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EL MUSEO NAVAL DE TIGRE (1892)
El Museo Naval está en la localidad de Tigre, provincia de Buenos Aires y es uno de los más antiguos del país. Fundado en 1892 cuando algunos socios del Centro Naval se propusieron preservar los testimonios de las epopeyas de los hombres de mar argentinos. Pero fue recién en 1913, cuando dicha Institución se trasladó a Florida y Córdoba, cuando se pudo poner en marcha el proyecto. Destinaron un gran salón de esa nueva sede, para poner en exposición algunos pocos elementos de esa temática que habían logrado reunir y se habilitó la muestra al público.
De inmediato un torrente de donaciones en dinero y de elementos y materiales de esa temática enviado por quienes compartían los deseos de aquellos primeros entusiastas, hizo que ese inicial espacio dedicado a la muestra resultara inadecuado. Entusiasmado por el éxito del proyecto emprendido por sus camaradas, el capitán de fragata HÉCTOR RATTO, entonces su Director, se propuso darle una dimensión mayor y se aboco a la búsqueda de un lugar más apropiado. Provisoriamente se dispusieron como nueva sede, unos viejos galpones que habían sido los primeros talleres de la Armada que estaban en Tigre desde 1879 y que entonces servían como depósito de artillería en desuso. Fueron remodelados y adaptados a su nuevo destino y el “Museo Naval” reabrió sus puertas al público en 1948.
A pesar de que esos galpones son vastos espacios sin divisiones, una ingeniosa distribución permite que el visitante recorra la historia de la navegación en el mundo al mismo tiempo que se ve sorprendido por la sorprendente calidad de los minúsculos modelos de embarcaciones a escala, fielmente reconstruidos a partir de documentos históricos, descripciones técnicas e iconografías: galeras y barcos fenicios, barcas egipcias de lujo, de guerra y para el transporte, cartaginesas, asirias, trirremes griegas, quinquerremes romanos, naves nórdicas, frisias, normandas, francesas, españolas y siguiendo el curso de los siglos, hasta la carabelas de Cristóbal Colón, la nave de Sebastián Gaboto; el Golden Hind de Francis Drake.
Hay también modelos de naves que actuaron durante la época de la guerra de la Independencia, objetos y cuadros referidos a esos hechos y a los hombres que los protagonizaron: Brown, Espora, Bouchard, Rosales. Un modelo a escala 1/10 de la fragata “25 de Mayo”, nave insignia del almirante Brown durante los combates que libró contra los realistas en el siglo XIX y mucho viejo material gráfico de gran valor documental referido a esa época; modelos y objetos que se refieren a la historia naval argentina en la época moderna.
Y a medida que nos acercamos a épocas más recientes, con los modelos de cada nave, nos llega información acerca de su nombre y la fecha de su vínculo con algún acontecimiento de la historia del mundo. Podemos tener así ante nuestra asombrada vista, modelos de la nave “Nuestra Real Capitana San Joseph y las Ánimas”, una embarcación construida en madera en una caleta de Tierra del Fuego en 1765 por náufragos del buque español “Purísima Concepción”; un modelo del “Carolina”; el yate real inglés de 1768; un modelo de dos piezas hecho con hueso y marfil, de una fragata inglesa que oficiales británicos le regalaron a la familia Wrigth, en cuyo hogar se alojaron durante su estada en Buenos Aires y otro, también en hueso y marfil de la nave insignia “Santísima Trinidad” que operaba al mando del capitán Baltasar Hidalgo de Cisneros con la que combatió en la batalla de Trafalgar; maquetas de transportes de pasajeros antiguos y modernos; de buques que navegaron desde 1880 en adelante.
Nos sorprenderemos viendo la fragilidad del “Legh” II, el pequeño velero que utilizara Vito Dumas para dar la vuelta al mundo; un modelo completo de uno de los grandes acorazados de principios del siglo XX, adquiridos a los Estados Unidos, las réplicas de nuestros buques de guerra y de los buques- escuela, la fragata Sarmiento y de la fragata Libertad, de los portaaviones Independencia y 25 de Mayo, de aviones navales, muebles, armas y estampillas.
Como corolario, diremos, haciéndonos eco de las palabras del capitán de navío Enrique González Lonsieme en oportunidad de una entrevista que le concediera al Diario La Nación en 1980: “este Museo no es una simple colección de objetos más o menos importante vinculados con la historia naval del mundo, sino que es una vinculación activa entre la gente y el mar que os rodea, que nos guste o no, ha contribuido poderosamente a ser como somos”.
Hay cañones, torpedos y armas más pequeñas de diversas épocas y países, instrumental de navegación, el motor típicamente para uso naval que puede ser puesto en marcha por los jóvenes visitantes para comprender su funcionamiento, instrumental oceanográfico y modelos embalsamados de diversos ejemplares de la fauna marina argentina y hasta objetos usados durante la expedición de Nordenskjold cuando hizo cumbre en el Aconcagua por primera vez en 1903.