LOS ESTADOS UNIDOS Y LAS PROVINCIAS UNIDAS (13/02/1811)

Las relaciones, en principio oficiosas, que se entablaron entre los gobiernos de  los Estados Unidos de Norteamérica y de las Provincias Unidas del Río de la Plata, comenzaron en 1811, cuando  llegó a Buenos Aires JOEL ROBERTS POINSETT, identificándose públicamente a sí mismo como un agente comercial de los Estados Unidos de Norte América que buscaba el incremento del comercio entre ambos países.

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Secretamente estableció contacto con la Junta de Gobierno, después de vencer algunas dificultades debidas a su falta de credenciales e informó que el 28 de junio de 1810 había sido designado por el Gobierno de los Estados Unidos de Norte América, para ser su agente en Buenos Aires, pero como nuestro Gobierno emanado de una Revolución, no había sido aún reconocido oficialmente por ese país, no se le entregaron las acostumbradas credenciales diplomáticas ya que podrían producirse algunas complicaciones entre los Estados Unidos y España.

No obstante esta dificultad “administrativa”, en junio de 1811, la Junta de Buenos Aires le comunicó a POINSETT su deseo de dar prioridad al comercio con los Estados Unidos y éste, en cartas de contenido reservado que enviara a Washington, reclamó el apoyo a la revolución de Buenos Aires y recomendó el envío de armas y municiones de los Estados Unidos. Mientras tanto, el 13 de abril de 1811, el Presidente JAMES MADISON, lo comisionó como cónsul general en Buenos Aires, Chile y Perú. Las instrucciones y correspondencia entre Washington y POINSETT son consideradas ahora por los historiadores como la primera seguridad positiva de que el movimiento de independencia en el sur del continente americano tuvo el permanente y activo apoyo del gobierno norteamericano.

POINSETT dejó un vicecónsul en Buenos Aires y viajó a Chile. Ahí no hizo nada para ocultar su falta de neutralidad y su apoyo a la causa de la revolución fue conocido. Así pudo suministrar a los revolucionarios la dirección de mercaderes de los Estados Unidos que podían darles armas. Cuando retornó a los Estados Unidos en 1815, el presidente MADISON lo felicitó por su habilidad y su éxito en la delicada misión que había cumplido en Sudamérica.

Este singular personaje había nacido en Charleston, el 2 de marzo de 1779. Era un botánico y estadista estadounidense que fue miembro de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos y el primer Ministro de los Estados Unidos ante el gobierno de México. Se le reconoce además que fue la primera y gran figura norteamericana que trabajó por el desarrollo de las relaciones entre los dos países. Su carrera incluye servicios parlamentarios en el Congreso de los Estados Unidos de Norte América y en el secretariado del Departamento de Guerra. Merece ser recordado por sus servicios internacionales de ayuda al progreso argentino. Falleció el 12 de diciembre de 1851.

Primera misión oficial
Pasados algunos algunos años, el 28 de febrero de 1818 arribó  al Rio de la Plata la primera misión oficial norteamericana enviada por el Departamento de Estado para evaluar las posibilidades de un posible reconocimiento por parte de ese Gobierno, hacia las Provincias Unidas del Río de la Plata.

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Formaban parte de la misión, el juez, político, naturalista y escritor, miembro del Congreso de los Estados Unidos representando a Pensylvania, HENRY M. BRACKENRIDGE, el político CAÉSAR A. RODNEY, JAIME GRAHAM y TEODOR BLAND, Juez en ejercicio en Baltimore, quienes se abocaron de inmediato a reunir antecedentes que les permitieran emitir una opinión válida acerca del tema que se les encomendara. Entrevistaron a funcionarios y simples vecinos; viajaron por el interior y a Montevideo y escucharon a funcionarios, comerciantes y miembros de la Iglesia. Finalmente, el  5 de marzo de ese año, fueron recibidos por el Director Supremo JUAN MARTÍN DE PUEYRREDÓN, ante quien analizaron las probabilidades que existían acerca del reconocimiento pretendido.

La situación no era fácil. Tanto PUEYREDÓN como los enviados norteamericanos coincidieron que tal acción por parte del gobierno del Norte, podría acarrearle graves conflictos con España, que aún consideraba factible retrotraer la situación a 1810 y recuperar estos territorios, que fueron sus colonias en América. Nadie deseaba generar una situación que provocara una guerra entre ambas Naciones (fantasma que  esgrimían ciertos factores de poder en Washington) por la irritación que produciría en Madrid el reconocimiento estadounidense de sus  ex colonias, pero si consideraban todos, que era necesario un reconocimiento del nuevo Estado, porque según expresara BRACKENRIDGE,  a su país, le convenía estar rodeado de naciones independientes y prósperas a fin de obtener un equilibrio con las potencias europeas, razón ésta que era la había decidido apoyar el establecimiento del imperio del Brasil en América, una poderosa nación que podría ser clave en el control y el desarrollo de esta parte del Continente.

A su regreso, la Comisión informó el resultado de su gestión y cuando en 1819, BRACKENRIDGE publicó su obra “Voyage to South América”, donde cuenta sus experiencias y los fundamentos que tuvo cuando emitió su opinión ante las autoridades de su país, con respecto a la misión que había cumplido en esta tierras, éstos se hicieron públicos. De su relato se desprende que obviamente fueron sus fundamentos, los de un hombre decididamente enamorado de estas tierras y su gente, los que influyeron para que los Estados Unidos, dando un giro completo en sus políticas de Estado, decidiera estudiar bajo otra óptica esta perspectiva y sus autoridades se mostraran proclives al reconocimiento de esta nuevo Estado que irrumpía libre y soberano en el escenario americano.

Dice allí BRACKENRIDGE que no se trataba de que su pais entrara en guerra con España sino que se reconociese en forma automática a las Provincias Unidas del Río de la Plata y a Chile- pues ambas respondían adecuadamente a las cuatro preguntas que le habían sido formuladas durante la audiencia que mantuvo con Parlamentarios de su país: “Tienen estas nuevas repúblicas, el caràcter necesario para establecer con ellas Tratados de Amistad?; Cuál es la extensión de su territorio, cuánta su población y cuál la naturaleza de sus respectivos gobiernos?; Son ellas capaces de defenderser a si mismas?; Está España en posesión de alguna parte de su territorio?”.

Los Estados Unidos de Norteamérica reconocen nuestra Independencia
Durante el gobierno de MARTÍN RODRÍGUEZ, el 28 de marzo de 1822, en Washington,  la Cámara de Representantes (Diputados) de los Estados Unidos de Norteamérica, aprobó por 167 votos a favor y sólo uno en contra, los terminos de una resolución que establecía el reconocimiento  de las Provincias Unidas del Río de la Plata, como un nuevo estado soberano e independiente. Poco después  el Senado lo ratificó con 39 votos a favor y  3 en contra y designó a  CAESAR A. RODNEY como su primer representante diplomático ante el gobierno de Buenos Aires, que designó a su vez como Ministro Plenipotenciario ante Washington, al General CARLOS MARÍA DE ALVEAR (ver Primer reconocimiento de la Independencia Argentina).

Fuentes: “Efemérides Argentinas”. Fermín V. Arenas Luque, Ed. Honorable Concejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires, 1961; “Cronología Histórica Argentina”, Armando Alonso Piñeiro, Ed. Depalma, Buenos Aires, 1981; “Documentos para la Historia Argentina”. Instituto de Investigaciones Históricas de la Facultad de Filosofía y Letras, Buenos Aires, 1922;

 

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