LA CIUDAD DE SAN SALVADOR DE JUJUY (1822)

La pequeña ciudad de Jujuy (y toda la provincia), llevan el nombre heredado de los jujuí o juijuíes, un tribu de aborígenes que habitaban entre los ríos Grande y Xibi Xibi, también llamado río Chico, que recorre atravesando la ciudad de noreste a sureste.

Ubicada en un sitio elevado entre esos dos ríos, ocupando un amplio valle bordeado por majestuosas montañas,  padeció durante años las alternativas de la guerra con los españoles. Entre 1810 y 1822, los realistas realizaron once intentos de invasión, tratando de entrar por el norte del territorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Ocupada su ciudad durante doce años, alternativamente por el comando patriota o por las fuerzas realistas, su población se vio forzada a sobrevivir en medio de circunstancias caóticas.

En 1816, en ocasión de la quinta invasión (conocida como “La invasión Grande” por la cantidad de efectivos y materiales empeñados en ella), comandada por los vetaranos generales  JOSÉ DE LA SERNA, JOSÉ DE CANTERAC y PEDRO ANTONIO OLAÑETA, luego de cinco meses de dura lucha y de la derrota que le infligieran las milicias gauchas del Coronel Mayor MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES en la batalla de Los Altos de la Quintana (15/05/1817), al jefe realista JOAQUÍN GÓMEZ DE BARREYRA, el 21 de mayo de 1817, la población de San Salvador de Jujuy vio alborozada la retirada de los realistas y la llegada de los efectivos patriotas

Jujuy y su distrito, junto con Orán, integraban el territorio de la provincia de Salta, cuya importancia estratégica residía en que era el punto geográfico donde se liga la zona montañosa del Alto Perú con las provincias llamadas «de abajo». Tres caminos vinculan a estas regiones: el de la quebrada de Humahuaca que co­mienza en Jujuy y lleva directamente al Potosí; el del “despoblado” que corre por una “Puna” desolada y desértica de 3.500 a 4.000 mts. de altura y se extiende al oeste de Salta, y el “de Oriente”, que va de Jujuy a Tarija atravesando oblicuamente el valle del Bermejo, territorio áspero, cruzado por ríos y selvas. De los tres, el único adecuado para el paso de ejércitos era el primero, de ahí los sufrimientos que debían soportar los jujeños.

Los viajeros, solían descansar en ella unos días antes de emprender la agotadora marcha por el altiplano y si no querían quedarse en alguna cas adel centro de la ciudad, podían dirigirse a alguna de las encantadoras quintas y haciendas que abundaban en las laderas las montañas vecinas, profusamente arboladas y surcadas por cursos de agua. El suelo jujeño es pródigo en riquezas naturales: con poco trabajo, la tierra produce con abundancia. Abunda la lana de excelente calidad y los cerros ocultan la existencia de minerales inexplotados.

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Jujuy se jacta hoy, con justificados títulos,  de su tradición independentista. Quizás heredados sus impetus libertarios de sus ancestros los “jujuíes”, que luego de la desaparición del Imperio Incaico, lucharon ferozmente contra los invasores españoles en el siglo XVI. En agosto de 1812, sus vecinos acataron unanimemente  la orden de abandonar la ciudad impartida por el General MANUEL BELGRANO (imagen)  ante el avance del ejército realista (ver Éxodo jujeño). Meses antes, habían aclamado  la flamante Bandera que efectivos patriotas habían jurado a orillas del río Desaguadero (hoy Juramento), sin olvidar que Jujuy nunca dejó de acariciar su sueño de separarse política y administrativamente de Salta y erigirse como una provincia independiente, objetivo que finalmente logró en 1834  luego de una encarnizada lucha fratricida que la enfrentó con Salta, cuyas autoridades , compartiendo las dudas de otros pueblos, frente a las exisgencias de un federalismo que avanaba arrollador en el Río de la Plata, dudaban acerca de que si una jurisdicción como la de Jujuy,  podía  contar con elementos suficientes para organizar un gobierno estable y una comunidad próspera.

Concluiremos diciendo que esta heroica ciudad ubicada al noroeste de la República Argentina, fue la llave del altiplano y escenario de una lucha épica que vió a las fuerzas de BELGRANO y a los gauchos de GÜEMES batirse  con inmenso valor, hasta que lograron desbaratar los planes de invasión de la corona española. Hoy su arquitectura, tipicamente criollo-colonial recuerda esos hechos y guarda tras sus muros, el indomable espíritu que alienta a los jujeños desde aquel entonces lejano de nuestra Historia.

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