LOS INMIGRANTES ESPAÑOLES E ITALIANOS ELIGEN SU DESTINO

En los albores del Renacimiento, al descubrir los europeos la existencia de América, estos territorios comenzaron a ser vistos como «la tierra prometida». El nuevo mundo donde todo podía ser logrado; donde una vida y una civilización, podían ser distintas y mejores que la que les prometía el viejo mundo. Unos siglos más tarde, italianos y españoles acosados por la desigualdad retomaron ese concepto y lo llevaron a la práctica: la realización de sus destinos, sería en América. La posibilidad de tener un espacio en el que labrar una nueva vida sin carencias fue la gran ilusión y así comenzó la gran inmigración que llegó a la Argentina, a partir de 1870.

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Pero donde afincarse?. Esa era la gran pregunta y así fue como muchos eligieron las ciudades y pequeños poblados, es decir prefirieron la vida urbana. Otros, con ancestros quizás más vinculados con la tierra, prefirieron marchar hacia la campaña y esto es lo que encontraron:.

En la ciudad. Si bien los inmigrantes españoles e italianos que llegaron a nuestro pais  a partir de 1870, se dispersaron por todo el territorio argentino, la mayoría de los contingentes que llegaron,  se establecieron por supuesto en Buenos Aires y en las ciudades de las provincias del litoral y de la pampa (Entre Ríos, Córdoba, Bahía Blanca,  Santa Fe y Rosario entre otras) y la gran cantidad de personas que arribaron en las décadas de 1870 y 1880 produjo problemas habitacionales, sobre todo en los ámbitos urbanos (ver Los conventillos). Compartir la casa de algún familiar o paisano, una pensión o un conventillo fueron las opciones más comunes, aunque eran vistas como una solución de paso hasta poder acceder a la casa propia y a una actividad que le fuera propicia..

¿Cómo se establecieron los inmigrantes en las ciudades? Es difícil generalizar. En las ciudades grandes se pudo observar una concentración especial de inmigrantes de un mismo pueblo en determinadas zonas. En la ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, los genoveses marcharon hacia La Boca; más de la mitad de los españoles tendió a establecerse en la zona comprendida entre las calles Cangallo (hoy Teniente general Juan D. Perón), Lima, Chile y la orilla del río. San Telmo fue otro de los Barrios preferidos, mientras que aproximadamente una décima parte se afincó Barracas al norte y en menor medida, en Balvanera, sobre todo los vascos dedicados a la fabricación de ladrillos y a los tambos

Los patrones de asentamiento siguieron, en muchos casos, las líneas establecidas por las cadenas migratorias que se sucedieron en el tiempo, de tal forma que muchas veces en un radio de aproximadamente 500 metros a la redonda de la casa de alguno de los pioneros, de algún profesional o comerciante próspero, encontrábamos una red de parientes y paisanos, aunque a pesar de esto, no se formaron barrios étnicos al modo de las Little Italy norteamericanas.

En el campo
El establecimiento de los inmigrantes en zonas rurales tuvo otras connotaciones. Desde finales de la década de 1850 hasta la de 1890, se fundaron numerosas colonias agrícolas, sobre todo en la provincia de Santa Fe, el sur de Córdoba y Entre Ríos, en las que una proporción importante de pobladores eran piamonteses y lombardos. A partir de la década de 1890 comenzaron a declinar las entradas de italianos y las de los españoles empezaron a aumentar. Para ese momento, los precios de la tierra habían aumentado y esto explicaría la menor presencia de españoles en las tareas agrícolas, ya que en general,  se establecieron en las ciudades y pueblos,  inclinándose por el comercio y los servicios, actividades a las que podían acceder sin tener mucho capital. La excepción a esto fueron  los  vascos que, llegados desde mediados del siglo XIX, tuvieron mayor presencia en las tareas agrícolas y se instalaron dedicados a la explotación de tambos lecheros..

Otro argumento que justifica la cada vez mayor declinación que se produjo en el arraigo de inmigrantes españoles e italianos en la campaña, fue que muchos propietarios de tierras, les entregaban parcelas en arrendamiento bajo contratos abusivos que hacían difícil  su cumplimiento, por lo que era común que, en momentos de malas cosechas, los arrendatarios quedaran al borde de la ruina. Recordemos que en 1912 esta situación produjo un movimiento de protesta conocido como el Grito de Alcorta y como consecuencia de ello, se creó la Federación Agraria Argentina y los arrendatarios consiguieron mejoras en los contratos.

En la política y la lucha social
Los promotores de políticas inmigratorias nunca tuvieron en cuenta que entre las grandes masas de campesinos que llegaban desde Europa hubiera personas que traían una amplia experiencia política. Militantes del socialismo y del anarquismo fueron los impulsores de la fundación tanto del Partido Socialista como de diferentes agrupaciones anarquistas que comenzaron a actuar en la Argentina  y tuvieron un rol importante en la sindicalización del incipiente movimiento obrero entre las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX.

Tanto los anarquistas como los socialistas fundaron sus propios diarios, La Protesta y La Vanguardia respectivamente, que aún continúan publicándose en la actualidad.

El aumento de la conflictividad social provocó la reacción de las elites gobernantes, que impulsaron la sanción de leyes represivas, como la ley de Residencia de 1902 y la de Defensa Social de 1910, que le permitieron al Estado suspender derechos constitucionales y expulsar a aquellas personas consideradas peligrosas “para la paz social”.

En la década de 1920 comienzan a llegar muchos italianos perseguidos por el fascismo e inician la formación de agrupaciones antifascistas que lucharon tanto para apoyar a los que estaban en Italia como para evitar que las instituciones creadas por los inmigrantes quedaran en manos de los fascistas. Los partidos políticos italianos fundaron sedes en nuestro país para apoyar a las diferentes agrupaciones y también se editaron todo tipo de publicaciones periódicas. En la década siguiente se sumaron los exiliados republicanos españoles que tuvieron que abandonar la península después de la derrota en la Guerra Civil y a partir  de 1939, la llegada de éstos  se incrementó,  a pesar de las restricciones que el gobierno ponía.

El caso más resonante fue el del vapor «Massilia», que llevaba refugiados españoles a Chile. Por una gestión de NATALIO BOTANA, propietario del diario “Crítica”, se logró que desembarcaran en Buenos Aires, luego de que BOTANHA se comprometiera a buscarles trabajo. Muchos de ellos fundaron en esos años importantes editoriales, como Emecé, Losada, Sudamericana o Botella al Mar, que publicaron a todos los autores prohibidos en España.

En la industria
A medida que la población crecía y era necesario abastecer un incipiente mercado de bienes de consumo, comenzaron a aparecer, sobre todo a partir de 1860, peque­ños establecimientos fundados por inmigrantes dedicados a atender esa demanda. A pesar de que mucha de ella se cubría con importaciones, existía un mercado disponible para una cantidad de artículos que necesitaban una oferta inmediata. La cercanía con el consumidor daba lugar al desarrollo de industrias vinculadas a la alimentación, bebidas, artículos de hierro, imprentas, etcétera y muchos de los que emprendían estas iniciativas eran inmigrantes que traían una cualificación técnica.

En 1895, como muestra el Censo Nacional, los inmigrantes estaban presentes en todos los sectores de la economía. Entre los propietarios de industrias, los italianos representaban el 35%, los españoles el 15% y los argentinos el 12%. Sin embargo, estos porcentajes esconden el hecho de que, en muchos casos, los que figuraban como argentinos eran hijos de inmigrantes que siguieron con la empresa familiar o con sociedades anónimas, en las que los socios podían ser extranjeros, pero no quedaban registrados como tales. Los propietarios de industrias y comercios, gracias a las redes sociales, buscaban personal entre sus connacionales y de esta forma reforzaban los lazos entre los miembros de la comunidad.

Muchas veces compartían el ámbito del trabajo y también las instituciones y organizaciones étnicas en las que participaban, pero esto se convirtió repetidamente en conflictos,  cuando los reclamos gremiales enfrentaban a patrones con empleados y obreros y se hacía difícil separar lo que era laboral de los social..

Pese al carácter del pequeñas y medianas empresas que tenía el tejido industrial así armado, ya a fines del Siglo XIX, algunos talleres lograron transformarse en importantes industria, origen que han tenido muchas de las que hoy son orgullo de nuestra actividad industrial.

Fuente: (MUNTREF) Museo de la Inmigración, Buenos Aires, 2018.

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