LOS MENHIRES DEL VALLE DEL TAFÍ

La primera mención acerca de los menhires de Tafí del Valle, fue hecha por CARLOS GERMÁN BURMEISTER en 1861, pero fue el arqueólogo JUAN BAUTISTA AMBROSETTI, quien en su obra Los monumentos megalíticos del valle de Tafí”, publicado en 1897, se refiere a éstos y nos abre al mundo mágico de estos monumentos de culto que han existido quizás desde la edad de piedra.

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Sabemos muy poco de ese pueblo que habitó en el valle de Tafí, en la provincia de Tucumán y que el arqueólogo JUAN BAUTISTA AMBROSETTI (1865-1917) vinculó con la cultura de Tiahuanaco. Lo que sí se sabe es que investigaciones realizadas, atribuyen a esta cultura una antigüedad de entre  460/160 años antes de Cristo y 1.000 años de nuestra era..

En la época de la conquista no existía ya el pueblo de los monolitos, pero investigaciones posteriores trajeron alguna información. En 1960, la Universidad de Córdoba destacó una expedición de estudio a cargo del arqueólogo REX GONZÁLEZ y fueron localizadas en el valle de Tafí, numerosas viviendas, enterratorios y algunos monumentos de piedra, conocidos como “menhires”.

Hoy sabemos que ese pueblo disponía de una economía agrícola y que conocía técnicas avanzadas de cultivo con riego artificial y terrazas y que además han debido de ser pastores de llamas. El estudio de las viviendas y las estratigrafías practicadas junto a los menhires permiten definir, según expresara el Doctor REX GONZÁLEZ, las características esenciales de esa cultura que construyó los monolitos.

Vivían en comunidades bastante densas, aunque las viviendas familiares, estaban más o menos dispersas, dispuestas en pequeños núcleos. Éstas eran de tipo circular, construídas con piedras bien ensambladas y con bloques, a veces, de hasta una tonelada de peso y con el techo de ramas y barro apisonado. Parece haber sido propia de este pueblo una alfarería bastante tosca, con asas en forma de “botón” saliente o en semi-anillo; construían pequeñas pipas, silbatos u “ocarinas” y molían los granos en molinillos. . Se trabajaba la piedra y fueron halladas muestras de ellas, con formas de felinos, combinadas con caracteres humanos y con figuras de llamas. Fabricaban hachas de piedra pulimentada, con cuello, que habrían usado como armas y como instrumentos para el trabajo. Posiblemente empleaban hondas y boleadoras.

Como huellas permanentes de su paso, este pueblo dejó los menhires (1), monumentos conocidos ya desde tiempos inmemoriales, muy difundidos luego en en el viejo continente. Eran símbolos itifálicos que formaban parte del culto a la fertilidad y la fecundidad,  conceptos que en la mentalidad de los seres humanos de la Edad de Piedra significaban reproducción de personas, animales, plantas y frutos.

Los menhires del Valle del Tafí, utilizados por los calchaquíes, adornándolos con plumas y que los españoles llamaban “mocaderos”, fueron descubiertos a fines del siglo XIX, por la comunidad científica. Durante las primeras excavaciones, se encontró un monolito de 3,11 metros que a la regularidad de su forma, une la existencia de una figura grabada, cuyos rasgos fueron realzados con pintura roja y un monolito o “menhir” liso de 4,12 metros de alto, cuyo peso es superior a las dos toneladas. Excavaciones posteriores permitieron encontrar tallas de hasta 5 metros de altura y de 4,5 Toneladas de peso, talladas todas en un solo plano, y quizás dirigidas siempre hacia el sur, lo que ratifica la teoría de que estos monolitos era elementos de carácter mágico y de culto

(1)..Menhir es una palabra que en idioma celta, quiere decir “piedra larga” (donde «men» es piedra y «hir» es largo.

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