OPINIONES. LA DECLARACION DE LA INDEPENDENCIA

Era si o si
Estamos en 1816 y aunque en 1810, la actitud independentista en el Río de la Plata, había sido muy decidida, los cambios ideológicos y políticos producidos en Europa, con la amenaza de una pronta reacción de la monarquía castellana para recuperar lo perdido, hicieron que mucha gente estuviera  realmente indecisa. Y si bien hubo un relato escolar, según el cual todos los criollos querían ser independientes, lo cierto es que en 1810 los realmente independentistas,  eran una absoluta minoría. La mayoría aspiraba a un status de mayor autonomía, pero  dentro de la monarquía.

De parte de los dirigentes criollos era fuerte la voluntad de autonomía, aunque sin definirse en el terreno de la independencia absoluta. La reacción española ante esta radicalización, originó una situación de hecho imposible de revertir, pese a los intentos que hubo para reconciliarse con la monarquía. La intransigencia de ambas partes, fue entonces total y por lo tanto la indecisión en el terreno de declarar la independencia era suicida. Fue lo que comprendió, entre otros, JOSÉ DE SAN MARTÍN, cuando protagonizó el hecho que se conoce como su «‘desobediencia»: Él fue más allá de las instrucciones recibidas y se dispuso a llevar a cabo las acciones militares hasta sus ultimas consecuencias (ver La desobediencia de San Martín).

Fue por eso que la Declaración de la Independencia de 1816 fue impuesta por la necesidad de una medida política y militar imperiosa. No se podía seguir adelante con la discusión del grado de autonomía que queríamos, sin una declaración formal de Independencia. Los sucesos de 1810 fueron impulsados por la vacancia del trono: “Si el trono está vacante o el príncipe se convierte en tirano, el pueblo tiene derecho a reasumir su  soberanía”. En toda América, el argumento por el cual se legitima la constitución de gobiernos locales,  es la nenesidad de reasumir la soberanía. La soberanía de la corona castellana, perdida a manos de Napoleón, es reasumida no por el pueblo argentino, porque no existía todavía como tal, sino por los pueblos de la colonia, es decir por el pueblo de cada ciudad con Ayuntamiento. Son esos pueblos, esos ayuntamientos llamados cabildos, los que envían diputados a la Primera Junta de gobierno. Pero esos pueblos no sólo buscaban su autonomía sino que inducidos por la debilidad de sus estructuras, necesitaban unirse.

Un camino para lograr esa unidad, se abría  mediante la instalación de un gobierno unitario; otro,  se orientaba hacia una confederación, que no era un estado, sino una asociación de estados independientes. Estas dos tendencias llamadas más tarde unitaria y federal, van a dirimir sus diferencias luego, durante muchos años y no solamente en el Río de la Plata,  sino en toda América (dixit Roberto Noriega, Diario Clarín)).

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