MARTINA CHAPANAY (1800-1887)

Martina Chapanay fue una valerosa mujer mestiza, nacida en San Juan, que entremezclando leyendas y verdades, pasó a la historia como protagonista de una vida tumultuosa y violenta, que rozando muchas veces las fronteras del bandolerismo, la llevó a compartir hombro a hombro con los hombres de su época, los rigores de sus luchas por la Independencia primero , con las montoneras luego y que hasta llegó a ser “la chasqui de SAN MARTÍN. Fue ladrona de caminos, bandolera, Robín Hood con cara de mujer, cuchillera sin sosiego y heroína de la Patria.

Nació en 1800 en la Intendencia Córdoba del Tucumán (llamada así durante el Virreinato del Río de la Plata a la actual región de Cuyo). Su padre,  AMBROSIO CHAPANAY (1), era un cacique Huarpe, aunque hay quienes dicen que fue un indio Toba que se refugió entre los huarpes y su madre una cautiva sanjuanina, quizás llamada MERCEDES GONZÁLEZ o TEODORA según otras versiones

El historiador MARCOS ESTRADA dice de ella: “Era de estatura mediana, ni gruesa ni delgada, fuerte, ágil, lozana, mostraba un raro atractivo en su mocedad. Parecía más alta de su talla: su naturaleza, fuerte y erguida, lucía además un cuello modelado. Caminaba con pasos cortos, airosos y seguros. Sus facciones, aunque no eran perfectas, mostraban rasgos sobresalientes; su rostro delgado, de tez oscura delicada, boca amplia, de labios gruesos y grandes, nariz mediana, recta, ligeramente aguileña, algo ancha –mayormente en las alas-, pómulos visibles, ojos relativamente grandes, algo oblicuados, garzos, hundidos y brillantes, de mucha expresión, que miraban con firmeza entre espesas pestañas, cejas pobladas, armoniosas, y cabello negro, lacio, atusado a la altura de los hombros. Su fisonomía era melancólica; podía transformarse en afable, por una sonrisa, dejando visibles dos filas de dientes muy blancos. A pesar de que su continente era enérgico, había en él un sello de delicada feminidad. Su carácter, algunas veces alegre, era no obstante taciturno, magnánimo, solía transformarse en irascible, y hasta violento, ante el menor desconocimiento a su persona.El timbre de su voz era más bien grave, que lo hacía esencialmente expresivo.Animosa y resuelta, no le fatigaban los grandes viajes ni el trabajo incesante; aguantaba insensible el frío y el calor, y resistía sin lamentaciones el sufrimiento físico”.

Criada en un hogar que hasta  se prestó para servir de escuela a los niños de esos lugares, cuando murió su madre, MARTINA tenía quizás tres o cuatro años, su padre la llevó a San Juan y se la entregó a CLARA SÁNCHEZ, una matrona que  vivía en Ullum y que la educó con rigor. Cuando llegó a la adolescencia se alejó de su casa y se fue a vivir con los huarpes. Se transformó en ladrona y asaltante de caminos, repartiendo lo que robaba entre los más pobres. Ya era una consumada jineta y hábil en las rudas  tareas rurales: pialaba, enlazaba y domaba como el mejor de los hombres y su habilidad para el manejo del facón, pronto le valió la fama de diestra “cuchillera”, habilidades todas estas que fueron configurando su personalidad con definidos caracteres masculinos. Se hizo brava y peleadora

En 1817, ofreció  sus servicios al general SAN MARTÍN,  y éste la nombró “chasqui” del Ejército de los Andes. Se mezcló luego con evadidos de la ley, y hasta convivió y compartió con algunos de ellos sus andanzas y fechorías. Al elegir la vida de montonera comenzó a utilizar la vestimenta de los gauchos (chiripá, poncho, vincha y botas de potro), y así es como hoy se la representa. Cuenta la leyenda (jamás certificada), que se amancebó luego con el bandido CRUZ CUERO, jefe de una banda que asoló la región por años y que hasta se atrevieron a atacar la Iglesia de la Virgen de Loreto, en Santiago del Estero, pero esta relación terminó en tragedia. MARTINA se enamoró de un joven extranjero que habían secuestrado para pedir rescate y  Cruz golpeó a Martina y mató al joven de un balazo, pero Martina mató a Cruz con una lanza y quedó como jefa de la banda.

Iniciadas las confrontaciones entre los caudillos provinciales, MARTINA se unió con sus secuaces al caudillo FACUNDO QUIROGA y en 1831 combatió en la Ciudadela junto a él. Luego, después de la muerte de éste, Martina se incorpora a la resistencia de Pie de Palo, transformándose en jefa de una banda de salteadores. A mediados de siglo XIX ya era famosa en la región como la saqueadora rebelde, la bandolera de las causas justas y se desempeñaba también como baqueana, y rastreadora.

Se unió luego a las fuerzas de los caudillos ÁNGEL VICENTE “CHACHO” PEÑALOZA, y FELIPE VARELA hasta que le ofrecieron el indulto y un cargo de sargento mayor en la policía de San Juan. Y fue revistando como tal, que se encontró con el Comandante PABLO IRRAZÁBAL, el sindicado como asesino del Chacho Peñaloza. MARTINA lo retó a un duelo criollo y era tal su fama como “cuchillera”, que Irrazábal, entró en pánico, se descompuso, pidió la baja  y desapareció para siempre.

Después de muchas andanzas, Martina regresó a su pueblo natal y éste ya no existía. Terminó refugiándose en Mogna donde todavía se encontraba el poblado indio y allí la encontró la muerte. Y también ésta es una leyenda como lo fue toda su vida. No se sabe si fue a causa de la picadura de una serpiente o de los dientes de un puma, pero lo cierto es que murió alli, absuelta de sus pecados por el cura párroco de Jáchal, que también se ocupó de su entierro. Se cuenta que un antiguo oficial sanmartiniano llamado ELACIO BUSTILLOS, que la conoció de su época de “chasqui” de San Martín, cuando se enteró de su fallecimiento,  fue a San Juan y cubrió la tumba de MARTINA con una laja blanca, sin ninguna inscripción, ya que “todos saben quién está allí”.

Y así pasó a la Historia Martina Chapanay, la llamada “gaucho hembra”, una leyenda del desierto, un espíritu libre con sus valores y defectos. Cuchillera y corajuda, vengadora de la muerte del chacho Peñaloza, federal hasta la médula, feroz en el combate y solidaria con los necesitados. corría el año de 1887, y el coraje echo mujer ya no estaba más.

(1). El nombre «Chapanay», proviene del idioma huarpe milcayac: “Chapac nay”,  que significa «zona de pantanos».

4 Comentarios

  1. Marta L. Nesta

    Excelente artículo!

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  2. Anónimo

    👏👏👏👏👍🇦🇷

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  3. Anónimo

    Q buena historia la tumba de Martina Chapanay esta al lado de la Iglesia de Santa Bárbara en Mogna Jáchal San Juan

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  4. Anónimo

    excelente

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