EL PUEBLO Y LAS MILICIAS CIUDADANAS EN 1810

El Ejército Argentino nació como una fuerza puesta al servicio de los altos y nobles ideales de la Revolución de Mayo. La tradición militar se remonta entonces y y se confunde así con los orígenes mismos de nuestra nacionalidad.

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En 1807, SANTIAGO DE LINIERS, investido al mando militar para la defensa de Buenos Aires, ante la amenaza de una segunda invasión por parte de los ingleses, dispone alistar una fuerza capaz de poner a la ciudad a cubierto de un nuevo y más poderoso ataque que el sufrido en 1806.

Adopta entonces, para la organización de sus fuerzas, un procedimiento democrático, sin paralelos quizás en los anales de las instituciones armadas: Los milicianos, o sea los vecinos civiles convocados y alistados en los cuerpos de tropa, conocidos a partir de entonces como los “Patricios”, eligen a sus oficiales y éstos, a su vez, por mayoría de votos, a sus jefes.

Los patriotas que vivieron esas jornadas y que actuaban como jefes y oficiales en los cuerpos nativos, aún los de más alta autoridad y jerarquía, no eran entonces militares de carrera, sino civiles que se hasta ese momento se desempeñaban como comerciantes, profesionales, empleados, hacendados, artesanos, etc., elegidos por sus mismos subalternos para ejercer las responsabilidades del mando.

Tal el caso de CORNELIO SAAVEDRA, un hombre que se desempeñaba como comerciante y que había ocupado diversos cargos en la administración pública. En sus “Memorias”, cuenta que “… el 6 de setiembre de 1806, los Patricios reunidos en el Consulado, me proclamaron como su primer jefe y comandante, siendo ese, el comienzo de mi carrera militar”.

Los primeros regimientos criollos
Blancos, pardos, morenos y hasta niños, fueron los que formando cuerpos de milicianos, junto a los españoles, corrieron a las armas para defender del invasor inglés a la muy noble y muy leal Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Santa María de Buenos Aires.

En esos cuerpos se templó el valor de las improvisadas milicias nativas. Lucharon en nombre de Fernando VII, pero al defender la ciudad colonial, ya estaban aprendiendo a ser libres.

Todo se aprovechó en las invasiones inglesas para repeler al invasor, que llegaba al sonar de fanfarrias y tambores, previendo una rápida victoria. Pero rápidamente se organizaron los primeros cuerpos militares y así les fue.

Allí estaba el Regimiento Patricios, cuyos soldados lucían chaquetillas azules con vivos blancos y collarín encarnado, mostrando en el sombrero alto de paisano, un penacho grana que dejaba ver el nombre de Buenos Aires, orlado de palma y laurel. Veintitrés compañías de cincuenta hombres fueron las que formaron al principio este regimiento de infantería criollo, dividido en tres batallones. El coronel CORNELIO SAAVEDRA mandaba el primero y fue durante Revolución de Mayo, donde su peso influyó mucho en la renuncia del virrey, cuando comenzaron sus glorias, que continuaron luego en las primeras campañas para afianzar lo logrado durante esa jornada y más tarde llegaron hasta el Alto Perú.

Criollos también, fueron los Húsares de Pueyrredón, valerosos paisanos de a caballo, de emplumado sombrero y chaqueta entrecruzada de alamares, que escribieron páginas de valor inolvidable en la historia de la caballería argentina.

Criollos fueron los Arribeños, ese cuerpo provinciano de infantería, formado con hombres de las “provincias de arriba”, de uniforme azul y blanco con peto punzó, y sombrero alto con plumas negras y rojas, cuyas glorias también brillaron desde las invasiones inglesas hasta el Alto Perú.

Criollos, en fin, fueron también los Cazadores Correntinos, y aquella otros Cazadores de uniforme con chaquetilla verde adornada con alamares y gran penacho en el sombrero. Granaderos de Terrada, Pardos y Morenos, cuerpo de Migueletes, que hasta con niños fue formado; patriotas todos decididos y valientes a los que también alcanza la gloria ya que desde las invasiones inglesas comenzaron a templar sus brazos para ponerse al servicio de la libertad y nos hicieron saber que ya estábamos maduros pan ser independientes (León Benarós).

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