HUAQUI, TRES VERSIONES DE UNA DERROTA

El 20 de junio de 1811, los realistas,  al mando del general JOSÉ MANUEL DE GOYENECHE, vencen en Huaqui, cerca del río Desaguadero (en el Alto Perú, territorio hoy de la República de Bolivia), a la vanguardia patriota del Ejército Auxiliar y Combinado al Alto Perú,  comandado por el general ANTONIO GONZÁLEZ BALCARCE, provocando la primera gran derrota del Ejército enviado por Buenos Aires al Alto Perú para incorporar la región a la causa emancipadora.

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Como consecuencia del llamado “desastre de Huaqui,  se perdieron las provincias del Alto Perú y todo el país quedó expuesto a una invasión. Con Huaqui termina la primera campaña de afianzamiento de la Revolución de Mayo en el Norte, que lograrael aniquilamiento del movimiento contrarrevolucionario de Córdoba y la victoria de Suipacha, evento que le dio a los patriotas el dominio de estos territorios hasta el río Desaguadero, pero que dejando como saldo negativo la sublevación del Alto Perú y consecuentemente la pérdida de esos territorios para nuestra pretendida integración con los postulados de la Revolución de Mayo,  una funesta desaceleración del ímpetu revolucionario nacido durante esas jornadas y  la desaparición del Ejército patriota como factor de oposición a los intentos realistas, que quedaron así, como dominadores absolutos del Alto Perú (ver Batalla de Huaqui).

Luego de Huaqui, cundió la desazón en el gobierno de Buenos Aires y rápidamente, con el orgullo herido y preocupados por el futuro de la Revolución, se hizo necesario buscar las causas de tamaña derrota y los culpables de la misma. El general GONZÁLEZ BALCARCE y JUAN JOSÉ CASTELLI (enviado como veedor por la  Junta, que actuaba como Comandante en Jefe del Ejército Auxiliar y Combinado al Alto Perú), fueron llamados a Buenos Aires, para que dieran cuenta de sus actos, declarando allí que habían sido sorprendidos mientras descansaban con sus tropas, totalmente desprevenidos por hallarse amparados bajo la fe de un Armisticio que se había firmado el día 16 de mayo anterior (ver Armisticio de Desaguadero).

A partir de entonces,  comenzaron a surgir numerosas versiones, comentarios e historias en torno a este suceso, tratando de explicar lo inexplicable de esta derrota que enlutó las armas de la Patria, depositó un manto de dudas acerca de nuestra capacidad para defender lo logrado el 25 de mayo de 1810 y provocó la pérdida de un rico y vasto territorio a nuetro patrimonio territorial.

La versión más “honorable”

Una de esas versiones que circularon  para explicar esta derrota y es, seguramente la “más honorable” de todas, es la que nos dice que el 16 de mayo de 1811, JUAN JOSÉ CASTELLI, representante de la Junta de Gobierno de Buenos Aires y el general JUAN RAMÓN GONZÁLEZ BALCARCE, que se hallaba al frente de la Vanguardia del Ejército Auxiliar Comkbinado al Alto Perú, luego de la Batalla de Suipacha, negociaron un armisticio por el término de 40 días con el jefe de las tropas españolas, general MANUEL DE GOYENECHE que había ingresado al país por el Norte y amenazaba con llegar a Buenos Aires para poner fin al movimiento estallado alli el 25 de mayo de 1810 (1).

Nos dice que la noche del 19 de junio, la vanguardia del Ejército al Alto Perú se hallaba descansando, dispersa en un amplio abanico y separadas dos de sus agrupaciones de la otra, por una cadena de cerros: dos divisiones al mando del General BALCARCE se hallaban en Huaqui; otras dos divisiones a 10 kilómetros de distancia, en la salida sur de la angosta quebrada de Yuraicoragua al mando del Coronel JUAN JOSÉ VIAMONTE y un tercer grupo, la división de caballería altoperuana al mando de FRANCISCO DE RIVERO, que estaba acampando en el pueblo de Jesús de Machaca, a 18 kilómetros al sureste de las tropas de VIAMONTE y  BALCARCE, mientras que las fuerzas de GOYENECHE se hallaban unificadas y a solo 15 kilómetros del campamento de Viamonte.

Que al amanecer del día 20, es decir, ocho días antes de que venciera el armisticio firmado por GOYENECHE Y CASTELLI, los realistas atacaron en tres columnas paralelas, con su centro de gravedad en Huaqui.  La  izquierda a las órdenes directas de GOYENECHE, que al principio fue rechazada; la del centro, dirigida por PIO TRISTÁN, que consiguió dominar la quebrada de Yaurícoraguá, única comunicación entre las agrupaciones en que se encontraba dividido el ejército patriota, separada por una cadena de cerros mientras acampaba y la columna derecha,  que al mando del brigadier RAMÍREZ atacó el ala izquierda de los patriotas provocando su desbande

Y finalmente, nos dice que ante lo inesperado del ataque, las fuerzas de los patriotas, se vieron obligadas a replegarse, por lo que, dejando como protección sobre el río Suipacha, una fuerza al mando del Coronel EUSTOQUIO DÍAZ VÉLEZ, retrocedieron hasta Potosí y retirándose luego del Alto Perú, se dirigieron a Salta, donde llegaron solamente 600 hombres, fracasando así en su objetivo de incorporar a la región, al proyecto emancipador gestado en Buenos Aires el 25 de mayo del año anterior. Llegados a Yatasto, el Coronel JUAN MARTÍN DE PUEYRREDÓN, se hizo cargo del mando de los restos del Ejército del Norte y resolvió continuar la retirada hacia Tucumán y en marzo de 1812, le entregó el mando de este Ejército Expedicionario a MANUEL BELGRANO.

Afianzando esta versión, surgieron también una cantidad de factores adversos que se unieron como malos augurios para determinar el fracaso. La batalla tuvo que ser librada en un terreno que estaba ubicado entre el lago Titicaca y el río Desaguadero, nada propicio para la defensa y peligrosamente acotado, situación ésta que fue agravada por la imposibilidad de mantener unidos a todos los efectivos en un solo campamento,  ya que dos de las divisiones que lo componían, debieron ser instaladas, separadas de la otra, por un cerro que las incomunicaba;  las fuerzas realistas estaban compuestas por siete mil soldados profesionales, bien entrenados y descansados, mientras que los patriotas eran sólo seis mil, con una mayoría de voluntarios criollos mal entrenados, que se hallaban agotados por una extenuante marcha y sin haber podido comer en más de 48 horas y muchos de ellos, afectados por el “soroche” (2), debido a la gran altura del lugar de la batalla.

La Cruz de Chuquisaca

Pero también, entre los numerosos argumentos que se esgrimieron para explicar la derrota sufrida por las fuerzas patriotas en Huaqui, se incluyó la acusación de que las tropas porteñas se habían ganado la hostilidad y el repudio del pueblo altoperuano por una serie de actos de libertinaje e irreligiosidad que habían cometido algunos de sus oficiales y soldados en el transcurso de la campaña, por lo que los ofendidos lugareños, se pusieron decididamente de lado de los realistas, facilitándoles las operaciones. En el proceso formado por el Triunvirato a CASTELLI  se le preguntó «Si nuestra religión santa fue atacada en sus principios y misterios por el libertinaje de ciertos individuos del ejército y si esto llegó o pudo llegar a noticias del Dr. Castelli, y si tomó providencias para corregir tales excesos».

El 15 de febrero de 1812 fue interrogado el primer testigo, el capitán de Dragones DOMINGO ALVARIÑO, que dijo: “Que lo único que oyó decir fue que en Chuquisaca, andando de noche los oficiales de broma, rompieron una cruz; pero que habiendo llegado a noticias del Dr. Castelli, procuró averiguar quiénes habían sido, que no se pudo descubrir. Y que a su vuelta (la de Alvariño) por Chuquisaca, oyó atribuir el referido hecho a un cholo borracho, que al pasar por el lugar donde estaba la cruz, y que ésta cayó en tierra, la arrastró, la llevó hasta la Plaza y la hizo pedazos …» El segundo testigo, fue el teniente de Dragones SEBASTIÁN MELLA, que ratifica la anterior declaración en su primera parte, pero nada dice acerca de la presunta intervención del «cholo borracho». El episodio, según sus informes, fue protagonizado exclusivamente por oficiales del ejército que «agarraron una cruz y la despreciaron …» Declara, además, que «el Doctor Castelli cuidaba de que se respetase el estado eclesiástico…»

Otro testigo, refiriéndose al mismo hecho, señala, a su vez, que CASTELLI mandó llamar a los oficiales y “les amonestó y previno que se guardasen de cometer alguna cosa semejante porque hab{ian de ser castigados». La existencia en el ejército de oficiales imbuidos de ideas antirreligiosas, es confirmada por la declaración del capitán EUSEBIO SUÁREZ, quien manifiesta «qué. sabe y le consta se hablaba con algún libertinaje por algunos oficiales del ejército en orden al sistema de materialismo …».  El presbítero DOMINGO ZAPIOLA, después de referirse al episodio de la cruz de Chuquisaca, declara además que «habiéndosele avisado por medio de un papel anónimo que en la antesala del dicho doctor CASTELLI se habia vertido la proposición de que no habia Dios, transmitió esta noticia al mismo doctor Castelli, quien citó al día siguiente a los oficia­les a efecto, según supo después el declarante, de reconvenirles. ..»

El 6 de junio declara BERNARDO MONTEAGUDO, y responde: «A no ser que se confundan, como es frecuente, las máximas de libertad política con el espíritu de irreligión, ignora que ningún individuo del ejército se hubiese deslizado contra la religión dominante». Los últimos en prestar testimonio son los dos jefes militares del ejército del Alto Perú. El general ANTONIO GONZÁLEZ BALCARCE manifiesta lacónicamente que: «ignora totalmente el contenido de la pregunta». El coronel JUAN JOSÉ VIAMONTE declara: «Que algo se decía, pero que al declarante no le extrañaba, porque en su práctica en las reuniones siempre ha habido alguna cosa de los mozos aturdidos, pero que nunca ha visto por si,  nada que desdiga la religión” (“Crónica Argentina”, Editorial CODEX, Buenos Aires 1979).

La versión de Bolaños

La tercera versión acerca de lo sucedido en esa oportunidad, surge de los dramáticos episodios casi desconocidos que a manera de entretelones matizaron la batalla de Huaqui, relatados pòr el teniente coronel  JOSÉ BONIFACIO BOLAÑOS  jefe de un Regimiento integrado por soldados altoperuanos, versión no confirmada por testigo alguno y que por el evidente deseo del protagonista para mostrarse como un valiente soldado que debió sufrir  mil peripecias “rodeado de cobardes”, no la hace muy creíble. El Teniente Coronel BOLAÑOS no había podido cumplir con las órdenes impartidas por BALCARCE,  de marchar con la Artillería en ayuda de sus efectivos que habían sido desborados por los realistas y quizás su relato haya estado influenciado por su deseo de minimizar sus responsabilidades en esa formidable derrota .

Al hacer una reseña de los sucesos que le tocó vivir, BOLAÑOS pone especial énfasis en su coraje y en la cobradía del resto de  sus camaradas. «…Toda la tropa había desmayado de tal suerte, que no pude conseguir sacar un soldado, por más que hice castigándolos con el sable hasta romperlo». “Al llegar a la cima de un cerro, continúa diciendo presencié cómo nuestra gente huía desorganizadamente. Otros fueron perseguidos por 80 españoles, por lo que «hice los mayores esfuerzos para hacer volver la cara a mis tropas, aunque nunca lo pude conseguir, ni menos en el pueblo de Huaqul, donde hice tocar llamada…

» Por intermedio del capitán MÁXIMO ZAMUDIO, BOLAÑOS comunique a lus fuerzas dispersas que pagaría con su vida quien pasase de Tiahuanaco, pero nadie me hizo caso”. Increpé entonces a los oficiales «por conducta tan poco honorable, pero ni aún eso les bastó para volver en sí». Apelando a otro recurso, BOLAÑOS les aseguró que el enemigo no atacaría, pues se hallaba ocupado masacrando al resto de las tropas, «pero nada de esto bastó para contenerlos».

BOLAÑOS se quedó solamente en compañía de su hijo, joven cadete del regimiento de altoperuanos. Salió de Tiahuanaco y se perdió en las quebradas de la zona. Unos indios, que encontró por casualidad, lo condujeron hasta Laja, donde halló a BALCARCE  y CASTELLI, «que se hallaban  sin plan alguno». —“Tratemos de salir de este punto, porque el enemigo puede avanzar una partida en nuestra busca” le dijeron y dicho esto, ellos continuaron su apresurada marcha, sin darle  ninguna orden” BOLAÑOS, siguió entonces viaje hacia  Calamarca y allí se encontró con varios oficiales porteños de VIAMONTE y DÍAZ VÉLEZ, a los cuales instó a reunirse con sus superiores, «pero llenos de un terror pánico rechazaron tales órdenes».

 Se dirigió entonces a los soldados, «pero con el mal ejemplo de aquellos malos oficiales, la tropa se insolentó.» En Huaqul se topó con un grupo de hombres «ebrios, abriendo puertas y saqueando pulperías». Una legua más adelante, otros soldados lo insultaron y amenazaron, y uno de ellos se arrojó sobre él echando mano a la carabina. BOLAÑOS sacó su pistola y apretó el gatillo, pero la bala no salió. El agresor, en cambio, lo hirió en el brazo y en un costado del cuerpo. Tomándolo por muerto, la soldadesca huyó, y BOLAÑOS pudo curarse en una posta, llegando hasta Oruro, donde se encontró nuevamente con CASTELLI y BALCARCE, pero éste lo recibió muy agitado, exclamando: «Este pueblo está contra nosotros y nos quiere prender».

Volvieron todos a salir a escape, perseguidos y baleados por el pueblo, no pudiendo parar en ningún otro punto porque todos se habían vuelto contra ellos. A veinte leguas ede Chuquisaca, los alcanzó un parte ee DÍAZ VÉLEZ ANUNCIÁNDOLES QUE HABÍA OCUPADO Oruro con 400 hombrtes, por lo que retrocedieronhasta esa ciuydad, donde llegaron luego d cinco jornadas de penosa marcha. Dos días después desertaron varios oficiales y 60 soldados y como los que quedaban ni oarecian ser muy leales, sigue diciendo BOLAÑOS, volvieron a Chuquisaca y el 5 de agosto llegaron a Potosí. “Aquí también el pueblo se sublevó y mataron a cien de nuestros soldados, por lo que debimos continuar nuestra marcha, y el 8 de julio llegamos  a Caisa (provincia de Salta), donde decidimos dirigirnos a Jujuy”, punto donde terminó “la retirada del Desaguadero”..

(1).  Se supone que el General GOYENECHE obró así, al considerar roto  el Armisticio, al advertir la presencia de efectivos patriotas enviados por CASTELLI en la pampa de Chiribaya a principios de junio de 1811

(2). Soroche:  Malestar que se siente a grandes alturas en las cordilleras por la falta de oxígeno y el enrarecimiento del aire, y que se manifiesta con mareos, bajada de presión, dolor de cabeza o trastornos respiratorios (“Crónica Argentina”, Editorial CODEX, Buenos Aires 1979).

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