALLA DE SUIPACHA (07/11/1810)
Primera victoria de las armas argentinas durante la guerra por la independencia. El Teniente Coronel ANTONIO GONZÁLEZ BALCARCE, jefe de la vanguardia de las Fuerzas Expedicionarias al Alto Perú enviadas por la Primera Junta de Buenos Aires para incorporar la región a la causa emancipadora, se enfrenta nuevamente con los realistas y los derrota en la batalla de Suipacha, el 7 de noviembre de 1810.
El Teniente Coronel GONZÁLEZ BALCARCE, que había reemplazado en el mando de esa unidad al coronel FRANCISCO ORTÍZ DE OCAMPO, comandaba una fuerza combinada que contaba con el apoyo de las milicias montadas de MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES y milicias locales y el 27 de octubre de 1810, llegado a Santiago de Cotagaita (Intendencia de Potosí, en el Alto Perú), había intentado repetidamente romper las defensas de las fuerzas realistas del virreinato del Perú que al mando de JOSÉ DE CÓRDOVA Y ROJAS se habían fortificado en el lugar (ver Batalla de Cotagaita) y no pudiendo cumplir con su cometido, se dirigió hacia el sur, con la intención de llegar a Tupiza, una ciudad que funcionaba como su base de operaciones, además de ofrecer ventajas geográficas y logísticas estratégicas (1).

Los realistas emprendieron una tardía persecución de las fuerzas patriotas y llegados a los llanos de Suipacha, a orillas del río homónimo, en la provincia de Sud Chichas, actual territorio de Bolivia), que en ese momento formaba parte del Alto Perú, fueron interceptados por GONZÁLEZ BALCARCE, que los estaba esperando, para darles batalla nuevamente.
Las fuerzas patriotas, estaban compuestas por algo más de 600 hombres y contaban con dos cañones y se enfrentan con los realistas, unos 800 hombres que tenían cuatro cañones y que seguían bajo del mando del general JOSÉ DE CÓRDOVA. Al cabo de media hora de combate, lo vencen y los realistas, desbaratados y desorientados, no pudieron impedir que el ejército patriota continuara su avance hasta Jujuy para llegar hasta Yavi.
Desarrollo de las acciones
Y teniendo a la vista lo que aconteció luego, parece ser, que lo que aparentó ser una retirada luego de sus frustrados ataques a las defensas realistas, resultó ser una retirada estratégica, diseñada por BALCARCE para atraer al enemigo a un terreno más propicio para combatirlo y la emboscada que finalmente preparó, fue una obra maestra de táctica militar que convirtió una retirada aparente en una victoria fulminante en solo 30 minutos.
GONZÁLEZ BALCARCE supo aprovechar las características de la geografía del río Suipacha y el exceso de confianza del jefe realista, JOSÉ DE CÓRDOVA Y ROJAS, para tenderle una trampa. Desplegó en la orilla norte del río a una fuerza visible de unos 200 infantes con dos cañones con la misión era iniciar el combate en cuanto tuviera a la vista al enemigo y simular pánico ante su avance. Escondió luego al grueso de su ejército (caballería e infantería) detrás de las quebradas y cerros escarpados que bordeaban el lecho del río y los esperó.
El jefe realista CÓROVA Y ROJAS, al ver que los patriotas comenzaban a retroceder en aparente desorden tras los primeros disparos, creyó que se repetía el escenario de Cotagaita y ordenó a sus tropas cruzar el río en persecución abierta, rompiendo su propia formación defensiva. Cuando los realistas bajaron al cauce del río y quedaron completamente expuestos en el terreno bajo, BALCARCE dio la orden de ataque. Las fuerzas ocultas salieron de las quebradas y atacaron en masa por los flancos y la retaguardia, encerrando por completo a los invasores, aunque es justo decir que el factor sorpresa no habría funcionado, sin el coraje arrollador y la destreza de las tropas del norte, donde las milicias locales y el liderazgo de MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES fueron determinantes.
GÜEMES, al mando de la vanguardia y de los jinetes salteños, jujeños y tarijeños, ejecutó una carga veloz y coordinada. La velocidad de la caballería impidió que los realistas pudieran reorganizar sus líneas o utilizar su artillería con eficacia. Los gauchos y milicianos locales dominaban el terreno pedregoso y empinado y mientras los soldados regulares del Virreinato del Perú se empantanaban en el lecho del río, la caballería patriota se movía con total fluidez. Por su parte, las milicias de los “chichas” de Tupiza y los voluntarios de Tarija demostraron una enorme disciplina táctica para aguantar la posición en silencio antes de la orden de asalto y luego una ferocidad imparable en el cuerpo a cuerpo.
El impacto psicológico de la emboscada y la violencia de la carga de caballería desmoralizaron a los realistas en minutos. Los soldados del rey tiraron sus armas y huyeron hacia Cotagaita, dejando atrás toda su artillería, municiones y la tesorería del ejército.
Si bien ya con anterioridad, se habían tenido algunos enfrentamientos armados con los realistas el 18 de setiembre de 1810 en “Cangrejos” y el 27 de octubre en Cotagaita (2), esta victoria obtenida en Suipacha, se consolidó en la historia argentina, como el bautismo triunfal de las armas patriotas contra el Imperio español. Dejó libre el camino de la revolución hacia el Alto Perú y demostró el valor de las milicias gauchas en la guerra de emancipación y tuvo un enorme impacto político. Permitió asegurar temporalmente la zona del Alto Perú para la causa revolucionaria y elevó la moral de las Provincias Unidas, demostrando que el ejército de la patria podía vencer a las fuerzas regulares de la corona española.
Fue además, una victoria doblemente meritoria, porque fue lograda por un grupo de improvisados valientes, pobres en armas, sin ropas ni víveres, no teniendo más que entusiasmo y fe en los ideales de libertad y de independencia. El gobierno patrio premió al vencedor de Suipacha, ascendiéndolo a Brigadier general y lo condecoró con el escudo de oro y el título de Benemérito de la Patria (ver Guerra de la Independencia Argentina).
(1). Aunque analistas de este acontecimiento, ven en la retirada de González Balcarce hacia Tupiza, más que una retirada estratégica, la intención de poner una trampa a los efectivos realistas para atraerlos a un terreno más propicio a sus objetivos, prevalece la idea de que lo hizo así, debido a que esta ciudad, además de funcionar como su base de operaciones e integración patriótica, le ofrecía ventajas geográficas y logísticas estratégicas.
Tupiza dominaba el acceso a las gargantas y ríos de la región. Era el lugar donde confluían las distintas milicias que daban forma a la campaña libertadora. Antes de Cotagaita, en la localidad cercana de Mojo, se habían integrado las fuerzas de Balcarce (que venían desde Yavi), la vanguardia de Martín Miguel de Güemes y contingentes clave de voluntarios que llegaban desde Tarija, Salta y Jujuy. Tupiza concentraba el apoyo de las poblaciones locales de los chichas y tarijeños.
Al quedarse sin municiones y sin haber podido romper las trincheras realistas en Cotagaita, Balcarce necesitaba replegarse hacia una posición conocida donde poder reabastecerse, reorganizar a los hombres y curar a los heridos. Tupiza ofrecía además, alimentos y apoyo logístico gracias a que sus habitantes estaban totalmente consustanciados con la causa de la Revolución de Mayo.
Dirigiéndose hacia Tupiza, acortaba la distancia con la retaguardia del Ejército del Norte, que venía marchando desde el sur, lo que permitió que muy pocos días después, el 6 de noviembre, Balcarce recibiera en la zona de Nazareno un refuerzo crítico de 200 hombres de Jujuy con dos piezas de artillería, municiones y dinero para la paga de las tropas.
De este modo, Tupiza no fue simplemente un refugio tras la retirada, sino el núcleo logístico indispensable que permitió al Ejército del Norte recuperar fuerzas y obtener la victoria definitiva en la Batalla de Suipacha apenas doce días más tarde.
Cuando las tropas realistas del capitán de fragata José de Córdova y Rojas salieron en su persecución (creyendo erróneamente que la moral de los patriotas estaba destruida), Balcarce usó la geografía de la zona para desalojar Tupiza, atraer a los realistas hacia el río Suipacha y emboscarlos.
(2). El combate de Cangrejos fue protagonizado por las milicias locales y no por efectivos de las fuerzas regulares como fueron las que combatieron en Suipacha y la batalla de Cotagaita, fue en realidad, un ataque frustrado a las posiciones defendidas por los realistas, más que un combate y menos victorioso, como lo fue Suipacha.