EL PALACIO PEREDA, EL LUJO PARISINO EN BUENOS AIRES (1924)

Hacia 1917, el doctor Celedonio Pereda, pujante y progresista hacendado, adquirió un amplio terreno en la calle Arroyo 1130, sobre la barranca, frente a la Plaza Carlos Pellegrini en el barrio de Retiro/Recoleta de la ciudad Buenos Aires, para construir allí su residencia particular y la obra que allí construyó el arquitecto francés Louis Martín, hoy es considerada una de las mansiones más bellas de la ciudad.

Contando con esta ubicación privilegiada y con la idea de construir allí su residencia particular, el doctor Pereda, captado por la moda francófila, siguiendo la costumbre de la época, encargó la confección de un proyecto al arquitecto francés Louis Martín, un profesional ya muy reconocido en Buenos Aires, por la belleza de las obras que había realizado para distinguidas familias de la sociedad porteña.

Pereda, atraído por las características del edificio ocupado por el Museo Jacquémart André de París, que fuera diseñado por el arquitecto Henrí Parent, le solicitó al arquitecto Martín que se inspirara en él para realizar su obra y éste, no solo respetó la fachada, sino que repitió fielmente la disposición y decoración de los interiores, aunque en dimensiones menores a las del original

Disidencias surgidas entre Pereda y el arquitecto Martín, en 1920 con la obra ya en marcha, llevaron a la disolución del vínculo contractual y fue entonces cuando Pereda recurrió al arquitecto belga Julio Dormal, quien la pudo terminar en 1924.

La fachada al exterior del edificio, es un ejemplo de la arquitectura clásica francesa, característica de finales del Segundo Imperio. Con mansarda de tejas negras, el cuerpo central cilíndrico y los pabellones laterales de grandes dimensiones y pilastras corintias gigantescas. Un jardín en el espacio posterior enfrenta la fachada posterior que imita en contenidos y dimensiones a la anterior y vinculando a ambos, una amplia escalera de dos alas bordeada por un estanque.

Los interiores del edificio, también fueron inspirados por su modelo parisino, por lo que en el primer piso, los salones y su decoración y el Salón Dorado, se disponen también igual, aunque siempre, en una menor dimensión; “boisserie” de maderas nobles, techos pintados por Pierre Galland con alegorías y paneles en las paredes pintados por Giovanni Battista Tiepolo; inmensas luminarias con caireles de cristal y vistosas alfombras de manufactura persa, lo dotan de un encanto auténticamente parisino y mundano.

La familia Pereda ocupó esta mansión desde 1924 hasta 1945, que es cuando se la vende al gobierno de Brasil, que la desina a ser la sede de su embajada en la Argentina y residencia particular de su embajador, aunque también funciona como un Espacio Cultural de la Embajada.

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