PRIMER VIAJE EN FERROCARRIL (29/08/1857)

El 29 de agosto de 1857 (y no el día 30, conforme certificó el tradicionalista Pastor S. Obligado), partió de la Estación Parque del Ferrocarril del Oeste (en la manzana hoy ocupada por el Teatro Colón), nuestro primer ferrocarril, conocido como el “Ferrocarril a la Ensenada”, para realizar un viaje de ensayo.

En 1853 se había formado la “Sociedad del Camino de Hierro Buenos Aires al Oeste” que impulsó la creación del Ferrocarril. El tendido de vías se inició en 1855 bajo la dirección del ingeniero inglés GUILLERMO BROGGE que contó con un nutrido equipo de operarios y capataces. Había sido contratado en Inglaterra, trayendo consigo las dos primeras locomotoras que llegaron al país: “La Porteña (imagen) y “La Argentina”y fue “La Porteña» que arrastrando dos vagones: uno de pasajeros y otro para llevar encomiendas y correo, la “vedette” de este primer viaje.

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Luego de partir de la estación “Parque”, se detuvo en Almagro y Caballito, antes de completar su recorrido de alrededor de 20 kilómetros, llegando a San José de Flores. Una muchedumbre se reunió para presenciar la partida y algunos ni siquiera creían que semejante máquina pudiera moverse. Entre los desconfiados se encontraba un cuarteador que poseía un caballo campeón de cincha- . Se cuenta que el hombre quiso desafiar al tren y que ALONSO CORAZZI, el maquinista italiano y los hermanos ALLEN, a cargo de la locomotora, aceptaron el reto. Al principio pareció que el caballo vencía al monstruo, pero sólo se trataba de una broma. Los conductores habían dado marcha atrás, pero cuando la máquina comenzó a avanzar, humilló al caballo. El diario “La Tribuna” del día siguiente decía: «Pocas veces se ha presencia-un espectáculo más grandioso por el contento y alegría del pueblo en medio de cuyos vivas se ha consumado”. “La Porteña” fue radiada de servicio en 1890, después de ayudar a transportar de todo, incluso trenes fúnebres durante la epidemia de fiebre amarilla de 1871 (ver El Ferrocarril  Oeste).

Un informe producido en el seno de la empresa “Camino de Hierro”, se refirió así al acontecimiento: «El viaje se hizo despacio y el tren llegó sin novedad alguna a la Floresta. Dispuesto éste para el regreso y satisfechos los señores de la Comisión del primer ensayo, ordenaron al señor ALLEN volver con más celeridad marchando hasta veinticinco millas por hora. Todo fue bien hasta que, como a mitad del trayecto y estando el tren sobre un terraplén, zafó la locomotora de los rieles, corrió por alguna distancia sobre los durmientes rompiendo unos sesenta o setenta, hasta que bajó el talud del terraplén. Afortunadamente, al bajar se encajó en un gran zanjón que la detuvo; el vagón de encomienda fue tumbado y el coche con pasajeros, aunque inclinado, quedó parado. El choque fue muy violento; las cabezas de los señores VAN PRAT y DANIEL GOWLAND (socios fundadores de la compañía) se encontraron, saliendo el último con una herida que le bañó la cara en sangre. En seguida pensaron en lo que debía hacerse. Fueron unánimes en determinar que nada se supiera en el público, porque haría un pésimo efecto sobre el estado vidrioso de la opinión, comprometiéndose a, no comunicar lo sucedido ni a sus mismas familias. Pero la prueba había bastado para conocer que la vía no estaba en las condiciones requeridas para entregarla al público, y rehusaron recibirla hasta que el ingeniero hubiera hecho las obras necesarias para reparar las fallas”

Las reparaciones se hicieron rápidamente, y el 30 de agosto de 1857 se realizó la inauguración oficial que puso en servicios el primer ferrocarril con que contó el país. La iniciativa había sido de un grupo de particulares argentinos, pero la colaboración financiera del gobierno de Buenos Aires fue decisiva para la organización de la empresa. Al fundarse la compañía, las autoridades porteñas habían aportado  un capital de más de un millón de pesos, renunciando posteriormente a percibir dividendos sobre éste, y sobre otros 6.000.000 de pesos oro que también fueron aportados por el gobierno para asegurar la prolongación de la línea.

Más adelante, en 1863, el gobierno de Buenos Aires procedió a convertirse en único propietario de la empresa, y con su administración el Ferrocarril Oeste cobró gran impulso, alcanzando en 1870 una longitud de vías de 177 kilómetros. Para ese entonces transportaba anualmente más de 500.000 pasajeros y 166.551 toneladas de carga, produciendo un beneficio del  9,78 % de interés sobre el capital invertido.

La primera locomotora y el primer maquinista
La célebre locomotora La Porteña”, primera que corrió por rieles argentinos, fue construida por la casa Manning Wardle y Cía., de la ciudad británica de» Leeds. Antes de ser incorporada al Ferrocarril Oeste, había prestado servicios con las fuerzas armadas del ejército inglés, en la guerra contra Rusia que tuvo por escenario la península de Crimea. Allí fue utilizada para arrastrar los trenes destinados al abastecimiento de las tropas que sitiaban la plaza de Sebastopol. Su campaña en la Argentina no desmintió sus antecedentes bélicos. Adquirida por el Ferrocarril Oeste en 1857, permaneció en actividad hasta el mes de agosto de 1889. El primer maquinista  de La Porteña” fue ALONSO CORAZZI, un italiano natural de Livorno, quien, después de haber trabajado durante ocho años como fogonero y uno como maquinista en la compañía Strada Ferrata Leopoldina”, de Toscana, Italia, se embarcó en calidad de mecánico para la Argentina, a bordo de un vapor destinado a la exploración del río Bermejo, hasta que fue contratado por la empresa del Ferrocarril Oeste como primer maquinista en 1857. Continuó al servicio de esta empresa hasta 1863, en que se trasladó a Santa Fe para colaborar en la construcción del Ferrocarril Central Argentino. Posteriormente se reintegró al Ferrocarril Oeste, en calidad de limpiamáquinas, puesto que conservó hasta su muerte, ocurrida el 23 de octubre de 1892.

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