ORÍGENES DE LA CIUDAD DE AVELLANEDA (1731)

La ciudad de Avellaneda, antiguamente llamada “Barracas”, en alusión a los galpones y barracas que a comienzos del siglo XVIII se habían levantado a orillas del Riachuelo (1), fue llamada Avellaneda a partir del 11 de enero de 1904, fecha en que se promulgó la Ley que le dio al Partido y a su ciudad cabecera, ese nombre, en homenaje al ex presidente de la Nación NICOLÁS AVELLANEDA.

Un poco de historia
En 1620, luego de la segunda fundación de Buenos Aires por JUAN DE GARAY, la corona española le concedió al adelantado JUAN TORRES DE VERA Y ARAGÓN, las tierras que hoy ocupa el Partido de Avellaneda en la provincia de Buenos Aires. En 1755, JUAN GUTIÉRREZ GONZÁLEZ Y ARAGÓN, bisabuelo del general MANUEL BELGRANO, heredero del lugar, fundó allí la Hermandad de la “Santa Caridad de Nuestro Señor Jesucristo”, instalando un oratorio dedicado a Nuestra Señora de los Remedios, junto al cual se encontraba el Asilo de Huérfanos de San Miguel. Por eso la zona comenzó a ser conocida como “la chacra de los Remedios o de las Huérfanas”.

En 1731, por orden del gobernador ANTONIO DE LARRAZÁBAL, se instalan “barracas” sobre el “Puerto del Riachuelo”, que era entonces un concurrido fondeadero y puerto natural. Estas barracas se hallaban diseminadas a lo largo de las riberas del Riachuelo y transmitieron el nombre al lugar en que se encontraban establecidas.

En 1822, cuando el lugar ya era conocido como “Barracas al Sud”, a consecuencia de la reforma eclesiástica, se confiscaron los bienes de las órdenes religiosas y la finca donde funcionaba el asilo, fue cedida a la Sociedad de Beneficencia. Seis años más tarde los terrenos fueron rematados y los compró DOMINGO OLIVERA. Desde ese momento la chacra se conoció como “de los Olivera”, aunque su nombre real era “Los Remedios”. El establecimiento fue usado como centro de experimentación agrícola-ganadero durante mucho tiempo y la antigua casona todavía se conserva.

Después se comenzó a fraccionar hasta que, en 1912, la Municipalidad compró el sector comprendido por las calles Lacarra, Directorio, Moreto y Gregorio de Laferrere, para crear allí un Parque público. Alrededor del Parque fue creciendo un barrio tranquilo, cuyos habitantes no saben en muchos casos a qué barrio pertenecen y se ubican a sí mismos como vecinos de Mataderos o Floresta (ver “Barrios, calles y plazas de la Ciudad de Buenos Aires” editado por el Instituto Histórico de la ciudad de Buenos Aires).

Durante casi todo el siglo XIX se instalaron allí, familias distinguidas de la sociedad en lujosas viviendas y casa quintas, hasta que en 1871, la epidemia de fiebre amarilla que se abatió sobre Buenos Aires, hizo que muchas de ellas se mudaran a la zona norte de la ciudad, más cálida y menos húmeda, por lo que brindaba menos peligro para el contagio de la peste y las casas abandonadas fueron ocupadas ilegalmente por muchos desocupados.

El fin del siglo XIX trajo consigo significativos cambios en la actividad económica de la ciudad y su estructura social se vio afectada por la gran cantidad de inmigrantes que llegaron al país. Muchos de ellos, principalmente italianos se radicaron en esas tierras donde hoy están Avellaneda y La Boca, dándoles una características de “barrio de trabajadores”, donde aprendieron a convivir italianos, españoles, croatas, polacos, judíos y procedentes de tantas otras nacionalidades, que vieron en la Argentina, un seguro destino para ellos y sus familias

Por esa época, “Barracas” tenía la ribera del Riachuelo poblada de cafetines y prostíbulos. En el extremo opuesto, en la zona conocida como “Los Olivos”, o “Pueblo de las ranas” (atravesando el arroyo de Las Pulgas, rellenado en 1883), de las ranas” se refugiaban delincuentes, malevos y personajes de la peor calaña (dixit Germinal Nogués en “Buenos Aires, ciudad secreta”)

Los puentes sobre el Riachuelo
La ciudad de Avellaneda está dividida en dos por el Riachuelo y desde el 1º de diciembre de 1791, ambas orillas estuvieron unidas por un puente que se llamó “Puente de Gálvez”. (imagen del Puente Barracas))

Antiguo puente Barracas (1895). Construido en madera de forma ...

En 1806, durante la primera invasión de los ingleses, los criollos le prendieron fuego, tratando de impedir el avance de los invasores (sin lograr su cometido como es sabido), porque éstos, atando varias embarcaciones entre si y en ambas orillas del Riachuelo, lograron armar un precario puente por donde pasaron sus tropas.

Este viejo puente dejó de funcionar en mayo de 1858, cuando las aguas de una gran crecida del Riachuelo, socavaron sus pilares y se derrumbó. Casi apenas destruido, sobre sus ruinas, se construyó uno nuevo en el lugar; de calzada más ancha y pilares más resistentes, pero estaba escrito que las aguas del Riachuelo no permitirían larga vida a los puentes que se hacían para cruzarlo.

Otros puentes se construyeron luego y todos fueron arrasados por las aguas. Hasta que en 1860, la firma PRILIDIANO PUEYRREDÓN, MEDRANO, PANTHOU y ESCRIBANO presentan al Gobierno, un proyecto para construir un puente giratorio de hierro, para no obstruir el paso de los barcos, en el mismo lugar en que estaba el destruido el último, de madera. La obra fue finalizada en diciembre de 1867 y el mismo día de la inauguración, mientras se realizaban las pruebas finales, una falla en uno de los pilotes, hace fracasar el mecanismo que accionaba el puente; el brazo de palanca venció al pilar-pivote y se fue todo al fondo del río.

A pesar de las pérdidas sufridas, la empresa constructora se ofreció para reparar los daños y poner en funcionamiento su obra. Finalmente fue inaugurado en noviembre de 1871, pero nuevamente una gran crecida del Riachuelo lo derrumbó el 23 de setiembre de 1884, siendo inmediatamente sustituído, por otro, que nuevamente era de madera.

En 1899 se empezó a construir otra vez, un puente de hierro con tramo central levadizo (contaba con cuatro columnas) para el pasaje de barcos, que se inauguró en 1903 y estuvo en funcionamiento hasta que en 1926, con material traído desde Alemania, comenzó la construcción de un puente también  levadizo. Fue el último y es que actualmente, el llamado como su predecesor “Puente Pueyrredón”, e inaugurado el 20 de setiembre de 1931 es el que actualmente está en uso.

Algunas fechas importantes
01/12/1791. Se inaugura el primer puente para cruzar el Riachuelo. Fue el Puente Gálvez (o de Gálvez), levantado sobre el Paso de la Canoa, en el Camino Real al Sud (actual Avenida Montes de Oca en la Ciudad de Buenos Aires y Florentino Ameghino de la ciudad de Avellaneda). Era de madera y su construcción estuvo a cargo de Juan Gutiérrez Gálvez, por lo cual en principio llevó su nombre, aunque más tarde también se lo conoció como Puente de Madera, Puente de Barracas y, en la época de Juan Manuel de Rosas, se lo pintó de rojo punzó y se le llamó Puente de la Restauración de las Leyes.
1804. Comienzan a instalarse numerosos saladeros, que fueron, quizás, los primeros en contaminar el Riachuelo, pues tiraban a esas aguas todos sus desperdicios. Se cuenta que en 1830 se realizó la primera comprobación de su contaminación, algo que ya comenzaba a preocupar a sus vecinos, pero que nadie hizo nada al respecto. Llegaron después las curtiembres y las que industrializaban el sebo, que contaminaron aún más y que utilizaban unos grandes galpones de ladrillo rojo con techo de chapas a dos aguas, que aún se conservan, mostrando los vestigios de su decadencia y devastación.
1817. Se construyó una capilla a orillas del Riachuelo.
1839. Se otorgó permiso para ofrecer misa en la «Capilla del Italiano» cercana al Puente Gálvez.
07/04/1852. Presidida por el Juez de Paz de la Serna, se constituye la primera Municipalidad local y esta es la fecha que se reconoce oficialmente, como la de la inauguración de la ciudad de Avellaneda.
17/02/1856. El Gobierno Provincial expide un decreto, aceptando la existencia de un increíble desorden urbanístico del momento, ordena a las nuevas construcciones, que se respeten las ya existentes y se ajusten a nueva traza de la ciudad.
23/10/1895. La importancia alcanzada por este nuevo centro de población y sus alrededores, hicieron que se erigiera en el Partido de Barracas al Sud, origen a su vez del de Avellaneda. Barracas al Sud estaba formado por los actuales partidos de Avellaneda, Lanús y Lomas de Zamora, además de la ciudad de Adrogué. El partido nace como «Villa Constitución» pero el nombre no fue aceptado y siguió llamándose “Barracas”.
11/01/1904. Se promulga la ley que da al Partido y a su ciudad cabecera el nombre de Avellaneda en homenaje al ex Presidente de la Nación, NICOLÁS AVELLANEDA.
20/09/1931. Se inaugura el último de los varios puentes que se construyeron a lo largo de la historia de la ciudad de Avellaneda. Fue el conocido como “Nuevo Puente Avellaneda”, actualmente en uso.

Recuerdos
Las cuadras Pavón, Mitre y Colón, son como la manzana fundacional de Avellaneda”. Tiene una curiosa forma de pentaedro y allí fue donde se instalaron los primeros comercios, y apenas nació en siglo XX, las primeras cuatro salas de cine que tuvo el barrio (el Roca, el Teatro Colonial, el San Martín (con murales pintados por el artista ANTONIO BERNI), el Rivadavia y el Maipú, lógica y lamentablemente hoy transformados para albergar otras actividades

Pero las obras que demandó la construcción de un nuevo puente sobre el Riachuelo, que no estaba en correspondencia con ninguna calle, ya que se consideraba que en el futuro, la avenida 9 de Julio se extendería hasta el Riachuelo, hicieron que allá por el año 1926, el lugar perdiera su encanto. Estuvo algún tiempo abandonado Los edificios fueron “casas tomadas” por los “okupas”, los negocios cerraron y la zona se tornó peligrosa. Y así fue, hasta que se inauguró el nuevo Puente Pueyrredón y las cosas volvieron a su normalidad.

Los vecinos de hoy recuerdan con nostalgia los tiempos de esplendor del barrio, cuando los frigoríficos y otras industrias, especialmente vinculadas con la carne, le daban una intensa vida al lugar: “de madrugada, (alguno dice), esto era como la calle Florida. Los obreros salían de los frigoríficos a las 3 de la madrugada y se chocaban con los que entraban para el turno siguientes, y esto hacía que el movimiento fuera permanente: Hasta los bares permanecían abiertos por eso”.

Otro recuerdo del pasado nos dice que en la esquina de las actuales calles Mitre y Pavón, era donde funcionaba el famoso prostíbulo de las “judías polacas”, ligado a la famosa historia de la recordada red Swi Migdal dedicada a la trata de blancas y que fueron algunos de sus personajes emblemáticos ALBERTO BARCELÓ, un caudillo conservador de la década del 30, cuya mano derecha, llamado “Ruggerito”, era un pistolero ligado a los negocios mafiosos de aquellos tiempos. Cuando murió, cientos de prostitutas acompañaron su féretro vestidas de luto.

CRISÓLOGO LARRALDE, un político radical, autor de importantes leyes laborales, CÉSAR CANTÓN Y FÉLIX HIDALGO, famosos payadores, ÁNGEL VILLOLDO, llamado el “ángel del Tango, son otros tantos referentes del antigüo barrio de Avellaneda y hasta hay quien asegura que la famosa “Pulpera de Santa Lucía”, heroína del también famoso vals de IGNACIO CORSINI, precisamente llamado “La pulpera de Santa Lucía”, pudo haber sido una tal Ramona Bustos, una rubia mujer que atendía un bodegón llamado El Saladero, situado en una esquina de la actual calle Montes de Oca, vinculando ese apodo por la proximidad del bodegón con la Capilla de Santa Lucía

La inmigración
La inmigración de fines de 1880 dejó fuertes huellas en la idiosincrasia de la ciudad. En el censo de 1895, la cuarta parte de la población era italiana. También por esas zonas, de campos abiertos, faenaje y chacra, se instalaron vascos franceses y españoles. Hoy, Avellaneda tiene 22 asociaciones de inmigrantes. Entre ellas, una de Cabo Verde, en Dock Sud; de croatas y polacos.

Y si bien la inmigración le dio a Avellaneda su impulso económico floreciente, también, dejó la huella de una exitosa red social a través de clubes barriales que traducen la ideología de los obreros inmigrantes anarquistas y socialistas: «Amor y Lucha», «Amado Nervo», «Once Luce­ros», «Honor y Patria», o la «Biblioteca de Estudios después del trabajo».  En 1904, la Sociedad de Socorros Mutuos italiana creó el Teatro Municipal Roma, dedicado a los programas líricos.

(1) «Barraca», deriva del catalán. Significa depósito o galpón de mercancías. El término fue usado por JUAN DE GARAY para designar las construcciones que debían realizarse para estos fines, luego de refundar Buenos Aires en 1580 y luego se siguió utilizando con la misma acepción para designar a este tipo de edificios.

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