LA CONSPIRACIÓN DE MAZA (27/06/1839)

El 27 de junio de 1839, JUAN MANUEL DE ROSAS descubre una conspiración urdida por los unitarios exiliados en la Banda Oriental y miembros de la Asociación de Mayo, para derrocarle y quitarle la vida.

Contaban con el apoyo que les iba a brindar JUAN GALO DE LAVALLE, encabezando un desembarco simultáneo de sus efectivos desde su establecimiento en la isla Martín García y el teniente coronel Ramón Maza, iba a comandar las fuerzas comprometidas en la conspiración.

Su padre, el doctor Manuel Vicente de Maza, presidente de la Junta de Representantes, es decir, un encumbrado funcionario del gobierno de ROSAS ocuparía el gobierno, provisionalmente, según surgió luego durante la investigación ordenada por ROSAS, aunque nunca se supo si éste estaba realmente decidido a asumir esas responsabilidades, después de ver como su jefe y amigo, ROSAS, era traicionado (ver La Conspiración de Maza).

ROSAS tenía conocimiento de que se estaba preparando esta conspiración y que también una gran parte de la sociedad distinguida la alentaba. Sabía los nombres de algunos de los complotados (Enrique Lafuente, empleado de la secretaria privada, por ejemplo y hasta su propio hermano Gervasio Rosas), el de algunos que ya habían participado en un frustrado complot el año 1838, pero no tenía todos los nombres de los implicados en ella.

Finalmente LAVALLE decidió no concretar su participación y dos de los confabulados, el coronel retirado Nicolás Martínez Fontes y su hijo el capitán del mismo nombre, los delataron, siendo apoyados en sus declaraciones por los capitanes Nicolás y Paulino Medina Camargo.

Y así, el 27 de junio concluyó todo. RAMÓN MAZA fue detenido y aprisionado y la búsqueda de los demás implicados comenzó de inmediato. Carlos Tejedor, Jacinto Rodríguez Peña, José Barros Pazos, Carlos Eguía, Benito Carrasco, Carlos Lamarca, Santiago Albarracín, Pedro Castellote, Diego Arana, José María Lozano, Avelino Balcarce, Jorge Corvalán, Valentín Gómez, Valentín San Martín y José María Ladines fueron apresados.

Pero ROSAS, no solo suspendió el sumario sino que no tomó venganza y liberó a muchos de los comprometidos en la conspiración. Manuelita intercedió a favor de Tejedor y Balcarce, y Rosas accedió refunfuñando: “Ahí tienes otros de tus empeños. A los legistas no les doy su merecido por consideración a sus padres”, y firmó la orden: “Póngase en libertad al joven Carlos Tejedor entregándolo a su padre, a quien se le prevendrá cuide a su hijo no se relacione con los salvajes unitarios” (Archivo de Policía)

Al dictar la libertad de Avelino Balcarce lo “apercibe respecto de su conducta anterior, privándole el uso de la divisa federal hasta nueva resolución” (ver La Gaceta Federal).

 

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