LA DESOBEDIENCIA DE SAN MARTÍN (1819)

Corría el año 1819. Disconformes con la Constitución de 1819, que a su juicio vulneraba las autonomías provinciales, varios caudillos se oponían con firmeza al recientemente nombrado Director Supremo del Estado, el general JOSÉ RONDEAU, y proclamaban el enfrentamiento militar con Buenos Aires.

Prosiguiendo con la movilización dispuesta por PUEYRREDÓN, su antecesor en el cargo, RONDEAU ordenó que los Ejércitos del Norte y de los Andes (instalado este último en Cuyo) , retornaran a la Capital para hacer frente a la situación de rebeldía generada por los caudillos. .

BELGRANO, quien como jefe del Ejército del Norte, se hallaba en Córdoba con sus fuerzas, debe regresar gravemente enfermo a Tucumán y deja en su lugar al general FRANCISCO DE LA CRUZ.

Éste procura cumplir la disposición del gobierno, pero una parte de sus tropas, se le subleva antes de llegar a destino. SAN MARTÍN, en cambio, deseoso de llegar cuanto antes a concluir su plan libertador, desobedece la orden y vuelve a Chile para continuar con la organización de la expedición al Perú (1).

Y aquí nace un episodio de la Historia Argentina que se conoce como ·la desobediencia de San Martín», un hecho que manejado insidiosamente por sus enemigos, pretendía mostrarlo como un hombre soberbio, indisciplinado y poco dispuesto a cumplir órdenes, pero que la Historia, ha podido de aclarar.

En 1844 El doctor FLORENCIO VARELA se trasladó a Grand-Bourg, Francia, acompañado de su amigo MANUEL GUERRICO, para visitar al general SAN MARTÍN y dejó constancias de algunos de los tremas que trataron en esa ocasión.

Es curioso que entre ellos, el doctor VARELA destaque precisamente ese episodio, que relata luego, transcribiendo lo que en esa ocasión le dijera SAN MARTÍN:

«Vea usted, me decía el general, «vea usted qué consecuencia y que principios». Sin que yo se lo preguntase y recordando una carta que le escribí desde Río de Janeiro, en la que le comunicaba mi deseo de tener documentos y datos auténticos para escribir las campañas de Chile y del Perú, el general me habló de los motivos que le decidieron a no obedecer las órdenes que el Directorio, o como él dice, la Logia de Buenos Aires, le envió para que viniese con el ejército a someter a Santa Fe y demás provincias que hacían la guerra a la autoridad nacional en 1819″.

«Yo había visto, me decía el general, prosigue VARELA «que los mejores jefes como las mejores tropas se habían desmoralizado y perdido en la guerra de desorden que era necesario hacer, y sobre todo en el desquicio general en que las cosas se hallaban. BELGRANO mismo no había podido evitar la sublevación de todo su ejército y era para mí evidente que bajando yo con las divisiones del mío, muy pronto habrían corrido la misma suerte» (ver Manuel Belgrano es puesto en prisión en Tucumán).

Al paso de mi nombre que invocaba el Directorio, si algo servía para la guerra contra los españoles, ningún efecto habría tenido en las discusiones civiles».

Ya estaba además proyectada la campaña del Perú y aún empezados a hacerse algunos preparativos. Bajar a Buenos Aires con el ejército era renunciar a la campaña del Perú, dejar a Chile expuesto a nuevas tentativas de los realistas que tenían aún en el Perú 27.000 hombres, perder las divisiones que bajasen y sin probabilidad de ser útil a la causa por la que se me llamaba».

La desobediencia de San Martín, vista por el general Paz
Este episodio, que cobró por entonces significativa relevancia, es recordado por el general JOSÉ MARÍA PAZ en sus «Memorias», donde dice:

«La guerra civil repugna generalmente al buen soldado y mucho más, desde que tiene al frente un enemigo exterior y cuya principal misión es combatirlo».

«Este es el caso en que se hallaba el ejército, pues que habíamos vuelto espaldas a los españoles para venirnos a ocupar de nuestras querellas domésticas. Y a la verdad, es sólo con el mayor dolor que un militar, que por motivos nobles y patrióticos ha alcanzado esa carrera, se ve en la necesidad de empapar su espada en sangre de hermanos».

«Dígalo si no el general San Martín, que se propuso no hacerlo y lo ha cumplido. Aún hizo más, en la época que nos ocupa; pues, conociendo que no podía evitar la desmoralización que trae la guerra civil, procuró sustraer su ejército al contagio, desobe­deciendo las órdenes del gobierno, que le ordenaba que marchase a la Capital para cooperar con el Ejército del Norte y el de Buenos Aires para atender el frente interno».

«Si San Martín hubiese obrado obedeciendo la orden, como lo hizo BELGRANO, seguramente habría perdido su ejército y no hubiera podido realizar la gloriosa campaña a Lima».

(1). San Martín se hallaba preparando la expedición al Perú y si bien los gobiernos argentino y chileno habían adquirido barcos para formar una flota armada y habían contratado al marino inglés Thomas Cochrane para que la comandara, los conflictos internos en Buenos Aires y las guerras civiles en las provincias ocasionaron la renuncia de Pueyrredón y volvió a imperar la anarquía en el país.

En esos momentos no sólo era imposible asegurar un apoyo adecuado de parte del gobierno de Buenos Aires, para la expedición libertadora al Perú sino que incluso el gobierno encabezado por Rondeau, pidió a San Martín que pusiera su ejército a disposición de las autoridades nacionales para reprimir las revueltas, especialmente en el litoral.

San Martín se negó, tal como lo había hecho anteriormente ante un pedido similar de Pueyrredón; esta decisión —muchas veces mencionada en la historia argentina como la controvertida “desobediencia” de San Martín— fue el resultado del convencimiento del comandante de que su primer deber era lograr la independencia de la nación y de su renuencia a participar en la guerra civil.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *