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LA FORTALEZA DEL REAL FELIPE EN EL CALLAO
La Fortaleza del Real Felipe” (nombrada Fortaleza “El Callao”), ubicada frente al puerto de “El Callao”, en una de las mejores bahías de la costa peruana sobre el Pacifico en Perú es una imponente fortificación militar del siglo XVIII, construida para proteger a la ciudad de Lima de los asaltos de los piratas y corsarios que acostumbraban aparecer en aquellas aguas, en busca de los tesoros que suponían hallar tras esos muros. Es una de las obras arquitectónicas más grandes que construyeron los españoles en América y durante la época virreinal, fue conocida en conjunto con los fuertes “San Rafael” y “San Miguel”, como los “Castillos del Callao”.

Fue construida cuando la Corona de Castilla tuvo que establecer en América un sistema defensivo que asegurase la vida de las ciudades aquí instaladas, la navegación de sus barcos y la consolidación de sus posesiones. Al principio, sólo había sido necesario fijar exactamente las rutas y escalas y las fortificaciones se reducían a simples «palenques», o fuertes de madera que más tarde, se construyeron de piedra con fondos extraídos de las regiones interesadas en disponer de este tipo de obras. Sólo en casos extraordinarios el Estado envió dinero para alzar sólidas fortificaciones.
Pero luego de la derrota de la «Invencible» por los ingleses (julio-setiembre de1588) y de los sucesivos y pertinaces acosos de los piratas que merodeaban durante el siglo XVI por estas costas, España se vio en la extrema necesidad de organizar la defensa de sus posesiones ultramarinas y encomendó al famoso ingeniero JUAN BAUTISTA ANTONELLI que proyectara un plan de fortificaciones en base a torres, murallas y cadenas, ubicadas sobre las costas más vulnerables de América.
Surge así el “Cinturón del Caribe” (Cartagena de Indias, La Habana y Portobelo), todos ellos puertos claves del comercio indiano, con Portobelo como lugar terminal y de reunión de las flotas, constituido por una serie de obras que contenían baluartes, castillos y arsenales.
Los territorios de Sudamérica, en su frente hacia el Pacífico, no se vieron en esos momentos tan atendidos como lo fue el litoral caribeño, porque éste era el preferido por el comercio ilegal que tenía su centro de operaciones en Curazao. La piratería y el contrabando holandés entonces, penetraba por el Orinoco hasta los llanos venezolanos, Colombia, Quito y llegaba hasta el mismo Perú, cuyo virreinato solamente contaba, a lo largo de sus costas sobre el Pacífico, con una serie de Castillos defensivos, que iban desde El Callao hasta a Chiloé, pasando por Santiago de Chile, Valparaíso, Valdivia e isla de Juan Fernández, fortificaciones que resultaron un tanto tardías e insuficientes. De todas ellas, la mejor defendida era la plaza del Callao, aún cuando sus vecinas se consideraban inseguros.
Hasta 1624 no había casi nada construido sobre el Pacífico. En esa fecha se produjo el bloqueo y ataque al puerto de Lima del pirata holandés JACOBO L’HERMITE y a consecuencia de esto, el virrey, marqués DE LA MANTERA, hizo levantar la muralla del Callao y fortificar Valdivia, considerado el guardián del sur del virreinato del Perú. Se sabía que si el enemigo cruzaba el Estrecho de Magallanes y tomaba Valdivia, lo demás se le haría sumamente fácil. El Callao, la «llave y antemural», comenzó a ser fortificado por el virrey PRÍNCIPE DE ESQUILACHE, cuya obra fue continuada por CHINCHÓN y más tarde por MANCERA
En 1688 se construyó una sólida muralla con unos treinta baluartes, pero el terremoto que sacudió la región en 1746, derribó gran parte de esta defensa, que quedó reducida a un simple cerco. Poco después (presuntamente en 1748), fue necesario volver a fortificar estas costas del virreinato del Perú y así surgieron la “Fortaleza del real Felipe” y una serie de Castillos que iban a lo largo de sus costas, desde El Callao hasta Chiloé (en la actual República de Chile), siendo el mejor defendido el instalado en El Callao, aunque ninguno de ellos resultó efectivo, pues todos pudieron ser vulnerados,
En 1782, el virrey MANUEL GUIRIOR estimó que la Fortaleza de El Callao era vulnerable a un “golpe de mano” que se realizara atacando sus. Decidió entonces, construir dos pequeños fuertes que fueron llamados “San Miguel” y “San Rafael”, ubicados corta distancia y hacia ambos lados del Real Felipe, completando así el sistema defensivo que fue conocido como “Los Castillos del Callao”.
En 1806, cuando empezaron a oirse las primeras voces que clamaban por la independencia en la región, el entonces el Virrey JOSÉ FERNANDO DE ABASCAL Y SOUSA, para hacer de ella un reducto seguro para la resistencia, ordenó construir dentro de sus murallas, un almacén para las armas y la artillería, así como una cisterna que pudiera contener agua para abastecer a dos mil hombres por cuatro meses, de ocurrir un sitio a la fortaleza.
De todos los castillos que se construyeron entonces, el único que aún queda en pie es el Real Felipe. Es una fortificación militar del estilo Vauban; una construcción pentagonal irregular de 83.000 m2., que tiene un diseño de cinco lados, con un baluarte o bastión ubicado en cada uno de sus cinco vértices o esquinas, bautizados con los nombres de El Rey, La Reina, San Felipe, San Carlos y San José.
Con dos torreones en cada extremo y el Castillo de San Felipe en el centro, sus sólidos muros, una serie de 300 cañones de grueso calibre dispuestos en baterías semicirculares, una laberíntica línea de “bunkers” y con sus comunicaciones aseguradas por la disponibilidad de una recta carretera de casi 10 kilómetros que la comunicaba con Lima, capital del Perú, poseía todo lo adecuado para resistir cualquier ataque, por lo que se constituyó en el último bastión de la resistencia realista al avance de la revolución en Hispanoamérica instalado en el Perú.
Recordemos que en las mazmorras de El Callao, soldados argentinos sufrieron crueles tormentos luego de la derrota que el ejército español al mando de JOAQUÍN DE LA PEZUELA le infligiera en Sipe-Sipe, el 29 de noviembre de 1815, al Ejército del Norte, al mando del general JOSÉ RONDEAU en el curso de la campaña al Alto Perú, derrota que le costó a las Provincias Unidas, la pérdida del Alto Perú y que al General SAN MARTÍN, le costó cinco años tomarlo durante su Campaña Libertadora del Perú (ver La Fortaleza del Real Felipe).