GUERRAS CALCHAQUÍES (1560-1667)

Las “Guerras Calchaquíes” fueron una serie de enfrentamientos que se produjeron entre 1560 y 1667, cuando los aborígenes de las etnias diaguita y calchaquí que habitaban los valles del noroeste de la actual República Argentina, en protesta de los abusos que sufrían, se enfrentaron con los conquistadores españoles. Por un lado combatieron las tribus originarias que habitaban los Valles Calchaquíes, nombre con el que se designa el conjunto de valles de esa zona (el Valle de Lerma, los valles preandinos de Tucumán y Catamarca, la Quebrada de Humahuaca y el valle de Jujuy) y por el otro, los colonizadores españoles bajo el mando de los gobernadores del Tucumán, que dependían del virrey del Perú,

Diaguitas en Argentina: guerras calchaquíes (segunda parte)

Cuando en el siglo XVI, los conquistadores españoles llegaron a la región del noroeste del territorio que luego será parte del virreinato del Río de la Plata y más tarde de la actual República Argentina (provincias de Salta, Jujuy, Tucumán, Santiago del Estero, Catamarca, La Rioja y San Juan), se encontraron con un conjunto de pueblos llamados “Diaguitas-Calchaquíes”, protagonistas de un importante desarrollo cultural y como sucedió en otros lugares, intentaron imponer a los aborígenes, un tipo de trabajo forzado llamado «encomiendas» que los reducía prácticamente a un estado de esclavitud.

Se los consideraba por debajo de la condición humana y se los obligaba a pagar tributos y ni siquiera estaban seguros en las reservas que la misma ley española les había dejado. Las condiciones de servidumbre a que fueron sometidos causaron espanto aun entre los veedores del rey que de tanto en tanto llegaban a esas tierras.

En la segunda mitad del siglo XVI, ya habían logrado instalar en esos territorios del noroeste argentino, una serie de colonias que iban desde San Salvador de Jujuy -en el norte- hasta La Rioja -en el sur-. Pese a ello, el área ubicada en medio de esa vasta región, aún no había sido conquistada, debido a la resistencia que allí habían ofrecido los aborígenes que las habitaban.

Los “calchaquíes” (nombre genérico con el que se los conocía a todas las tribus que habitaban en esa zona), fueron entonces los que pronto se constituyeron en el foco de fuertes y feroces rebeliones con origen, entre otras causas, en la organización tributaria impuesta a los indígenas otorgados en encomiendas y en el mal trato que sufrían por parte de los españoles. La Primera rebelión que dio comienzo a la “Guerra Calchaquí” estalló en 1562, encabezada por el carismático cacique “tolombón”, JUAN CALCHAQUÍ.

A pesar de que no han quedado testimonios de este suceso, muchos historiadores piensan que los aborígenes combatieron para evitar la conquista de sus tierras, el mismo objetivo que habían perseguido en sus guerras contra el imperio Inca. Al parecer, los calchaquíes conocían bien cuáles serían las consecuencias de la ocupación española, de las que sabían que se habían puesto en práctica en el corazón del imperio Inca, y para ellos la consecuencia más indeseable de la ocupación era la mita en las minas, especialmente en Potosí. Como resultado de esta primera sublevación, los españoles perdieron tres de las primeras ciudades que habían fundado en el noroeste argentino.

Córdoba de Calchaquí: Ubicada en el corazón de los valles (actual provincia de Salta), que fue la primera en ser sitiada y destruida; Londres: Situada en el valle de Quinmivil (actual provincia de Catamarca), fue despoblada por los españoles, debido al constante asedio de las fuerzas diaguitas; Cañete: Localizada en el valle de Tucumán y que fue la última de las tres fundaciones de Juan Pérez de Zurita en sucumbir ante el alzamiento. La caída de estas poblaciones significó el repliegue temporal de los españoles hacia Santiago del Estero (fundada el 25 de julio de 1553), la única ciudad que logró subsistir en la región durante ese conflicto

Segunda rebelión calchaquí (1630-1643)
En 1630 los indígenas calchaquíes y diaguitas, encabezados esta vez por el cacique diaguita JUAN CHELEMÍN (el Tigre de los Andes) se rebelaron nuevamente contra los españoles y volvieron a atacar y saquear los poblados de los conquistadores blancos (1). Esta segunda rebelión que se prolongó hasta 1643, fue una de las más exitosas en términos de resistencia, ya que los aborígenes lograron expulsar a los españoles de gran parte del territorio de los Valles Calchaquíes durante más de una década.

Como una reacción en cadena, todos los pueblos de la “nación calchaquí” se fueron sumando a la rebelión y fueron muchas las colonias involucradas. Se provocaron gran cantidad de víctimas entre los españoles y daños a sus posesiones, pero pagaban caro su rebeldía. Cada vez que eran vencidos, se refugiaban en las fortalezas de pircas y preferían matar a sus hijos estrellándolos contra las rocas, antes de verlos caer en manos de los invasores, pero si no lograban escapar, eran asesinados por cientos, sus tierras eran arrasadas y se les quitaban sus bienes, con lo cual sus privaciones aumentaban y las enfermedades arreciaban causando verdaderos estragos.

Aunque los rebeldes no lograron capturar permanentemente las ciudades principales, pudieron forzar el abandono, destrucción o asedio extremo de varios asentamientos y fuertes estratégicos: Londres de la Nueva Provincia (en la actual Catamarca), principal ciudad española destruida y abandonada en 1632 debido al asedio constante de los indígenas. Sus habitantes tuvieron que refugiarse en La Rioja; Nuestra Señora de Guadalupe. Fuerte fundado por el gobernador Albornoz en el corazón del Valle Calchaquí, fue atacado y destruido por los rebeldes al inicio del conflicto; San Juan Bautista de la Rivera: Un asentamiento que también debió ser evacuado ante el avance de las fuerzas de CHELEMÍN y fueron muchas las ciudades que como La Rioja, San Miguel de Tucumán y Salta sufrieron ataques y cercos prolongados que las dejaron en una situación crítica, aunque no cayeron totalmente bajo control indígena.

Esta segunda rebelión calchaquí, también conocida como el “Gran Alzamiento”, finalizó formalmente en 1643 tras una serie de hechos que así lo determinaron. En 1637, el principal líder de la rebelión, el cacique JUAN CHELEMÍN, fue capturado y luego ejecutado y descuartizado por los españoles y su muerte debilitó el mando unificado de las comunidades alzadas. Por otro lado, la devastación de los cultivos de los pueblos rebeldes, los forzaron a la rendición por hambre y las exitosas excursiones punitivas del gobernador FELIPE DE ALBORNOZ, lograron desarticular la resistencia indígena y fragmentaron la alianza de los pueblos diaguitas-cachaquíes. Algunos grupos, como los “pulares”, adoptaron una actitud negociadora con los españoles para obtener condiciones menos severas lo que terminó por aislar a los grupos que aún resistían en el corazón del Valle Calchaquí.

Los españoles aplicaron entonces el sistema de “desnaturalización”. que consistía en el traslado forzado de pueblos enteros fuera de sus valles natales hacia zonas controladas por encomenderos en La Rioja y Córdoba, rompiendo así sus lazos comunitarios y geográficos.

Aunque en 1643 se había alcanzado una paz precaria, el conflicto no se resolvió definitivamente, lo que dio lugar años más tarde a la “Tercera rebelón calchaquí” (1656-1665) con la aparición de un curioso personaje que se hizo nombrar “Rey de la Patagonia”.

Tercera rebelión calchaquí (1658-1667)
En 1658 la rebelión tomó nuevas fuerzas porque entró en escena un extraño personaje llamado PEDRO HUARPE BOHORQUEZ que se decía descendiente de los incas y que autotitulándose “Rey de la Patagonia”, en setiembre de ese año, incita a los aborígenes a producir un nuevo y más violento alzamiento que se inicia en el Tucumán.

Estimula la creación de la “Confederación de las tres Naciones” una alianza indígena conformada por los pueblos “pulares”, “calchaquíes” y “diaguitas” y los incita a continuar la guerra contra los españoles que ahora estaban bajo el mando del gobernador del Tucumán, JOSÉ HENRIQUEZ, y así fue que a lo largo de nueve años más, siguió cobrando vidas de los aborígenes esta guerra que solo pudo ser dominada recién en 1667.

Aunque el papel que jugó BOHÓRQUEZ no está muy claro, lo cierto es que bajo su influencia estalló esta nueva rebelión y aunque este mesiánico personaje actuó con astucia, e incluso obtuvo el apoyo de los jesuitas y organizó un sólido ejército indígena de 6000 guerreros,[con el que mantuvo el control de la región durante varios años, su rebelión fue sangrientamente aplastada por las fuerzas del gobernador del Tucumán ALONSO DE MERCADO Y VILLACORTA. En 1659 BOHORQUEZ se entregó a las autoridades españolas con la esperanza de ser indultado. Fue enviado a Lima y finalmente ejecutado en la horca.

Y fue ALONSO DE MERCADO Y VILLACORTA quien ejecutó la fase final de «desnaturalización”, desarraigando a los últimos grupos que resistían en los valles y trasladándolos por la fuerza a diferentes puntos de la colonia para romper sus lazos culturales y evitar nuevos levantamientos.

Los aborígenes de los Valles Calchaquíes fueron distribuidos en distintas ciudades del país, alejándolos para siempre de sus familias y sus tierras. (traslados forzados), con el objeto de que así dispersados por gran parte del actual territorio argentino, no volvieran a unirse y pudieran ser utilizados para que sirvieran como mano de obra, bajo el sistema de encomienda.

A Buenos Aires llegó un grupo del “señorío de los quilmes” y los “acalianos”, famosos por su coraje. Vencidos en 1665, los españoles dispusieron el completo desarraigo y deportación de sus 11.000 integrantes.  Fueron obligados a caminar más de 1.200 km desde Tucumán hasta la costa bonaerense y allí se fundó la Reducción de la Santa Cruz de los Quilmes, de donde finalmente fueron desapareciendo como etnia, no sin dejar antes sus rastros en esos territorios (ver La ciudad de Quilmes. Su origen).  Allí se levanta hoy la ciudad de Quilmes (ver Quilmes, de reducción a pueblo libre).

Muchos grupos, como los “amaichas”, fueron trasladados a las zonas bajas o llanos de Tucumán, para que trabajaran en las propiedades de los colonos; a Córdoba, se enviaron numerosas familias calchaquíes para ser repartidas entre los encomenderos de la región, forman-do pequeños asentamientos de trabajadores forzados; a Santa Fe fueron enviados algunos contingentes que en el tiempo dejaron su huella en la toponimia local, si recordamos que una de las localidades de esa provincia hoy se llama “Calchaquí”; a la Rioja y Catamarca fueron enviados los “yocaviles”, para desarticular su control sobre los valles originales, mientras que en Salta y Jujuy, se las trasladó de las zonas altas de los valles, que era donde habitaban, hacia las ciudades coloniales (como Salta) o hacia explotaciones mineras, como las del Nevado de Acay.

La guerra terminó el 2 de enero de 1667 al caer el último bastión diaguita (el de los “acalianos” que habían logrado evitar su traslado y se afianzaron en «Amaicha del Valle» en la provincia de Tucumán. Los Valles Calchaquíes quedaron despoblados y la economía de Tucumán seriamente afectada por décadas.

(1). La Segunda Guerra Calchaquí comenzó cuando el gobernador FELIPE DE ALBORNOZ llegó a Santiago del Estero a asumir su cargo y los curacas (caciques) de los pueblos de aborígenes enviaron sus representaciones a saludarlo, de acuerdo a una tradición que llevaba ya varias décadas. Entre ellos iban 200 indígenas diaguitas de Hualfín, con quienes el gobernador se disgustó y castigó mandándolos azotar y cortar el cabello; este último era el máximo insulto que se le podía hacer a un hombre de esa comunidad, de modo que el curaca de Hualfín, de nombre Chalimín, inició un alzamiento contra los españoles.

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