LA FONDA DE MARY CLAIRE

El lugar de reunión de los oficiales mercantes y navales eran las posadas y los hoteles cercanos al puerto de Buenos Aires. Los marinos de origen británico, que fueron la mayoría como veremos, lo hacían en la fonda de Mary Claire de Taylor, conocida criollamente como la Fonda de Doña Clara, la Fonda Inglesa o lo de María Telar, en alusión al apellido de su esposo, el marino mercante norteamericano Thomas Taylor, quien prestaba servicios en la Armada en esos años, como oficial y como agente armador y reclutador. Sería en esta fonda, con características particulares que la hacían más que un simple hospedaje, donde se tomaban contactos con los candidatos a ingresar como oficiales y como tripulaciones de los buques de la Escuadra, tanto en 1814 como en las siguientes oportunidades32.

La zona del puerto, es decir las actuales Av. Leandro Alem -entonces la Alameda-, y la calle 25 de Mayo, estaba llena de fondas, bodegones, hoteles y cafés de propiedad de extranjeros desde 1810, ingleses, algunos franceses, italianos -como el de Los Tres Reyes-, españoles, portugueses y hasta alemanes. Este era el llamado cuartel tercero de la ciudad, que iba desde La Alameda hasta Florida y desde la Plaza Mayor (o de Mayo) hasta la actual Av. Corrientes y era el cuartel más habitado por extranjeros. Las dos fondas más famosas estaban a una cuadra y media del Fuerte hacia el norte, la de Los Tres Reyes sobre la vereda de números pares y la de Doña Clara enfrente, números impares.

Construida en el borde de la barranca, sus fondos daban al paseo de la Alameda (hoy Av. Leandro Alem) y directo a la zona del puerto de embarco de pasajeros. Era una de las pocas casas de “altos”, lo que facilitaba la visión al río para observar las naves ancladas en la rada, lo que la hacía inmejorable para los marinos y los comerciantes ingleses en una época en que las comunicaciones con los buques se hacían con “semáforos” de luces y banderas de señales. La Capitanía de Puerto del gobierno patrio, al mando de un oficial naval desde 1810, se encontraba en la misma manzana y calle 25 de Mayo entre las hoy Sarmiento y Perón y también daba a Alem con el semáforo de comunicaciones en su azotea.

En el piso alto de la fonda de doña Clara se instaló, desde 1811, la llamada Sala Comercial Británica (British Commercial Room), fundada por los comerciantes Alex Mackinnon, Robert Staples y Thomas G. Love, que funcionó hasta 1822 en que se mudaron a una casa cercana, propiedad de Comelio Saavedra, siempre en compañía de doña Clara como administradora de la casa. Esta Sala, bajo la forma de un club y centro de reunión de los comerciantes británicos, era en verdad a la vez bolsa, sociedad de corretaje y cámara de comercio. A ella concurrían todas las personas vinculadas a las actividades mercantiles y de navegación, ya fueran ingleses o sus socios criollos, para realizar sus negocios e informarse de la llegada o partida de los barcos. Llegó a tener una biblioteca, con los diarios llegados periódicamente desde Europa y fue incluso estafeta postal británica. En la misma fonda tenían hospedaje y ocuparon habitación junto a los comerciantes, los comodoros y capitanes de la Estación Naval Británica en el Río de la Plata, desde 1810 en adelante, así como los cónsules británicos nombrados desde 1812. El primero fue el famoso Mr. Staples, el cofundador de las Rooms quien, para muestra de la importancia de la posada como local o ente “reclutador”, en 1816 y con disgusto de las autoridades criollas, colocó un aviso advirtiendo a los marinos ingleses que debido a que Inglaterra mantenía relaciones diplomáticas con Femando VII, les estaba prohibido servir en la marina nacional. Pero el aviso fue rápidamente retirado para calmar al gobierno patriota.

Las características de la fonda de Mary Clark, con su conjunción de hotel de marinos ingleses, Café, Club de Residentes y Cámara de Comercio británica, sumado a oficinas de la estación naval británica, la hicieron el lugar ideal para captar a los candidatos a oficiales de la escuadra que se montaba. Hecho el contacto y aceptado la incorporación por ambas partes, los grados que ostentarían se otorgaban al momento del ingreso y a discreción, tomando en cuenta las necesidades del servicio, así como los antecedentes personales, conocimientos y las edades de cada uno y los ascensos se darían sólo por méritos en el servicio, las campañas efectuadas y las vacantes que fuera necesario cubrir y no sólo por el simple paso de los años.

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