LA PERICHONA (1775-1847)

ANA MARÍA PERICHÓN DE VANDEUIL DE O’GORMAN (1775-1847), conocida como “La Perichona”, nació en 1775 en  la isla Borbón (hoy “La Reunión” en el Archipiélago de Las Mascareñas), antigüa posesión francesa situada en el Océano Pacífico. En 1789  emigró con su familia a las Canarias y allí, el 12 de febrero de 1792 se casó con el irlandés TOMÁS O’ GORMAN (hermano del famoso Miguel O’Gorman, Protomédico en la expedición de Pedro de Cevallos y fundador en Buenos Aires de la Escuela de Medicina) y tuvo con el tres hijos: Adolfo (1), Tomás y María Micaela.

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En julio de 1797 los O’GORMAN con los cuatro hermanos de Ana María (Juan Bautista, Esteban María, Eugenio y Luis ) y sus tres hijos,  llegaron a la capital del Virreinato a bordo de la fragata francesa «María Eugenia», procedente de la isla Mauricio bajo la protección de la bandera norteamericana ya que por entonces resultaba difícil afincarse aquí, porque España no autorizaba el ingreso de extranjeros a sus colonias.

Los cronistas de la época y los historiadores, más tarde, desgranan sobre Anita un rosario de elogios. Se la define como bonita, elegante, picaresca, atractiva, mundana, ocurrente y graciosa. Pero no tuvo mucha suerte con su matrimonio. A su marido no le fue bien en los negocios por lo que regresó a Europa y se refugió en España, en tanto Anita comenzaba a hacer notar su presencia, no sólo por su reconocida belleza, sino que con costumbres y actitudes nunca apreciadas en estas tierras, revolucionó a la sociedad porteña.  Comenzó a ser conocida como “La Perichona” y rápidamente logró relacionarse con la crema de la sociedad y fue precisamente el virrey LINIERS, uno de sus más fervientes admiradores, quien, según las malas lenguas, le facilitó su incursión en los negocios y la colocación de sus parientes en puestos públicos.

Las relaciones con LINIERS con la Perichona se hicieron públicas en la época de la primera invasión inglesa, oportunidad en que Ana Perichón se convirtió en figura central y su casa en una especie de sucursal de la Fortaleza, según refieren las crónicas. Un historiador ha precisado: “La casa de Madama se convirtió en un Estado Mayor, que ella misma capitaneaba con desembarazo y arrogancia, desde donde se controlaba todo lo que ocurría en la ciudad.: todo andaba y se detenía en Buenos Aires bajo el poder de este imperio femenino. Anita tendió su red de encantos y se relacionó con el coronel James Burke primero y con el general Carr Beresford, comandante de las fuerzas invasoras. Más tarde. “Las malas lenguas —apunta Carlos A. Pueyrredón— atribuían a la influencia de esta dama sobre LINIERS, la capitulación honrosa acordada a posteriori al jefe británico”, pues con su belleza, elegancia y desenfado también había logrado conquistarlos a ambos.

Luego de la Reconquista, en las tardes, Liniers y la Madama recorrían juntos los lugares de instrucción, a pie o a caballo; ella vestida con ricos uniformes militares con charreteras y cordones de oro, seguida de sus edecanes, de su corte y de su escolta, fuese o no fuese acompañada del general. Pero las noches eran el verdadero reinado de “la Perichona”. En su casa, entretenía a numerosa concurrencia, organizando ruidosas fiestas calificadas por el Cabildo como “festines y bacanales”, conducta que por supuesto, desafiaba a los murmuradores que la acusaba de todo, hasta de hechicera, aunque no queda en claro si esta última acusación se refería a presuntas dotes mágicas o en realidad a sus encantos físico.

Un oficio clandestino enviado a España con la clara intención de afectar el buen nombre de LINIERS señalaba: “Esa mujer, con quien el virrey mantiene una amistad que es el comentario del pueblo, que no sale sin escolta, que tiene guardia en su casa día y noche, que emplea las tropas del servicio en los trabajos de la hacienda de campo (…). Los informes del Cabildo, por su parte, subrayaban que en casa de Anita se celebraban “festines y bacanales”. Además, una hija de Liniers, María del Carmen, se casó con Juan Bautista, un hermano de Ana, que era a la vez, ayudante de campo del virrey Liniers, lo que ocasionó otra irritación del Cabildo, ya que el enlace se efectuó sin la correspondiente licencia real. No hay duda de que los adversarios de Liniers sabían aprovechar su debilidad por la damita francesa: de allí que buena parte de las exageraciones de la época debe atribuirse a la pasión política.

Los devaneos de Anita iban parejos con su incursión en los negocios y la colocación de sus parientes en los puestos públicos del Buenos Aires colonial. Su amistad con Liniers le permitía obtener con mayor facilidad permisos de importación, pero a la vez protegía a los comerciantes extranjeros y se complacía en hablar en alta voz contra los españoles y Fernando VII y eso la perdió. Una noche de 1809, el escándalo llegó al colmo cuando la dama cantó con doble intención unas estrofas que ofendían al rey Fernando y a los españoles:  “A la guerra, a la guerra, españoles. Muera Napoleón, Viva Fernando Séptimo, la Patria y la Religión!” decían una coplas que estaban de moda en aquella época, pero esa noche, estas inflamadas consignas cruzaron los aires porteños desde la calle Liniers (la actual Reconquista) emergiendo desde las ventanas de una casa sumamente conocida en la Colonia. Pero la alegre cantante —entusiastamente seguida por los concurrentes a la fiestaalterado el Muera y el Viva y endosado a los españoles un destino que no era la guerra. El escándalo fue memorable y el Cabildo decidió expulsarla.

A los pocos días ANITA PERICHÓN era embarcada hacia Río de Janeiro y parecía desplomarse el reinado de esta bella y extraña mujer, que en pocos años había logrado conquistar al virrey LINIERS seducir a otros personajes y figurar en los partes de varias cancillerías europeas. Pero no fue así: Río de Janeiro fue para Anita otro campo de experiencias exitosas, hasta el punto de que se convirtió en rival de la princesa CARLOTA JOAQUINA, reemplazándola como favorita del embajador inglés en Río de Janeiro, lord STRANGFORD.

Convirtió su casa en centro de reuniones políticas donde se encontraban JUAN ANDRÉS PUEYRREDÓN, JOSÉ GUEZZI, MANUEL ANICETO PADILLA, COSME ARGERICH,  SATURNINO RODRÍGUEZ PEÑA y MANUEL DE SARRATEA entre otros personajes de la época. Tanta actividad colmó lo celos de la infanta que aprovechó para pedirle a su Secretario, JOSÉ PRESAS la detención de todos, especialmente de Anita. Pero como éste  dilatara la orden, CARLOTA JOAQUINA le dijo un día: “ ¡Hola! Pareces protector de las buenas mozas!”. En sus “Memorias Secretas”, el Secretario apunta: “No es fácil explicar el odio y ojeriza con que las mujeres feas miran a las hermosas,  defecto del que no están exentas ni las mismas princesas”.

En diciembre de 1809 la Perichona volvió a Buenos Aires en el ‘Essex”, pero no le permitieron quedarse y debió volver a Río de Janeiro.  Recién en noviembre de de 1810, luego de que el capitan Ramsay,  del “Mistletoe”, intercediera por ella,  la Junta autorizó su retorno al Río de la Plata, instalándose en una quinta de las afueras de Buenos Aires donde falleció el 2 de diciembre de 1847, a los 72 años.

(1).  ADOLFO, contrajo aquí matrimonio con JOAQUINA XIMÉNEZ PINTO y fue el padre de CAMILA O’GORMAN, la famosa amante del cura GUTIÉRREZ con el que fue fusilada acusada de sacrílega por ofender la moral de la sociedad porteña el 18 de agosto de 1848.

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