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LOS QUERANDÍES. ABORÍGENES DE LA ARGENTINA
Querandíes es un nombre heredado de los guaraníes, que significa “hombres o gente con grasa”, debido el gran consumo de grasa de animales que realizaban. Fueron, el componente étnico más septentrional del Complejo Tehuelche y compartían con éstos su forma de vida nómade y cazadora, su organización social, su cosmovisión y su lengua.
Eran un pueblo nómade, cazador, recolector y guerrero, que habitaba en la región pampeana de Argentina hasta el siglo XVI, cuyo número disminuyó drásticamente luego de la conquista, debido a la violencia con que la confrontaron, a las enfermedades y a los conflictos tribales que mantuvieron, aunque fueron muchos los que se mestizaron.
Su rápida extinción impidió tener un conocimiento profundo de su cultura y forma de vida, pero se sabe que se ubicaban en la región pampeana, ocupando el área que va desde el sur de Santa Fe por el norte, hasta el pie de las Sierras Grandes, Córdoba y San Luis hacia el oeste y toda el área norte de la provincia de Buenos Aires hasta el Río Salado por el sur, habiéndose adaptado al riguroso medio ambiente de la llanura, utilizando pieles para vestirse y protegerse.
Fueron como una «etnia intermedia» entre los tehuelches y los guaikurúes de las llanuras y su proximidad a las costas del Río de la Plata, le otorgaron características particulares que asimilaron de los guaikurúes: la pesca en canoas (inexistente entre los demás tehuelches), el uso de morteros de piedra para fabricar harina de pescado, la utilización de los cráneos de sus enemigos apresados en combate para beber y cada grupo o familia poseía dominios territoriales definidos para la caza y la pesca.
A diferencia de los pueblos sedentarios, su estructura social era más simple. Estaba basada en el “caciquismo” y cada tribu tenía sus jefes parciales, que mantenían su independencia. Creían en un ser superior que llamaban “Soychu”, con una contraparte maligna, llamada “Gualichu” y sus ceremonias fúnebres, incluían el sacrificio de cautivos durante los funerales de un jefe.
Conocidos por su gran estatura y el uso de boleadoras para capturar venados a la carrera, se movían en grupos pequeños (clanes) y construían tolderías fáciles de armar y desarmar con cueros de animales. Utilizaban arco, flechas y boleadoras, lo que les permitía cazar eficientemente y se alimentaban con lo que cazaban: venados, ñandúes, mulitas, vizcachas y guanacos que complementaban con productos de la pesca.
Enfrentaron tenazmente a los conquistadores españoles y diezmaron el primitivo poblado instalado por PEDRO DE MENDOZA en 1536 y cuanto intento de colonización y asentamiento que se intentara realizar en los territorios que dominaban. Hoy, nada queda de aquella “Gran Nación”, cuya desaparición definitiva se produjo en 1675, según estiman arqueólogos de renombre, cuando fallecieron los últimos diez individuos de esa etnia que estaban encomendados.
Luis Ramírez, integrante de la expedición de Sebastián Gaboto (1526-1529) en una carta que enviara a sus parientes (que quizás sea la primera crónica europea sobre el Río de la Plata) y cuyo original en la Biblioteca del Real Monasterio de El Escorial, dice:
“Esta es gente muy ligera; mantiénense de la caza que matan y en matándola, cualquiera que sea, la beben la sangre, porque ésta es su principal mantenimiento, a causa de ser la tierra muy falta de agua. Esta generación nos dio muy buena relación de la sierra y del Rey blanco, y de otras muchas generaciones disformes de nuestra naturaleza, lo cual no escribo por parecer cosa de fábula, aunque lo cuente yo como cosa de vista y no de oídas”.
“Estos quirandíes (sic), son tan ligeros que alcanzan un venado por pies; pelean con arcos y flechas y con unas pelotas de piedra redondas como una pelota y tan grandes como el puño, con una cuerda atada que la guía los cuales tiran tan certeros que no hierran a cosa que tiran”.